Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, septiembre 05, 2010

LA PENA DE MUERTE EN JAPÓN (Y II)

Japón destaca, como dije anteriormente, por su capacidad de adaptación y superación. Cuando fue derrotado en la Segunda Guerra Mundial, no quedó paralizado ni un momento por el trauma de la ocupación americana y el fin de su expansión imperialista. Al contrario, se acomodó a su nueva situación y supo abandonar el camino que había escogido para ocupar su lugar correspondiente en el mundo, explorando, del lado de la potencia vencedora, uno nuevo, el de la paz y el éxito económico, lo que dio lugar al milagro japonés.

También en el Derecho se aprecia tal sabiduría. Nada de rarezas en esta materia: el Derecho japonés es un trasplante del Derecho europeo, fruto de un proceso realizado en el siglo XIX, siendo sus influencias básicas los ordenamientos jurídicos de Alemania y Francia. Japón posee una Constitución (1947) equiparable a la de cualquier país europeo avanzado. La Constitución japonesa declara que la soberanía reside en el pueblo, recoge una lista de derechos fundamentales y renuncia a la guerra en el famoso pasaje del artículo 9: "Aspirando sinceramente a una paz internacional basada en la justicia y el orden, el pueblo japonés renuncia para siempre a la guerra como derecho soberano de la nación y a la amenaza o al uso de la fuerza como medio de solución en disputas internacionales". Un artículo muy ingenuo que quizá debería ser reformado.

En definitiva, si Japón es un país nada atrasado que imita tanto lo occidental con muy buenos resultados, ¿por qué la pena de muerte concita tal aceptación? Aquí entran en juego otros factores y la respuesta sería que la cultura japonesa está dominada por la idea de que los individuos deben responder ante el mundo de sus actos, en el marco de una sana convivencia. En la obra El crisantemo y la espada (1946; publicada en España por Alianza Editorial, Madrid, 2006), que cité tres semanas atrás, la autora escribe: "El sentido de la responsabilidad personal tiene un significado más profundo en el Japón que en la libre Norteamérica". Y los japoneses atienden a un concepto más severo de la retribución, alejado de las acomplejadas tendencias europeas, lo que no es de extrañar en un país donde la venganza es algo absolutamente deseable para el ofendido.

Aun así, he de hacer una advertencia. No creo que todas las culturas sean igualmente respetables. No soy relativista, con lo que sostengo que el mundo occidental está por encima: sigue vigente el imperialismo porque sigue vigente su piedra de toque. Pero el caso de Japón es distinto. Es uno de los nuestros. Los progresistas, con toda su hipocresía, pretenden cebarse a costa de que mantenga la pena capital. Si les explicas la necesaria la presencia de la OTAN en Afganistán para derrotar a los terroristas y civilizar ese bárbaro país, te dirán –verídico-- que se fían más de los afganos tiradores de piedras, que vivían bajo la opresión de un régimen terrorista que no dejaba salir a las mujeres de casa, que de los invasores. Sin embargo, a Japón sí le critican en aras de su progreso de pacotilla.

El primer ministro Naoto Kan (lástima que Yukio Hatoyama dimitiese, me gustaban sus camisas imposibles) declaró a la prensa española, con ocasión de la visita de Zapatero a su país, que el de la pena de muerte es un tema que "hay que estudiar con mucha cautela, contando con la opinión pública" y teniendo en cuenta "varias opiniones a nivel internacional y los crímenes atroces que hay". Esta respuesta tan cortés, típicamente japonesa, no compromete a nada. Honestamente, no veo posible la abolición en el corto plazo. El señor Kan tiene que ocupase de problemas más importantes, como bien sabe la opinión pública japonesa: el estancamiento económico y la inestabilidad política. La pena de muerte no está en la agenda.

3 comentarios:

Andrés Álvarez F. dijo...

"Un artículo muy ingenuo que quizá debería ser reformado"

Totalmente de acuerdo, decía von Clausewitz que "la guerra es la continuación de la política por otros medios". Siendo así es ingenuo pensar que Japón renuncia a la guerra, sobre todo cuando tiene una de las marinas de guerra más modernas y mejor equipadas del mundo, y lleva décadas entrenándose con los americanos para afrontar el desafío norcoreano.

Por lo demás excelente artículo. Te recomendaría un documental sobre las cárceles japonesas;

http://www.documaniatv.com/social/la-noche-tematica-en-prision-japon-entre-rejas-video_ce9b62791.html

El Espantapájaros dijo...

Andrés:

Gracias por tu opinión. En efecto, ese artículo es un brindis al sol y ya ha habido algún proyecto de reforma ahora paralizado. Además, Japón cuenta con unas Fuerzas de Autodefensa bastante bien equipadas y, como dices, no puede bajar la guardia ante los desafíos de la región.

Tengo mucho interés en el Derecho Penitenciario y el documental que me recomiendas lo vi en su día. La verdad es que aunque supuestamente pretendía criticar la estricta disciplina impuesta en las cárceles japonesas y sus modos casi militares, a mí me pareció que, gracias a ello, los penados conseguían ordenar sus mentes, adquirir hábitos de trabajo y, en definitiva, estar mejor preparados para la reinserción.

Andrés Álvarez F. dijo...

Sí, la verdad es que este documental me lo recomendó un familiar que es funcionario de prisiones. Que ni decir tiene que las cárceles españolas son como hoteles con rejas.