Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, octubre 10, 2010

UNA DEFENSA DE LOS RICOS, DE LA LIBERTAD DE ENRIQUECERSE Y DEL BENEFICIO QUE ELLO TRAE A LA SOCIEDAD

Nada más alejado de mi credo político que el extravagante comunismo del recientemente fallecido José Saramago. Ello no obstó a que admirase y disfrutase su extensa producción literaria, en especial tres novelas: El Evangelio según Jesucristo (1991), Ensayo sobre la ceguera (1995) y Ensayo sobre la lucidez (2004). Ahora ha entrado en mi casa una de sus primeras obras, Levantado del suelo (1980), y, hojeándola, me ha inquietado sobremanera la cita que el autor incluye al principio: "Y yo pregunto a los economistas políticos, a los moralistas, si han calculado el número de individuos que es necesario condenar a la miseria, al trabajo desproporcionado, a la desmoralización, a la infancia, a la ignorancia crapulosa, a la desgracia invencible, a la penuria absoluta, para producir un rico". La frase es de Almeida Garret, escritor portugués del siglo XIX. Y la respuesta la aventuro ya mismo: ninguno. Aparte de la errada duda, lo demás es resentimiento, adornos literarios y falacia.

La cita –y la intención de Saramago al destacarla-- ilustra a la perfección una herencia, una marca del catolicismo –luego asumida por la izquierda marxista y actualmente soslayada por la izquierda exquisita-- en el mundo occidental: el odio al rico, un sospechoso habitual. Se tiende a describir al rico como un malvado o como un explotador, y se exige que se le grave con impuestos más altos o que se aprueben regulaciones contra la especulación, que es una forma de enriquecerse. Todo ello, a mi juicio, es natural, un producto de la envidia y de la necesidad que tiene todo hombre de descargar en otro sus carencias y limitaciones o de rebajar los méritos ajenos para hacer soportables los propios fracasos. Así, muchos insinuarán que algo malo habrán hecho los ricos para serlo y que los grandes patrimonios son negativos. He aquí un error garrafal que hay que enmendar cuanto antes.

Hace tres años, Octopusmagnificens, al que nunca me cansaré de alabar, recogía en su bitácora las opiniones del socialista Hubert Védrine acerca del temor de los franceses a la globalización, que se apoyaba en varias causas: "Las tendencias católicas y marxistas hacia la igualdad, hacia el igualitarismo y el odio al enriquecimiento, así como la repugnancia moral hacia la economía de mercado y su motor: el beneficio". Pues bien, no es razonable mantener esos temores y resentimientos. Para responder a Almeida Garret no hace falta buscar demasiado. Adam Smith ya argumentó, con razón, que la búsqueda del beneficio individual –que es el primer paso hacia la riqueza— conlleva el beneficio de la sociedad. Lo explicó en La riqueza de las naciones (1776): "Al orientar esa actividad de modo que produzca un valor máximo, él [el individuo] busca sólo su propio beneficio, pero en este caso como en otros una mano invisible lo conduce a promover un objetivo que no entraba en sus propósitos", toda vez que en la persecución de su propio interés "fomentará el de la sociedad mucho más eficazmente que si de hecho intentase fomentarlo", siendo todo ello regulado por la ley de la oferta y la demanda que rige en un mercado libre.

Salvando las distancias, Gordon Gekko, el tiburón de las finanzas de Wall Street (1987), manifestó semejante certeza en su famoso alegato: "La cuestión, señoras y señores, es que la codicia –a falta de una palabra mejor– es buena. La codicia está bien. La codicia funciona. La codicia se abre camino, aclara y captura la esencia del espíritu revolucionario. La codicia en todas sus formas: por vivir, por dinero, por amor, por conocimiento… La codicia ha impulsado el progreso de la humanidad".

Una imagen simple puede ayudar a comprenderlo. Un solo rico y veinte pobres a su alrededor. Sin rico, es insostenible pensar que su riqueza estaría distribuida entre los veinte pobres. Sencillamente, no se habría producido y lo más probable es que hubiera más pobres o que los veinte iniciales lo fuesen aún más. Pues son los emprendedores los que, arriesgando su capital y luchando por el éxito, generan actividad económica y empleos. Y los que, eventualmente, acumulan una fortuna. No se les debe condenar por pura envidia. El creador de Facebook tuvo una idea, aportó el dinero junto con otros y triunfó. Gracias a ese triunfo, no sólo ha fundado una próspera empresa, sino que han surgido otras al calor del éxito de las redes sociales (por ejemplo, empresas que se ocupan de borrar las huellas de una persona en Internet, sobre todo en las redes sociales). La misma peripecia de Mark Zuckerberg ha dado lugar a una película, con todo el trabajo y el movimiento de dinero que eso supone. Película que, a su vez, inspirará a otros a seguir sus pasos, aunque tengan que ganarse unos cuantos enemigos en el proceso.

