Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, agosto 22, 2010

INQUIETUD EN EL SUR

Ante la crisis fronteriza de Melilla, el Gobierno socialista ha dado su respuesta más característica: no hacer nada. En realidad, miento, pues algo sí ha hecho: acusar al PP de deslealtad. Este Gobierno, junto con sus limpiabotas, tiene un concepto absolutista de la lealtad que implica que la oposición debe colaborar con él en cualquier circunstancia y no hacer críticas demasiado duras. Del mismo modo que los que hablaban de la crisis económica en 2008 eran tachados de antipatriotas, los que hoy día se han preocupado de la crisis en Melilla han recibido similares calificativos. Así es como trabaja el Gobierno. Sus únicos intereses son los electorales, no los nacionales, y por eso lo que importa es atizar a la oposición.

Por supuesto, los socialistas han rememorado el incidente de Perejil en 2002, cuando Marruecos pretendió reclamar una inexistente soberanía sobre el islote colocando en él a unos desarrapados gendarmes posteriormente sustituidos por soldados. El Gobierno de Aznar hizo lo que debía y recuperó la soberanía del islote mediante una limpia operación militar que los socialistas siempre han intentado ridiculizar pero que supuso un éxito y una severa advertencia a Marruecos. Además, contó con el apoyo de las naciones civilizadas, con la excepción inicial de nuestros queridos vecinos –Portugal y Francia--.

Los socialistas siempre interpretaron el incidente de Perejil como un acto injustificado de fuerza. Según ellos, todo podría haberse arreglado con diálogo, con el tan sacrosanto diálogo de carácter progresista que significa concesiones a los terroristas, debilidad de España y sumisión ante las tiranías del mundo. Lo pintan así, como si no hubiera habido diálogo en aquel entonces, como si España hubiese actuado unilateralmente, como si no hubiese habido reuniones con el Ministro de Asuntos Exteriores marroquí en 2002.

Cualquiera con una noción básica de Derecho Internacional Público conoce el valor del stoppel o, para ser más claros, de la doctrina de los actos propios. Así pues, un Estado no puede quedarse pasivo si sufre una violación de la soberanía que reclama como suya y más adelante retractarse y exigir lo que es suyo. Es un criterio de coherencia que exige actuar desde el principio, aclarar las cosas inmediatamente. En Perejil, España actuó de esa forma. El movimiento marroquí no fue nada inocente y no había que replicar con inocencia. En Melilla, si bien la situación es otra, también se echa en falta la intervención del Gobierno y una mayor protección de los intereses españoles. Pero se me antoja que los socialistas hubiesen preferido la pérdida de Perejil en 2002 y que tampoco deben tener un gran cariño por Melilla, ciudad autónoma donde son la tercera fuerza política. Muchos progresistas sueñan con que los musulmanes vuelvan a dominar el sur de España. La invasión de Ceuta y Melilla, su venta al Islam, sería un primer paso.

Respecto a las visitas de Pons y de Aznar, no entiendo por qué son cuestionadas. Si a Morotinos le seduce más descansar en Francia con un ridículo sombrero y con su suegra, que ya es decir, y desatender sus obligaciones, allá él, pero que el Gobierno no se oponga a los que, en contraste con su desidia, han querido apoyar a los ciudadanos españoles de Melilla. Que no pretendan dar lecciones los socialistas en esta materia, ya que ellos sólo saben ceder ante Marruecos. Acaso haya que recordar la visita de Zapatero en 2003, visita que sí tuvo por objeto tratar de boicotear la política exterior española. Ahora esa política es más bien inexistente o se traduce en aplacamiento.

Marruecos no es un buen amigo, sino un desagradable vecino y, como poco, un primo pelmazo. Sus reclamaciones sobre Ceuta y Melilla no tienen base alguna, toda vez que tales plazas ya eran parte integrante de España antes de que Marruecos existiese como tal. Y el criterio de proximidad geográfica carece de sentido, lógicamente. Mas es obvio que todo puede cambiar y que si no hay vigilancia sobre lo que allí ocurre, quizá algún día haya que lamentar más pérdidas de territorio netamente español, tan español como el de Madrid, Valencia o Galicia. Y no se trata de reforzar las guarniciones. Hay que mantener una política exterior de firmeza frente a Marruecos, a fin de que sea consciente de que, si va más lejos, se arrepentirá.

3 comentarios:

Andrés Álvarez F. dijo...

"con la excepción inicial de nuestros queridos vecinos –Portugal"

No te preocupes, el desafecto al Reino de España por parte del gobierno portugués es fruto de la tradicional inquina cainita que los portugueses han tenido hacia Madrid. Son españoles hasta para desconfiar de lo que todos los españoles de provincias desconfiamos.

El resto del artículo impecable.

octopusmagnificens dijo...

Recomiendo el documental Cien Metros más Allá (2009). Es una de las cosas más deprimentes que he visto en mi vida.

octopusmagnificens dijo...

De 2008, no 2009.