Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, octubre 03, 2010

VINDICACIÓN DE LA RESTAURACIÓN CANOVISTA (Y II)

A la hora de examinar las sombras y fallos de la Restauración, es inevitable reconocer que el sistema bipartidista y pacífico soñado por Cánovas sobrevivía gracias al fraude electoral y al caciquismo. Pero huelga decir que dichas prácticas no eran patrimonio exclusivo de España ni fueron inventadas por Cánovas. En 1890, Sagasta trajo el sufragio universal y Cánovas argumentó que el país aún no estaba preparado, pero lo aceptó y el fraude se hizo masivo.

En cuestiones económicas, el proteccionismo que abrazó Cánovas --postura explicada en su discurso "De cómo he venido yo a ser doctrinalmente proteccionista", de 1891-- quizá fue perjudicial a la larga. Aun así, es otro producto de la época y de las tendencias europeas. En España, la Hacienda Pública dependía mucho de los aranceles y fronteras, aparte de que los empresarios catalanes eran ferozmente proteccionistas y presionaban al Gobierno para que no actuase a favor del libre comercio. Los polos industriales de Cataluña y País Vaco se aseguraron por esta vía. Cánovas, además, creía que la lucha por la vida se había trasladado a las naciones. Desde ese punto de vista, la mejor forma de garantizar la supervivencia de la nación y un Estado poderoso y viable era la defensa de la producción nacional. También influyó en el esquema proteccionista el inicio de la intervención en la cuestión social desde el Estado, materia en la que Cánovas posiblemente tuvo en cuenta las reformas sociales de su admirado Bismarck.

El Desastre de 1898 fue el rudo golpe --más moral que material-- que sufrió España y que, por ende, sufrió el régimen de la Restauración, determinando el inicio de su declive. En el revelador libro Una historia chocante: los nacionalismos catalán y vasco en la historia contemporánea de España (Ediciones Encuentro, 2004), Pío Moa subrayó que, tras 1898, "los partidos enemigos de la Restauración, del liberalismo o de la propia unidad española iban a aprovechar el ‘desastre’ para cargar las tintas, ennegrecer los hechos y crear una sensación de fracaso colectivo, fortaleciéndose de paso ellos mismos". Así fue. En esta etapa de su recorrido, la Restauración tuvo poderosos enemigos que fueron dinamitando las reformas emprendidas y precipitando todo hacia el golpe de Estado de 1923. Me refiero al incipiente movimiento obrero, al terrorismo anarquista, a los intelectuales desagradecidos y desapegados, a los nacionalismos del País Vasco y Cataluña...

Gran parte de la elite intelectual que había medrado en la paz y la tranquilidad reinantes (la Junta para la Ampliación de Estudios data de 1907 y no, como algunos pretenden, de los tiempos de la II República) se puso en contra del régimen, reclamando soluciones cada vez más radicales a los males de España. No habían aprendido nada de la experiencia, toda vez que las soluciones revolucionarias y más utópicas habían fracasado con estrépito, siendo el ejemplo más notable el de la I República (aunque es un ejemplo con justificación: en aquel entonces, se fue a la República porque poca cosa quedaba por ser ensayada).

El necesario regeneracionismo, en su vertiente moderada, no pudo cuajar y las diversas iniciativas fueron cayendo. El sistema podría haber evolucionado, haber superado sus carencias. No le dejaron. Para entenderlo en su justa medida, no hay más que fijarse en el ambicioso programa de reformas iniciado por José Canalejas, programa que, debido a su asesinato en 1912 a manos de un anarquista, quedó en papel mojado. Naturalmente, en este deterioro general tuvieron su parte de culpa los partidos dinásticos, que no supieron o no quisieron adaptarse a la nueva situación y tratar de abordar con más entereza los cambios, y Alfonso XIII, que permitió que regresara a España la práctica de los pronunciamientos militares.

En suma, el sistema podría haberse salvado a través de la revolución desde arriba propugnada por Antonio Maura, es decir, mediante un cambio ordenado, pragmático y pacífico, o bien haberse visto arrastrado por un proceso revolucionario. Se impuso, por el contrario, una idea intermedia, la del "cirujano de hierro" de Joaquín Costa, materializada en la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), que funcionó bien por un tiempo, aun a costa de liquidar el crédito de la monarquía y dejar el país a las puertas de la II República.

Es sorprendente que algunos, en su afán por vituperar este período y la obra de Cánovas, lo tachen de época aburrida, marcada por la monotonía del de Sagasta a Cánovas y de Cánovas a Sagasta. Qué insensatos. Ojalá el Gobierno y la política del día a día aburrieran. Ojalá el Gobierno fuese un gestor silencioso y con menos pretensiones y delirios. Ojalá llegue el día en que las portadas de los periódicos sean ocupadas con noticias sobre un nuevo premio Nobel español, la competitividad de las empresas españolas o una película producida sin subvenciones.

2 comentarios:

Alfredo dijo...

"Ojalá llegue el día en que las portadas de los periódicos sean ocupadas con noticias sobre un nuevo premio Nobel español, la competitividad de las empresas españolas o una película producida sin subvenciones."

Amén - y ojalá así sea. Me gustaría continuar con algo sobre el hilo anterior porque es un poco indignante la postura que mantienen algunas personas insinuando que la gente "de las provincias" fueron abusadas por "la malvada Castilla".

Por mucho que se repita y se repita, Castilla NO FUE responsable del centralismo hispano ni Castilla oprimió a otras regiones. Durante siglos, fue enormemente desigual la aportación al erario hispano entre los castellanos y los moradores "oprimidos" de Cataluña, o Aragón, por ejemplo. ¿Y qué decir de los colosales servicios que recibían esas personas a cambio de nada en comparación con lo que recibía Castilla? Lo cierto es que aún hoy sigue igual la situación - enormes regiones subvencionadas y mamando de la teta de la "cabrona ciudad de Madrid" -- a cambio de nada más que ingratitud, y odio y separatismo chulesco y malvado.

El fracaso de este país no se debe a Castilla: se debe a la propia España - fue España la que fracasó, empezando por las injustificadas e injustificables rebeliones de Portugal y Cataluña

CONTINÚA

Alfredo dijo...

en 1640. Los Austrias, por otra parte, ni siquiera intentaron unificar a España cuando pudieron hacerlo - ni pensaron jamás en igualar a todos los españoles en materia de impuestos. Fueron los Borbones los que realizaron la unificación total y NO para servir intereses castellanos, sino para proyectar su victoria sobre la Corona Aragonesa que había peleado por el Archiduque contra ellos, otro diabólico error de los catalanes.

Castilla tampoco ha impuesto su lengua - el castellano ha triunfado sencillamente por su superioridad y la superioridad de sus grandes escritores frente a los de otras regiones. Castilla fue la primera de las regiones españolas que perdió sus libertades en la Guerra de las Comunidades sin que ninguna otra region que ahora acusa a los castellanos de imperialistas haya aportado nada de ayuda.

A los que critican a Castilla por "opresora", más les valdría mirar un poco más a los opresores reales: los caciques pueblerinos que tienen en sus terruños, y los "burgueses" nacionalistas que no han dado absolutamente nada a sus pueblos más allá de miseria y muertes.