Distinto es el rico que lo es por herencia o porque le ha tocado la lotería, si bien las ventajas son, de igual modo, innegables. Lo normal será que tenga necesidades, necesidades caras, que gaste dinero a espuertas, que consuma... Se me dirá que hay millonarios como el Tío Gilito, que lo guardan todo en el banco y viven con lo justo. Mejor aún. Ahorro es igual a inversión. ¿Qué sería de la salud del sistema financiero si los bancos no dispusieran de dinero ahorrado por los particulares puesto a disposición, en forma de créditos, de las empresas que desean invertir en un determinado proyecto? Nunca despreciaré los sabios consejos del director del banco que aparece en Mary Poppins (1964): "If you invest your tuppence wisely in the bank, safe and sound, soon that tuppence, safely invested in the bank, will compound! And you'll achieve that sense of conquest, as your affluence expands! In the hands of the directors, who invest as propriety demands!".

Moralmente, no creo que sea reprochable querer ganar dinero y amasar una fortuna, siempre y cuando se haga honrada y legalmente. De la misma opinión es Margaret Thatcher: "The accumulation of wealth is a process which is of itself morally neutral. True, as Christianity teaches, riches bring temptations. But then so does poverty" (Statecraft, HarperCollins, 2002). Desde una perspectiva moral, lo cuestionable será lo que se haga con el dinero. Y la verdad es que, fuera de la ficción, no conozco a muchos ricos que se dediquen a tratar de dominar el mundo o a esclavizar a la raza humana. Esas actividades son más características del Estado, sin duda. No pocos millonarios participan en instituciones benéficas o ejercen el mecenazgo. Asimismo, tributan –y mucho-- al fisco, lo que significa una sustanciosa contribución al sostenimiento de los gastos públicos.

Con todo, no soy ingenuo y no voy a pasar de la defensa razonada al panegírico. Puede que Almeida Garret se refiriese a casos concretos, a casos poco ejemplares. Ahí sí encaja su crítica. Es obvio que habrá grandes fortunas construidas sobre los cimientos de la corrupción, de la estafa, de la competencia desleal... Entiendo, sin embargo, que esos casos serán la excepción. Por lo tanto, hay que desterrar de una vez por todas la opinión peyorativa sobre los ricos y, en general, sobre los que desean maximizar su beneficio. Si se hace respetando las reglas del libre mercado y dentro de las leyes, no saldrá perjudicado el conjunto de la sociedad, sino todo lo contrario.

La alternativa es un país sin ricos (pero con privilegiados más iguales que los demás), un país socialista o, como diría Tony Blair, un sistema de Estado omnipotente en el cual, según enseña la experiencia histórica, la cruda realidad es que en vez de distribuirse la riqueza, se distribuye la pobreza; y en vez de haber igualdad de oportunidades, se impone un igualitarismo opresivo.

6 comentarios:

octopusmagnificens dijo...

Espantapájaros, gracias por el elogio, espero que no me debilite...

Debilidades... de todas las debilidades humanas, la envidia se encuentra entre las que más desagrado me provocan. No soporto a los envidiosos, a los que siempre resaltan el lado negativo de las cosas y nunca te transmiten ningún sentimiento positivo. A esta clase de gente es mejor tenerla lejos, cuanto más lejos mejor.

¡La envidia no es patrimonio de la extrema izquierda! En el reciente caso Bono, que como era previsible ha quedado en nada, hemos visto cómo los hooligans de extrema derecha exigían auditorias y gravámenes. No podían soportar el éxito de un socialista que cree en Dios y que no está obsesionado con el sexo de los demás. Los extremos se tocan y retroalimentan.

Lo que comentas de Mark Zuckerberg es cierto. Ojalá España fuera noticia por la cantidad de gente que se hace rica con buenas ideas. ¡Para salir de la crisis necesitamos menos protección a los trabajadores, menos agresión a los empresarios y un millar de Amancios Ortegas. El Estado de bienestar es insostenible y saldremos de él por las buenas o por las malas, tras la quiebra.

No puedo pasar por alto al señor Gekko, uno de los personajes cinematográficos de mi experiencia vital, un intocable. Hace un par de semanas, en una entrevista para el Daily Mail, Michael Douglas relató la cantidad de personas que a lo largo de estos años le han dicho que se metieron en el mundo de los bancos y las finanzas por él, por su personaje de Gordon Gekko. Sabrás que la segunda parte de Wall Street se acaba de estrenar. Las críticas son regulares. Gusta, pero no convence.

Un saludo.

