Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, abril 04, 2010

ADAM LANG Y EL TERRORISMO DE ESTADO. OTRA VUELTA DE TUERCA

El ex primer ministro Adam Lang, carismático y seductor, está ultimando la revisión de sus esperadas memorias cuando su colaborador y ayudante aparece muerto en la playa de la isla que les sirve de refugio. Pronto el nuevo negro o escritor fantasma descubrirá que en el manuscrito de las memorias podría hallarse la clave de un escándalo en que se vio envuelto Lang y que ahora le está pasando factura: la entrega ilegal de ciudadanos británicos musulmanes a la CIA, que se ocupó de torturarlos con el objeto de extraerles información sobre actividades terroristas.

Lo anterior no es más que una sinopsis de The Ghost Writer (2010), dirigida por Roman Polanski, filme que, a pesar de sus tics y tópicos progresistas, encontré sumamente recomendable, pues es una buena historia que contiene suspense, diálogos inteligentes y personajes de gran interés. El caso es que al verla volví a pensar en la siempre discutible razón de Estado y en los límites de la lucha contra el terrorismo.

Ha sido un tema bastante tratado en este espacio. La idea central es que un Estado acosado por terroristas e incapaz de garantizar la seguridad y libertad de sus nacionales, y abocado a la desaparición de no actuar con resolución, debería adoptar medidas distintas de las que se desarrollan por los cauces legales, siempre y cuando la situación fuese excepcional y la acción se limitara a acabar con las amenazas más intensas. Afirmé en el pasado que "el terrorismo de Estado, en casos muy extremos y de absoluta necesidad, es salida legítima para proteger a los ciudadanos y el Estado de Derecho, por paradójico que suene". Obviamente, también he realizado ciertas matizaciones.

No deseo regresar a lo mismo, sino añadir material que enriquezca este importante debate. Primeramente, cabe una clara objeción a lo antes señalado. En rigor, el Estado ya cuenta con mecanismos especiales para situaciones como la descrita, a través, en el caso español, de los estados de alarma, excepción y sitio (artículo 116 de la Constitución), caracterizados por una sustancial rebaja de las garantías constitucionales en aras de la defensa del orden público y la seguridad. Proceden "cuando circunstancias extraordinarias hiciesen imposible el mantenimiento de la normalidad mediante los poderes ordinarios de las autoridades competentes", dando lugar a la aplicación de medidas restrictivas de derechos "en forma proporcionada a las circunstancias" (artículo 1 de la Ley Orgánica 4/1981, de 1 de junio, de los Estados de Alarma, Excepción y Sitio).

El fallo de este recurso es su presumiblemente elevado coste político. En efecto, los estados de excepción y sitio nunca se han declarado en la España democrática –y es difícil que llegue a darse el caso-- debido a que los políticos responsables los deben de ver como el colmo de los colmos: influyen las reminiscencias dictatoriales, la magnitud de una decisión así, el control parlamentario a la que se la somete, la total publicidad y el posterior control jurisdiccional. Puede ser un mecanismo eficaz, pero de dudosa aplicación por las razones expuestas. La justificación tendría que ser más que suficiente y el político, un auténtico estadista.

Si al final el dirigente de turno optase por una solución más cómoda, rápida y discreta, recurriendo al terrorismo de Estado, los riesgos no son despreciables. La protección de los principios del Estado de Derecho estriba en los límites que hay que imponer. Y aquí entran en juego consideraciones obvias: la naturaleza falible de los humanos, su tendencia corruptible y la certeza de la ley de las consecuencias no queridas. Por tanto, el deber de los Adam Lang del futuro sería tener en cuenta esto, junto con dos consejos basados en la experiencia. Primero, que lo óptimo es que nadie descubra toda la verdad, o mejor dicho, la implicación del Estado. Y segundo, que si es descubierta, hay que asumir responsabilidades públicamente. Justo lo contrario de lo que hizo Felipe González en relación con los GAL.

12 comentarios:

Alfredo dijo...

Planteas un debate muy interesante que sin dudas comparto completamente. Yo he dicho que en la lucha contra el terrorismo que amenace los intereses nacionales hay que combatirlo incluso con medidas excepcionales - creo por ejemplo que en España fue un error del copón convocar elecciones justamente después de los atentados del 11 M por ese mismo motivo - sobre todo teniendo en cuenta que la izquierda ganó gracias a los moros.

Nunca habíamos caído tan bajo como país en la Historia. Hacen falta más opiniones y criterios como los que expones aquí pero me temo que es minoría dado el clima actual de blandengues de toda estirpe en sociedades occidentales.

El Espantapájaros dijo...

