Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, julio 04, 2010

UNA SENTENCIA NACIDA DESPUÉS DE LOS DOLORES

Hay sentencias que alegran el alma y sentencias que ensucian el mundo. Al desconocer su contenido, no puedo calificar aún con toda claridad la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña. Después de muchas componendas y enredos varios, ha habido, por fin, alumbramiento: 14 artículos han sido declarados inconstitucionales –si no del todo, sí en lo esencial-- y otros 27 han quedado sujetos a la interpretación conforme del Alto Tribunal, aparte de que deja sin eficacia la proclamación de Cataluña como nación. Las pretensiones del PP, que presentó el recurso resuelto, sólo han sido estimadas, según el fallo, "parcialmente", pues sus cincuenta diputados habían impugnado muchos más artículos.

Por lo pronto, considero que la sentencia se ha quedado corta y que, para defender de verdad la Constitución, debería haber sido menos suave con el Estatuto y haberlo recortado aún más. Creo que el marco constitucional se ha visto desbordado y que el fallo del TC va a generar no poca inseguridad jurídica y quebraderos de cabeza. A pesar de ello, el resultado no es malo por completo y elimina algunos excesos de la norma estatutaria, como los referidos a la ruptura de la unidad jurisdiccional, a la financiación autonómica, etcétera. En cuanto al preámbulo, lo que viene a sentar el TC es que la rocambolesca declaración "El Parlamento de Cataluña, recogiendo el sentimiento y la voluntad de la ciudadanía de Cataluña, ha definido de forma ampliamente mayoritaria a Cataluña como nación" es un mero brindis al sol. Pero, sin lugar a dudas, el asunto es grave, el problema queda latente y lo mejor habría sido suprimir esos párrafos.

Aunque no se ha publicado todavía el contenido íntegro de la sentencia, con sus fundamentos jurídicos (al menos 137), ni los votos particulares, todos los políticos se han lanzado a valorar excesivamente el fallo y han reaccionado con actitudes que oscilan entre lo vergonzante y lo profundamente irresponsable.

Especialmente, la llamada de Montilla a la rebelión institucional es incalificable. Prefiero no hablar de un triste y mediocre individuo que sólo pretende aferrarse a su trono de la Generalidad. En el PSOE las salidas de tono han sido notables: De la Vega glosando con sadismo la derrota del PP, Rubalcaba haciendo símiles futbolísticos totalmente vulgares y Bud Spencer, Ministro de Justicia, barbotando unas reflexiones que han de pasar a la historia de la estulticia jurídica. Según el insigne Caamaño, como el Estatuto es muy largo y sólo una mínima parte ha sido afectada por la sentencia, el éxito es rotundo. Pues bien, tal conclusión es una memez y un intento de engañar a la opinión pública, a la que Caamaño debe de creer soberanamente estúpida. Sí, 14 artículos anulados en parte y 27 interpretados son pocos para un texto que cuenta con 223. Sin embargo, es muy difícil que una ley sea absolutamente inconstitucional, de un lado, y en Derecho no todo vale lo mismo, de otro. No es comparable el valor jurídico y la protección que se dispensa a los artículos 14 a 30 de la Constitución que el de sus artículos 93 a 96. Del mismo modo, los preceptos anulados del bodrio catalán son, desde luego, muy relevantes y de gran potencialidad jurídica, mientras que otros que han sido respetados no lo serán tanto.

En cuanto al PP, su respuesta va de querer olvidarse del tema y mirar al futuro, caso del futurista Rajoy, a valorar de forma positiva un fallo que le da la razón en parte y deja cojo al Estatuto, caso de Cospedal y otros. Demasiada tibieza para un partido que está a favor de la unidad de España y de un Estado autonómico razonable y contenido.

Como el engendro estatutario es infame, a la fuerza será mejorado por la sentencia del TC. Pero me preguntó qué será de la Constitución y de España. Habrá trifulca política por culpa de esta sentencia que con tanto dolor ha sido traída al mundo para no contentar a nadie. Todos tienen que tener claro quién es el primer responsable de un lío que no era en absoluto necesario: Zapatero, un hombre que ha intentado dinamitar la Constitución y hacer de Cataluña una especie de feudo privilegiado dentro de España. Él impulsó esta locura, él puso en un serio aprieto a las instituciones y él ha causado estas tensiones en la cohesión de España. Por todo ello, ojalá lo pague muy caro en las urnas.

8 comentarios:

Alfredo dijo...

Ojalá lo pague muy caro en las urnas sí, y ante el Dios altísimo aunque esto ya lo doy por sentado.

Te comento mis observaciones a ver qué tal te parecen:

1. La verdadera importancia del recurso del PP al TC no era tanto qué porcentaje del Estatuto se aprobaba, como el hecho que la aprobación del Estatuto dependiera de una instancia política española.



