Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, septiembre 19, 2010

POR QUÉ HAY QUE OPONERSE A LA HUELGA GENERAL

Uno de los descubrimientos que ha traído la crisis no ha sido, como anunció un filosófico Zapatero, que los que no trabajan en realidad trabajan, sino que los sindicatos –los dos sindicatos más representativos— no han estado a la altura de las circunstancias. Han fracasado como voz crítica con el Gobierno cuando éste yacía en la pasividad, han fracasado en la concertación social con los representantes de los empresarios y van a fracasar en su intentona de huelga general. Durante mucho tiempo estuvieron del lado del Gobierno y su tibia forma de encarar la difícil situación. Cuando el número de parados alcanzó cotas insospechadas y, en especial, cuando empezó la reducción drástica del gasto público, decidieron convocar una huelga general que, cuando menos, puede calificarse de desdichada.

Las huelgas generales se hacen, como norma, con el fin de protestar contra la política de un Gobierno respecto a los trabajadores. Ahora mismo, sin embargo, la cosa está muy repartida: la huelga es contra el Gobierno, es contra la oposición y es contra los empresarios. Los propios sindicatos están exentos de todo atisbo de autocrítica.

Ha de quedar claro que no hay por qué oponerse sistemáticamente a la huelga, ni siquiera a las huelgas generales. Después de todo, es un derecho fundamental que nadie discute, a pesar de que su regulación en España no sea la más completa. Esto dicho, la actual huelga es desacertada por varias razones. En primer lugar, no va a solucionar nada: si de verdad triunfa, su resultado serán graves pérdidas económicas por la paralización del país y el cuadro de una España inestable en el exterior. Y si influye en el Gobierno, hay que pararse a pensar en los siniestros objetivos y planteamientos de UGT y CCOO. Buscan presionar a Zapatero para que cancele los ajustes en marcha y poner fin a la reforma laboral, a la de las pensiones, etcétera. Es verdad que hay mucho que objetar a las medidas del Gobierno, pero los sindicatos pretenden que no se haga nada. Fuera de cuatro tópicos y consignas baratas, no tienen alternativa que presentar, y casi mejor así, a la vista de su carnavalesco análisis titulado Las mentiras de la crisis. Si tal es su visión de la realidad, sus recetas serán para echarse a temblar. Ojalá los trabajadores no los refrenden.

Más que en defensa de los trabajadores, UGT y CCOO, a través de sus vergonzantes dirigentes, Cándido y Tocho, van a utilizar la huelga general como un enorme escudo que blinde sus subvenciones, sus privilegios y... sus liberados. Los recortes están llegando a todas partes, es tiempo de poda y los liberados sindicales –sobre los que no hay transparencia alguna— se sienten amenazados, empezando por Madrid, donde las intenciones de Esperanza Aguirre han escaldado a Cándido y sus secuaces.

Lo que quieren los parados es trabajar. Lo que quieren los trabajadores es seguir trabajando, no a toda costa, pero sí sin la tutela de estos personajes que en su vida han dado un palo al agua. Apoyar a los sindicatos en esta huelga general es cometer un error, pues los únicos beneficiados van a ser Cándido y Tocho, tanto monta, cuyo temor a que se les acabe el chollo es tangible. "Ganarás el pan con el sudor del de enfrente" bien podría ser su divisa, en palabras de Pedro J. Ramírez, quien añade con ironía: "Pero siempre por el bien de los demás, por los derechos de los trabajadores, por el progreso de la clase obrera, por el fin de la opresión".

El año pasado, tras una manifestación de liberados contra los empresarios, escribí: "Se me antoja que estos sindicatos desean formar un gigantesco ejército de mantenidos y desesperados a los que manipular con facilidad para que el Gobierno les otorgue más poder. Así no se defiende a los trabajadores". Efectivamente, esta suerte de ejército industrial de reserva invertido es lo que anhelan los sindicatos. Porque a estas alturas ya deberían saber que sin sacrificios y sin una reforma del mercado de trabajo que no sea nada con gaseosa aquí no se va a crear empleo en mucho tiempo.

Acabo con dos apuntes prácticos para el día de la huelga. En todo caso, hay que respetar los servicios esenciales de la comunidad mediante los servicios mínimos que fije la autoridad competente. Que alguien saque a Cándido de su extraña confusión. Y, como tiene declarado el Tribunal Constitucional, se permiten los piquetes informativos pero no los coactivos, así que si alguien se ve agredido por ellos tiene en su mano recurrir a la legítima defensa.

