Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, julio 11, 2010

IMPUESTOS Y CURVA DE LAFFER

El liberalismo debe buscar un equilibrio entre el individuo y el Estado. Para ello, un aspecto trascendental y que requiere de un especial tratamiento reside en el sostenimiento de los gastos públicos encomendado a los contribuyentes. El Estado necesita un gran volumen de ingresos por la sencilla razón de que tiene muchos gastos derivados de las múltiples funciones y cometidos que asume en la vida moderna, con más o menos justificación. Elevar los impuestos puede ser una opción para obtener esos ingresos, pero una opción limitada, como ya se demostró en los años setenta, cuando se produjo la denominada crisis fiscal del Estado. Por consiguiente, hay que conciliar las necesidades del Estado con una presión fiscal que no aniquile la actividad económica de los sujetos privados.

El economista Arthur Laffer afirmó que bajar los impuestos podía dar lugar a una mayor recaudación. Es una paradoja, sin duda, pero una muy razonable. La Curva de Laffer no es más que una simple gráfica en la que aparecen representados los ingresos obtenidos vía impuestos en relación con el tipo impositivo: si éste es cero, cero será la recaudación; pero si alcanza el 100%, tampoco habrá recaudación. La curva descrita implica que hay un punto a partir del cual a mayores tipos, menor recaudación, con lo que, si se bajan los impuestos, debería aumentar aquélla. La Curva de Laffer está basada en el sentido común. Hasta el más recalcitrante socialdemócrata admitiría que si a un contribuyente le detrajeran coactivamente todo su salario, la economía tendría serios problemas para prosperar. El inconveniente es que no existe una fórmula que permita hallar el tope a partir del cual los impuestos comienzan a ser insoportables y se resiente la economía, si bien no es impensable practicar el empirisimo en cada caso.

La experiencia española parece avalar las conclusiones de Laffer. Antes de 1996, los socialistas se hartaron de advertir con tono apocalíptico que, en caso de que el PP bajara los impuestos, en la caja de la Hacienda Pública no habría ingresos suficientes y el Estado del Bienestar se derrumbaría. Ocurrió lo contrario. El nuevo Gobierno, coherente con sus ideas liberales, bajó el tipo máximo del IRPF y, entonces, subió la recaudación. Fue una decisión acertada gracias a la cual se incentivó a los particulares, que podían disponer de más dinero, lo que redundó en la mejora de la economía.

En mi opinión, los impuestos son inherentes al sistema y absolutamente necesarios, pero cuando resultan excesivos distorsionan el mercado y los recursos que el Estado ha drenado del sector privado suelen ser administrados de forma poco eficiente.

Hoy día, en el contexto de una crisis económica y de un elevado déficit, el Gobierno decidió subir el IVA y está estudiando una subida del IRPF. Como es obvio, estos dos impuestos no son, ni mucho menos, las dos únicas figuras tributarias que pueblan el sistema. Hay otros muchos, y también existen otros recursos que pueden originar ingresos públicos. Si se sigue el razonamiento de Laffer, tales subidas no van a arreglar nada en cuanto al déficit y van castigar el consumo. Combatir así el déficit es una honda equivocación.

8 comentarios:

Andrés Álvarez Fernández dijo...

Ya lo decía Reagan;

"Comencé a ganar mucho dinero haciendo películas durante la II Guerra Mundial. Hacías cuatro películas y ya estabas en el tramo superior. Así que cuando hacíamos cuatro películas, todos dejábamos de trabajar y nos íbamos al campo".

El Espantapájaros dijo...

Andrés:

Insuperable la explicación de Reagan. Él era un maestro de la sencillez y en decir las cosas claras.

Alfredo dijo...

Perdona que sea un poco "aguafiestas" pero quiero provocarte un poquito:

Dices:

"En mi opinión, los impuestos son inherentes al sistema y absolutamente necesarios, pero cuando resultan excesivos distorsionan el mercado y los recursos que el Estado ha drenado del sector privado suelen ser administrados de forma poco eficiente."

