Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, noviembre 14, 2010

QUE LOS SOCIALISTAS NO SE LO CREAN. NO LES DEBEMOS NADA

Cuentan que, en sus tiempos de estudiante en León, Zapatero estaba más interesado en los poemas de su profesor de Derecho Mercantil que en sus explicaciones sobre la función económica de la letra de cambio. Un dato muy revelador, característico del personaje, que ayuda a comprender por qué España no sale de la crisis por culpa, en parte, de la mala política de su Gobierno. A pesar de que pueda estar superada, la letra y su regulación ponen sobre la mesa temas importantes, como la circulación permanente del crédito, la confianza... En cambio, a Zapatero le atraía más la poesía. Beatus ille, un tópico renacentista que le pega a Zapatero y cosa incongruente en un supuesto servidor público.

En su ambiente favorito, que es el del mitin, donde todo son aplausos de los borregos, Zapatero ha berreado hoy mismo dos afirmaciones inaceptables y que merecen una contundente contestación. Y ninguna tiene que ver con Cataluña. En ese aspecto, lo que sostiene Zapatero no es que sea inaceptable, es que es la suma de la ridiculez y de la farsa, si bien, tratándose de la política catalana, que es una política de campanario, no desentona.

El presidente del Gobierno, de entrada, ha explicado a sus fieles que el culpable de que la crisis haya golpeado más fuertemente a España es el PP, ya que basó su modelo de crecimiento en la construcción. Zapatero, en su borrachera de poder, piensa que el poder político puede cambiar o alterar sustancialmente el modelo de producción con ideas de saldo como la de la economía sostenible. Aun aceptando que el PP hubiera creado y planificado la burbuja inmobiliaria, nada dijo o hizo Zapatero contra ella hasta el instante en que no le quedó más remedio que aceptar la existencia de la crisis. Sólo entonces se empezó a hablar de cambiar el modelo.

Después, ha venido a decir que todas las mejoras sociales y bienestar de los españoles han llevado la firma del PSOE. Hasta aquí llegó. De ninguna manera hay por qué seguir tolerando la fatal arrogancia socialista que entiende que, si los ciudadanos viven bien y con desahogo, es gracias a su acción y a su bondad. Hay que desterrar la superstición política denunciada por Herbert Spencer, la creencia de que el poder político todo lo puede y todo lo ha de hacer. Naturalmente, el Estado tiene su esfera de competencias; es necesario para garantizar la seguridad y el cumplimiento de las leyes, y es decisiva una política fiscal y presupuestaria acertada. Pero, por lo demás, son los individuos los que deben procurarse su propio bienestar, es decir, ganarse la vida en un marco que, obviamente, será mejor o peor y que es donde deben actuar los políticos.

No es admisible esa tendencia socialista que lleva a la dependencia, al pesebre, que no hace sino conducir a la esclavitud. "Cuanto más se extiende la acción gubernativa, tanto más cunde entre los individuos la creencia de que todo debe hacerse para ellos y nada por ellos": la frase de Spencer no podría ser más adecuada al caso ni estar más cargada de razón.

Así pues, cuando Zapatero se crezca y olvide que allí donde vaya va a ser abucheado y despreciado con toda justicia, hay repetir sin descanso que él y los suyos negaron la crisis y trataron de engañar a los españoles con una contumacia nunca vista. Que, una vez asumida la crisis, la consigna fue no hacer nada, y no hubo ninguna reforma seria hasta 2010; en el ínterin sólo se malgastó dinero público a espuertas, con las consecuencias conocidas. Y, last but not least, que ha impuesto --obligado desde fuera-- unos ajustes insuficientes en algún caso, mal planteados en otros y, en todos los casos, sin acuerdo con la oposición, o sea, realizados a golpe de decreto-ley. Así se las gasta el paladín del diálogo.

Y todavía habrá que darle las gracias por prometer que el Papa no impondrá leyes en España. ¡Es justo lo que necesitábamos oír de su divino verbo!

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