4 comentarios:

Lope de Vega dijo...

Muy buena entrada: clara, concisa, y ajustada a los hechos, partiendo de una perspectiva liberal-derechista como es lógico.

Escribe usted muy bien y es una lástima que sólo nos pueda dar ese placer los fines de semana pero bueno, no creo que la huelga vaya a tener éxito porque hay mucho desencanto con los sindicatos y mucho pasotismo en general. Lo que sí critico en parte es la pérdida de soberanía económica de España por culpa de nuestro ingreso en la UE.

¡Mucha suerte con las elecciones! Ojalá ganes.

Javier dijo...

También creo que van a diluir un poco la cosa, no van a montarle expresamente a Zapatero una huelga general, como a Aznar en 2002, eso es demasiado y el escenario es distinto. En aquella época, en medio de un crecimiento económico, existía el riesgo de que la gente se diera cuenta de que los llamados "derechos sociales" no dependen de la voluntad de los políticos, sino de la riqueza y la prosperidad de una sociedad. No son "derechos" sino subsidios pagados por alguien distinto a aquel que decide otorgarlos. En una sociedad totalmente empobrecida (una sociedad socialista, por ejemplo), esos supuestos "derechos" estarán enormemente deteriorados y serán de una extrema precariedad. Por muy "generoso" que sea el "bondadoso" socialista que ocupe el poder, de quien, al fin y al cabo, no dependen.

Tampoco hay que olvidarse de que en aquel año existía también el riesgo de que el mito tan extendido, e interiorizado por tantos, de que el bienestar de los trabajadores se ha producido gracias a la dulcificación del "salvaje sistema capitalista", producida mediante las ideas socialistas y "la dura lucha sindical", en lugar tener su origen en el espectacular crecimiento económico del pasado siglo, pudiera ponerse en entredicho. Existía un grave riesgo para los sindicatos de que pudiera ponerse en cuestión el enorme poder y los privilegios con que cuentan y tienen reconocidos, fundamentados en mitos como los anteriores.

Hoy están un poco entre la espada y la pared. Muchísimos trabajadores ya no tragan a Zapatero y tienen que justificarse ante ellos pero, por otro lado, tampoco pueden darle demasiada estopa a quien les llena la panza. Tienen que ir pendientes del freno de mano.

Yo, desde luego, ese día trabajo. Aparte de que soy profesional liberal el país no está como para pararlo un día entero.

Por cierto, todo mi apoyo en las elecciones, aunque respeto, por supuesto, al otro chico que se ha presentado.

Saludo.

Andrés Álvarez F. dijo...

"Más que en defensa de los trabajadores, UGT y CCOO, a través de sus vergonzantes dirigentes, Cándido y Tocho [...]"

Querrás decir, Ignacio Fernández Toxo, ¿no?.

Por lo demás el gran problema de España para salir de la crisis, aparte del exceso de leyes, reglamentaciones y burocracia en general, son los sindicatos. Son los sindicatos los que impiden la reforma total del mercado laboral, así como la de la Seguridad "Social". Quítale el pan en forma de subvenciones a los sindicatos y ya veremos que pronto se cansan.

El Espantapájaros dijo...

Gracias a todos por los comentarios. Ciertamente, Javier, la situación ante esta huelga general es bien distinta a la de 2002. Sólo tenía 14 años, pero me acuerdo perfectamente de todo lo que se dijo contra Aznar, cosa que no está ocurriendo ahora de una forma tan palpable.

Como corolario diré que los sindicatos suponen un obstáculo para salir de la crisis, habida cuenta de su inmovilisimo y su demagogia. Tras diversos fracasos, les queda este cartucho de la huelga, que a mí, sinceramente, me parece que va más en defensa de sus intereses y de la sopa boba que de los trabajadores, que además están empezando a afiliarse a otros sindicatos, que seguro que los hay más decentes.

Respecto a la duda de Andrés, a Toxo (anteriormente Tojo) le llamo Tocho porque considero que es un tocho intelectual bastante indigesto. Es lo mismo que con Moratinos: le llamo Morotinos por razones evidentes.

Un saludo.