2. El Estatuto, por tanto, no se impone como la decisión soberana de un pueblo (en este caso el de Cataluña),



3. La reacción de Montilla antes y sobretodo después del fallo abre el camino para esta decisión soberana. Te adjunto las siguientes declaraciones de su discurso después del fallo del TC:



“No hay tribunal que pueda juzgar ni nuestros sentimientos ni nuestra voluntad. Somos una nación.” [por tanto, declaración de soberanía]



“No renunciaremos a la satisfacción plena de las aspiraciones de autogobierno contenidas en el Estatut que votamos.” [más adelante, definirá Montilla cuáles son las “aspiraciones contenidas en el Estatut”



(…)



Primero.- He propuesto que los grupos políticos que quieren defender el Estatut votado por el pueblo intenten acordar una respuesta conjunta a la Sentencia. Para trabajar en esta dirección, he pedido a un grupo de expertos juristas un análisis de urgencia del contenido de la Sentencia y que evalúen sus efectos sobre nuestro autogobierno. A partir de este análisis, intentaremos formular, de la manera más unitaria posible, las propuestas necesarias para lograr plenamente los objetivos fijados en el Estatut, algunos de los cuales ahora han sido cuestionados.

[es decir, se anuncia la creación de una comisión constituyente]



“Quinto.- Convencido de que nuestro pueblo tiene que hacer escuchar su voz para expresar su sentimiento de afirmación nacional y su voluntad de gobernarse, os quiero pedir, apreciados ciudadanos, que respondáis masivamente a la propuesta de manifestación que fuerzas políticas y sociales han organizado para poder expresar cívica y democráticamente nuestra voluntad de autoafirmación y de autogobierno.”

[gran manifestación masiva para legitimar aún más el proceso]



(…)



Ciudadanos y ciudadanas de Catalunya:



Defenderé íntegramente el contenido de nuestro Estatut.



El Estatut es la expresión mayoritaria de la unidad civil y política del pueblo de Catalunya.



(…)



“El Estatut es nuestra Ley de leyes. Todo lo que contiene, como expresión jurídica de una voluntad política compartida, nos lo hemos ganado a pulso lucharemos por ello a través de los instrumentos más oportunos.”

[Las “aspiraciones de autogobierno en el Estatut” son definidas ahora como una Constitución]



“Ahora es el momento de expresar la grandeza de Catalunya.”

[llamamiento a la “grandeur” del país]



(…)



“De afirmar nuestra voluntad de autogobierno con determinación.”

[es decir, “nuestra autodeterminación”]



Hasta aquí Montilla. Creo que la cuestión del Estatuto se puede considerar así: por la vía de los hechos consumados, Cataluña se dotaba de una Constitución y a la vez permanecía formalmente unida a España. Mero formalismo. Para funcionar esto, se tenía que haber aceptado el Estatuto sin más, sin mediar recurso alguno ante el TC u otra instancia de la nación española. Como por principio no se aceptó esa imposición, ahora nos vemos abocados a una declaración expresa de intenciones.



Mi pregunta es si crees que mi interpretación es exagerada o, por el contrario, se corresponde con la realidad. En este último caso, quisiera preguntarte cuáles son las alternativas que tenemos delante: aceptar sin más su autodeterminación, el acabar con la sedición o cabe una tercera posibilidad.

Saludos

Anónimo dijo...
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Alfredo dijo...

Perdona, borra mi segundo comentario -- el "anónimo" soy yo y se duplicó el comentario.

El Espantapájaros dijo...

Un análisis muy acertado, Alfredo. Desde luego, lo que pretendían los nacionalistas era una mutación constitucional en toda regla, por la puerta de atrás, sin control alguno por parte del TC. Lo cual hubiese significado el fin de la soberanía española. Pero eso, efectivamente, se ha impedido, porque al final se ha impuesto la legitimidad del TC para decidir sobre el Estatuto y su encaje en la Constitución.

Ahora bien, surgen dos problemas. Por un lado, probablemente la sentencia debería haber sido más severa, a la vista del texto estatutario. Va a haber mucho que decir acerca de las interpretaciones conformes. Por otro, Montilla y los nacionalistas pretenden dar algo más de guerra --no creo que mucha-- de cara a las elecciones y Zapatero parece dispuesto a burlar la decisión del TC, no se sabe cómo.

En cuanto a las alternativas, creo que el nacionalismo es insaciable. La chusma política catalana se ha instalado en un perpetuo victimismo y en una huida hacia delante con tal de ganar votos apelando a lo sentimental y a agravios inexistentes. Los políticos catalanes tienen muy fácil echar todas las culpas sobre Madrid, aunque su gestión sea cada vez más desastrosa. El Estatuto era su juguete predilecto, un instrumento para controlar aún más a los ciudadanos --pienso que Cataluña es una tierra donde está mermando la libertad, y eso se nota en su retroceso económico-- y para situar a Cataluña como punta de lanza de una especie de federación española asimétrica e imperfecta. Por lo tanto, la solución pasa por conllevar este problema, como decía Ortega, y resistir a los nacionalistas. Llegado el momento, habría que reformar la Constitución y mejorar el diseño del Estado autonómico.