Cuando dices que los impuestos son "inherentes" al sistema, ¿a qué te refieres exactamente? Voy a usar una frase bastante demagoga para ilustrar por dónde van los tiros:

¿hasta qué punto o porcentaje es "aceptable" robar? ¿5% de impuestos? ¿10%? ¿Y para qué fines?

Saludos

PD: Fundamentalmente estoy de acuerdo, ojo, pero quiero provocarte en el pensamiento.

El Espantapájaros dijo...

Alfredo:

Si la hay, reconozco que es una sana provocación, porque a veces se hacen afirmaciones que merece la pena debatir.

Los tributos en general y los impuestos en particular son inherentes al sistema (Estado social de Derecho, según la Constitución) porque constituyen la forma básica a través de la cual el Estado se financia. No parece que se pueda prescindir de ella y que el Estado se financie, por ejemplo, a través de sus ingresos patrimoniales.

En los impuestos está muy presente la nota de coactividad, y a nadie le agrada que le quiten su dinero, aunque no lo llamaría robo. Se supone que son ingresos para hacer gastos en relación con el interés general. Por eso hay que exigir controles, eficiencia en el gasto y un sistema tributario lo más perfecto posible, que no desborde al contribuyente.

Alfredo dijo...

Sí, de acuerdo con que son inherentes al sistema que tenemos...en términos legales.

¿Es moral eso?

"No parece que se pueda prescindir de ella y que el Estado se financie, por ejemplo, a través de sus ingresos patrimoniales."

¿Pero en qué cosas debería financiarse el Estado...es decir -- ¿para proporcionar qué tipo de servicios?

Dices:

"Se supone que son ingresos para hacer gastos en relación con el interés general."

Cuando puedas, me interesaría ver que desarrolles esto del "interés general" porque como ya sabes, tú eres un "poquitín" afrancesado (no lo digo como insulto) pues me gusta que en Liberalismo Democrático yo no sea la única "voz", en comparación conmigo y lo del interés general es un tema interesante.


Tengo yo la respuesta a todas estas cosas pero no las doy porque lo que más valoro y quiero es que cada uno aprenda a desarrollar los temas generales.

Saludos

El Espantapájaros dijo...

Respecto a lo fines, creo que podemos entrar en un terreno pantanoso. Los poderes públicos, hoy en día, realizan centenares de actividades que suponen gastos. Eso va desde el mantenimiento del monopolio de la violencia y el Poder Judicial al sistema nacional de salud, pasando por la defensa nacional, subvenciones, prestación de muy distintos servicios públicos, etcétera. Sin duda, para un liberal ha de ser prioritario hablar de reducir la Administración, de introducir reformas (como el copago, por ejemplo) y de adelgazar tanta burocracia. Pero prefiero hablar en términos legales porque es lo que hay. Incluso Estados de menor tamaño necesitan, de una u otra manera, de los impuestos.

Imposible definir el interés general, por ser casi un concepto indeterminado. Hombre, para mí representa lo opuesto al interés particular, aunque no sea siempre contradictorio. Lo que es obvio es que si un funcionario se queda para sus fines personales con el dinero recaudado no estará atendiendo precisamente al interés general. Dentro del interés general caben muchas cosas y, desde luego, es un concepto en el que se pueden amparar muchos abusos y desviaciones de poder. Soy partidario de mantener una actitud de desconfianza vigilante hacia el poder y de exigir responsabilidad cuando proceda.

Don Andrés dijo...

Sin ánimo de gorronear;

http://cronicasgallegas.blogspot.com/2010/07/los-costes-de-la-tributacion-laffer-y.html

Creo que coincidimos a grandes rasgos en la conclusión.

Saludos.

Anónimo dijo...

Hola, muy interesante el post, muchos saludos desde Colombia!