Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, mayo 23, 2010

UNA SERIE EN BUSCA DE UN FINAL... ACEPTABLE

La exitosa serie Perdidos llegará esta madrugada a su esperado fin. Desde su inicio en 2004, se han sucedido seis temporadas que, en general, han contado con el respaldo del público y la crítica. En lo que a mí me concierne, he seguido la serie desde su estreno en España, en 2005, aunque no me considero un fanático de ella ni mucho menos. Por ello, ni me va a apenar profundamente su despedida ni voy a amenazar de muerte a sus creadores en caso de que me decepcione el último episodio.

Al margen de las numerosas exageraciones, Perdidos ha sido el principal exponente de una era dorada de las series de televisión. No sólo por la expectación que ha ido generando, sino también por los temas que ha tratado y por la manera en que lo ha hecho, desde los conflictos entre padres e hijos hasta los miedos más enraizados (el miedo a volar, a perderse, a la noche, a lo desconocido y los desconocidos...), pasando por las luchas por el liderazgo, los romances, las guerras entre bando irreconciliables y, por supuesto, los misterios y situaciones de suspense con muchos antecedentes en el cine y la literatura y referencias culturales. Una de las grandes virtudes de esta serie fue condensar toda una serie de elementos presentes en el imaginario popular y, de esta forma, ofrecer una variedad de razones para engancharse a ella. Todo ello combinado con un elenco de protagonistas bastante atractivo, unos buenos efectos especiales y unas técnicas narrativas muy originales explican el triunfo de la serie.

Aun así, hay que plantear alguna crítica, pues Perdidos es una serie casi perfecta, pero ha terminado por sucumbir a ciertos desgastes. Ha habido enigmas no muy bien resueltos, es decir, malamente y con precipitación. Además, a medida que ha ido avanzando la serie, algunas tramas parecen haber perdido el rumbo o no han sido apenas explotadas. En especial, la quinta y la sexta temporada incurren en un ritmo enloquecido y en unos argumentos que, aun impecablemente ejecutados, caen en el exceso y casi en la parodia.

Echando la vista atrás, creo que el panorama es excelente y que el recorrido, con el final que tenga, ha merecido la pena, con independencia de que alguna historieta podría haber sido suprimida o mejor contada. La coherencia está ahí y no se ha perdido, afortunadamente.

Lo que más me atrajo de Perdidos en un principio fue lo mucho que bebía de la obra maestra de William Golding, El señor de las moscas (1954), un libro que me cautivó y conmovió cuando lo leí en la adolescencia. En Perdidos volvía a estar presente la creación de una sociedad en miniatura en un entorno salvaje y hostil. Y, por lo demás, declaro mi fascinación por todo relacionado con la Iniciativa Dharma y su colonia en la isla, posteriormente ocupada por Los Otros. Siempre me han gustado más los aspectos realistas de la serie, incluso dentro de la ciencia-ficción, antes que sus aspiraciones más elevadas.

Después de tanto tiempo y de tantas incógnitas, va a ser difícil articular un cierre que satisfaga a casi todo el mundo y que sea memorable. Pero confío en la capacidad de los guionistas y en la fuerza de la serie. Tan sólo espero que de una buena lección al cargante Hombre de Negro y que quede bien claro el destino de los personajes supervivientes. Y que no caigan en limbos y botellas de cristal con vino dentro.