Un saludo.

Samuel dijo...

Desde el momento en el que se aprobó en el Parlamento español el Estatuto de Cataluña venía avalado por una institución política española. El problema era que al presentarse el recurso de inconstitucionalidad se corría el riesgo de que el Tribunal Constitucional hiciera nuevos recortes o se obligase a delimitar el sentido de algunos aspectos, como ha hecho en realidad, a pesar de que la mayoría de los magistrados de este tribunal los escogen representantes políticos. Como muy bien dices, podía haber sido mucho más severo. Probablemente la ambigüedad de algunos artículos de la Constitución permite que se cuele esta clase de conceptos, ya que se optó por llamar "nacionalidades" a las comunidades históricas aunque, en el fondo, eso no signifique nada que ponga en duda la nación española como sujeto de soberanía. Zapatero tiene que salvar su Estatut para salvar al PSC y Montilla hacer el papel de nacionalista indignado, aunque parece que ya es demasiado tarde.

Celebro el cambio de "look" de tu blog. Al fin blogger se ha portado bien con sus usuarios. Y muy buena y oportuna la cita de Diógenes Laercio.

Saludos.

Melvin dijo...

Tanto la existencia de la Comunidad Autónoma de Cataluña como la legalidad del mismo Estatuto descansan en la soberanía de la Nación española y los límites marcados en la Constitución. Una comunidad autónoma no puede concederse un régimen que se aparte de la legalidad española sin reformar la Constitución. Y, desde luego, la vía para reformarla tampoco es hacerlo bajo cuerda por medio de estatutos que se la salten, leyes orgánicas que son de rango inferior a la propia Constitución y que, en consecuencia, no pueden ir en contra de la misma. Si bastara con que una ley de rango inferior fuera aprobada para que esta ya fuese declarada constitucional, de nada servirían tanto el Tribunal Constitucional como la propia Constitución. Que el gobierno progre que padecemos lo haya impulsado y apoyado, hasta el punto de que Zapatero terminó, parece ser, convertido en uno de los ponentes del Estatuto, es cuestión distinta, puesto que, con el PSOE por medio, es algo que entra dentro del guión. Lo cual no hace que sea menos escandaloso.

Negar la legitimidad al Tribunal Constitucional para decidir sobre la constitucionalidad del Estatuto, como llevan cuatro años haciendo los señores nacionalistas, es demostrar que se carece de respeto por la Constitución, que establece la creación de este órgano como intérprete máximo de la Constitución.

Habrá que ver qué pasos, en efecto, dan en los próximos meses tanto Zapatero (qué malabarismos inventa éste, sobre todo) como los nacionalistas porque parece claro que el primero necesita como sea a los segundos si quiere tener alguna esperanza de conservar el poder.

También me ha gustado el cambio de imagen del blog.

Saludos.

El Espantapájaros dijo...

Samuel:

Con su paso por el Parlamento, es cierto que ya no era algo exclusivamente salido de Cataluña, pero el procedimiento de reforma no hubiese quedado completo sin el control de constitucionalidad, ya que, en este caso, se consideró --no sólo por el PP-- que era necesario.

Gracias, ahora espero que sea más personal; pero que se retrasase el lavado de cara de mi espacio fue culpa mía, porque nunca encontraba el momento.

Melvin:

Así es. A mí me preocupa que Zapatero intente algo absurdo para burlar la sentencia del TC. Creo que está quedando muy claro que su preocupación sólo consiste en conservar el poder, porque la legalidad, el respeto a la Constitución, la defensa de la nación, son para él conceptos con los que ejercitar su cintura.

Alfredo dijo...

Esperemos que sea así espantapájaros.

Nada quisiera yo más que ver el llamado "problema catalán" resuelto, pero para ello creo que Cataluña tendría que experimentar el fracaso de su política nacionalista, y como dices, están instalados en un permanente victimismo, la culpa siempre es de fuera. Según dices, no crees que Montilla y los nacionalistas vayan a dar "más guerra" de momento en relación con el Estatuto. A mí, personalmente, me preocupa el perfil de este hombre y sus reacciones, más incluso que Zapatero. Es una persona movida por el odio, porque su identificación con el catalanismo no se explica de otra manera. Creo que se le aplica como anillo al dedo lo que dice Proverbios 30:21-22. Ahora ya ha tocado poder, pero no lo mantendrá por su excelente formación intelectual, ni por su gran carisma (ambos inexistentes), sino sólo por audacia y agresividad, tanto para con los de fuera como también con los de dentro. Vamos, un dictador en potencia. Esperemos que las próximas elecciones arreglen todo esto un poco, pero de cara al futuro es necesario acabar con el voto cautivo del PSC entre la emigración.

Saludos