Andrés Álvarez F. dijo...

"Ahorro es igual a inversión". Gran frase. Por lo demás yo a J.B. Almeida Garret le supongo mucho liberalismo, además de ser un gran español. A Saramago lo supongo socialista, apoyando a dictadura e intentando disimular la naturaleza española de Portugal bajo el ideal iberista.

Alfredo dijo...

Sobre este tema escribí hace mucho tiempo -- más bien sobre el discurso de la película de Wall Street -- que comparto en su esencia - cabe recordar también que el protestantismo y los protestantes en general somos capitalistas y fuimos sus impulsores.

Lo único que no puedo ni debo compartir es el elogio a "octopusmagnificens", que siempre demuestra una ignorancia vergonzosa y desastrosa sobre lo que dice la Biblia y sus mofas infantiles sobre los que sí tenemos criterios morales absolutos sobre la sexualidad ya que por mucho que él pretenda pensar que él sí tiene la razón en materia sexual, los cristianos nos regimos por otro patrón - ese patrón se llama la Biblia, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento.

Por otra parte, la Biblia es plenamente capitalista - es uno de los libros más capitalistas que hay por mucho que los marxistas quieran pervertirlo añadiendo cosas fuera de contexto como hizo Zapatero en los EEUU. Thatcher, por su parte, despreció (al igual que yo) a los papistas de la Iglesia de Inglaterra y en vez de nombrar a un obispo de esos para la Cámara de los Lores, eligió a un rabino judío que sí era capitalista y conservador - los judíos ortodoxos son mucho más como nosotros los protestantes bíblicos.

octopusmagnificens dijo...

Alfredo, si estás satisfecho con una sexualidad respaldada por el patrón Biblia no hay nada que objetar. Aquí nadie tiene razón. Yo no soy cristiano y prefiero el patrón 43/52 kg. Todos contentos.

Alfredo dijo...

octopus: mi desencuentro con usted vino por otro motivo poco relacionado con la sexualidad en concreto. Es obvio que cada persona se rige por el patrón que quiera y eso yo siempre lo he defendido en materia de sexualidad (por mucho que me acusen de lo contrario). Lo que sí he hecho es expresar mis opiniones personales acerca de lo que a mí me parece inmoral -- pero yo me refería a otros comentarios suyos que me mosquean porque son incorrectos cuando hablamos de la Biblia. No obstante, supongo que sabrá que le tengo un profundo asco a los de "el rincón de la libertad" por muy conservadores que parezcan.

El Espantapájaros dijo...

Octopus:

Lo que es justo es justo y hay que reconocerlo de vez en cuando. Sin ánimo de adular en vano, tu "blog" es uno de mis IMprescindibles y desde el ya lejano 2005 ha sido para mí una fuente de inspiración y satisfacciones.

La envidia es uno de los grandes vicios nacionales. Aquí se mira muy mal al vecino con un coche más caro y no digamos ya al que tiene una empresa pujante. Pienso que un poco de envidia sana sí es buena si se orienta a tratar de superar al envidiado y no quedarse atrás. Otra cosa, ya perjudicial, es esa envidia que pasa a formar parte del resentimiento.

Desde luego, en ciertos sectores de extrema derecha también existe la desconfianza hacia el rico. Tengo la impresión de que España es un país donde los ricos tienden a ocultarse, a no destacar demasiado, no sea que les den una pedrada.

Quiero ver la nueva película de Oliver Stone, a pesar de que el hombre cada día me desconcierta más. Imposible que sea tan buena como su predecesora, aparte de que comentan que Oliver Stone, esta vez, pretende redimir al personaje, supongo que para redimirse él mismo tras ver torcida su intención inicial de presentar a Gekko como un villano o ejemplo a no seguir.

Andrés:

Sí, me he informado sobre Almeida Garret y, por la época, tenía que ser un auténtico liberal romántico. Como es obvio, la intención de Saramago al utilizar su cita es clara: los ricos son unos explotadores, maltratan a los humildes, etcétera.

Políticamente me repugnaba Saramago, sobre todo por su apoyo explícito a la dictadura cubana. Pero en sus libros es, más que nada, irónico y cínico.

Tengo que revisar tus escritos sobre España y Portugal porque siempre me parecieron muy sugerentes. Saramago tenía la visión de "La balsa de piedra".

Alfredo:

Hay que combatir esa idea que tienen los progresistas de que Jesús fue el primer socialista o algo así. Es lo que más tarde dio lugar a la teología de la liberación.

Por lo demás, los protestantes siempre han visto con buenos ojos el capitalismo y el enriquecimiento a través del trabajo duro, industrioso, y el ahorro. Aunque, al final, el capitalismo ha cuajado en todos los países.