Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, octubre 17, 2010

LO QUE HAY DETRÁS DE LOS ABUCHEOS Y UNA CRÍTICA A PROTOCOLOS DE PACOTILLA

En España se tiende a hacer realidad el dicho de que los árboles no dejan ver el bosque. El gran tema de conversación de esta semana ha sido, en consecuencia, el de los abucheos a Zapatero y el Día de la Hispanidad. Esta vez fueron de mayor intensidad que otros años y han levantado una fuerte polémica. Por de pronto, hay formas más educadas e incluso efectivas de expresar discrepancia y, qué duda cabe, fue una hiriente falta de respeto que los abucheos siguieran escuchándose durante el homenaje a los caídos por España, instante solemne donde los haya. Hay que tener en cuenta, en descargo de los manifestantes, que el intento de alejar a las autoridades del público y la supresión de las pantallas habrían impedido que supieran cuándo abroncar al Presidente.

En cualquier caso, el ruido y la furia ocultan el fondo de la cuestión. En primer lugar, se ha centrado el debate en la pitada en sí en lugar de en las causas de la misma, que es lo que debería interesar a los gobernantes, procurar entender a la opinión pública. Cunde el descontento entre la ciudadanía y hay un creciente malestar debido a la pésima gestión de la situación económica y a la mediocridad de la clase política en general. Con millones y millones de parados, con un Gobierno impopular, desacreditado e ineficaz, etcétera, es inevitable que se produzcan desahogos de esta clase, muestras del hartazgo del pueblo. Por ello, no creo que la extrema derecha estuviera detrás de (todos) los abucheos. Y es asombroso que algunos políticos y analistas hayan dictaminado con afán inquisitorial que hubo grupos organizados. ¿Y qué si lo estaban? Aún no es un delito organizarse para pedir la dimisión de Zapatero y hacerle pasar un rato de sonrojo. Por lo demás, condeno sin paliativos los insultos y las groserías de los más exaltados, sobre todo en un día que debiera caracterizarse por la unidad y el orgullo por España.

En segundo lugar, los políticos, en democracia, han de saber que va en el cargo tener que soportar estos malos ratos de vez en cuando. Es algo asumido y no hay por qué escandalizarse tanto. Zapatero ya no puede esperar que le aplaudan las masas.

Preocupada por el bienestar de su amo, Chacón se ha sacado de la manga del smoking la idea de un "protocolo" para evitar que se repitan tan estruendosos abucheos. El Gobierno siempre obsesionado con prohibir. Es repugnante que el Gobierno y el PSOE hayan intentado sacar partido del escándalo, presentando a Zapatero como una víctima de los crueles radicales. Muchos otros políticos han sufrido cosas peores que un abucheo: en Cataluña, hasta intentos de agresión. En tales ocasiones, el Gobierno siempre adoptó una postura más bien tibia. Hace nada ha habido aquí una huelga general en la que muchos trabajadores, por el mero hecho de ejercer su derecho al trabajo, aguantaron insultos, coacciones y ataques por parte de los piquetes. El Gobierno se limitó a alabar la "responsabilidad" de los sindicatos. Y el propio PSOE, en la jornada de reflexión previa a las elecciones de 2004, no tuvo reparo, mediante mensajes de teléfono móvil, en convocar a sus huestes a cercar las sedes del PP, buscando la intimidación, el acorralamiento del contrario.

Por lo tanto, ni los progresistas pueden pretender dar lecciones en esta materia, a no ser que se refieran a cómo reventar actos, ni el Gobierno debe coartar la libertad de expresión de los ciudadanos, que es absolutamente fundamental en una democracia. Al fin y al cabo, se trata de la fiesta nacional. Hay que rechazar protocolos que la desbraven. Ello evoca el "celo indiscreto de no pocos jueces" que, según Jovellanos, en su Memoria sobre espectáculos y diversiones públicas (1790), les hacía ver que "la suma del buen orden consiste en que sus moradores [de los pueblos] se estremezcan a la voz de la justicia y en que nadie se atreva a moverse ni cespitar al oír su nombre. En consecuencia, cualquiera bulla, cualquiera gresca o algazara recibe el nombre de asonada y alboroto".

1 comentario:

Alfredo dijo...

Yo no estoy a favor de prohibir los abucheos -- aunque me parecen de muy poco gusto. Y no es que la izquierda pueda o deba dar lecciones: es que la derecha debe dar ejemplo. No es que sea "malo" que los grupos estuvieran organizados: lo malo es que nos toman por cretinos cuando no son mayoría y querían dar esa imagen. En general de acuerdo salvo con un pequeño detalle a raíz de lo que digo: eso de que ZP es "impopular" habrá que verlo -- yo la verdad no tengo mucha confianza en que ese aparente "descontento" (que suele ser el mismo descontento de siempre de los que NO hemos votado PSOE y somos de derechas) se traduzca a las urnas.