Es un debate que debería estar en la mente de cualquier persona informada, sin ninguna duda. Y las implicaciones que aquí se discuten son sumamente graves y delicadas, pero creo que no hay por qué respetar los tabúes. Un Estado terrorista sería inaceptable como tal; pero la variedad de grises es amplia.

Efectivamente, aquí y en otros países europeos hay un enorme problema de complejos, absurdos cargos de conciencia y temores injustificados, y así no se puede combatir al terrorismo musulmán y garantizar el predominio occidental.

Free dijo...

En este momento no dispongo de mucho tiempo para extenderme pero me gustaría señalar algunas cosas. Quisiera comenzar continuando un poco con la idea que comenté en el anterior artículo de Espantapájaros: “Igual que una persona es del Barcelona o del Valencia, también es de izquierdas o de derechas y en función de su “etiqueta política” sus ideas se articulan de acuerdo a lo que se supone que tiene que defender porque así lo dicta la corriente de los medios informativos y de opinión.” Por cierto, permítanme un inciso ya que he citado al F.C. Barcelona: grandísima forma de jugar la de ayer contra el Arsenal, un homenaje a cualquier amante del buen fútbol. Pero a lo que iba, las “etiquetas políticas”. A tenor del comentario de Alfredo sobre el 11m, y sin entrar a valorar la rigurosidad de las argumentaciones propias de Alfredo para llevar a cabo tales afirmaciones, lo que yo pienso sobre los atentados de Madrid es que hay mucho de eso, de etiquetas políticas, y tenemos varias versiones: CONTINUACIÓN

Free dijo...

CONTINUACIÓN
a) Si eres de “derechas” versión 1.o, es decir, versión internacional: la política española es de blandengues (el PP y el PSOE lo son y son de la misma calaña) y sólo una política al estilo de los Republicanos salvará a Occidente. En este caso el 11m fue cosa de los moros porque sí, sin más, y el que lo niegue es un izquierdoso encubierto porque en esto o estás conmigo o estás contra mí, forastero.
b) Si eres de “derechas” versión 2.o, es decir, versión nacional y católica: la política española está en manos de los malos del PSOE, al margen de que también puedan opinar que una política al estilo de los Republicanos salvará a Occidente. Y el PP de Aguirre es la salvación anticatalanista. En este caso fueron los moros pero con ayuda de la ETA, y el que lo niegue va contra España y es un Zp encubierto.
c) Si eres de “izquierdas” versión 1.o, es decir, versión nacional zapateresca: aunque los del PP sean iguales que ellos hay que hacer ver a la gente que son muy malos y de la derechona rancia. En este caso fueron los moros extremistas (el resto son carne de alianza de civilizaciones) por culpa de Aznar y de la guerra de Iraq (trío de las Azores con rabo y cuernos). Y el que lo niegue es un facha-liberal.
d) Si eres de “izquierdas” versión 2.o, es decir, versión internacional conspiranoíca: Los amos capitalistas del mundo con rabo y cuernos que ponen y quitan gobiernos son muy malos y beben petróleo así que la única solución es el comunismo. En este caso fue el capitalismo en general y son todo cortinas de humo y conspiraciones. Y el que lo niegue es uno más del ellos y del sistema. PP y PSOE son muy malos. CONTINUACIÓN

Free dijo...

CONTINUACIÓN La versión de derechas 1.o y de izquierdas 1.o son partidarios de la versión oficial. La versión de derechas 2.o y de izquierdas 2.o son conspiranoícas. Yo en realidad no me creo ninguna de ellas, y tampoco dejo de creérmelas, y desde luego descarto las valoraciones políticas que hacen todas ellas porque considero que son fruto de los mecanismo automatizadores llevados a cabo por las “etiquetas políticas” que te hacen pensar de tal forma o de tal otra porque se supone que tienes que pensar así. Que en el 11m algo huele mal está claro, y que no me tomen el pelo los oficialistas al pretender hacerme creer que todo está más claro que las aguas del río Jordán. Pero de ahí a que pretendan que me crea a ciegas unas teorías conspiranóicas creadas igualmente a raíz de los mecanismo automatizadores llevados a cabo por las “etiquetas políticas” va un buen trecho. Una cosa es disentir y otra pretender hacer tomar por ciertas a los demás teorías de la conspiración sin antes demostrarlas. Así que aquí a ser todos menos sectarios y a demostrar sus teorías, porque me temo que es sobre todas las versiones sobre las que recae en este caso la carga de la prueba. Una vez que hayan probado todo lo que hay que probar (que no es poco) ya nos encargaremos cada uno de nosotros de hacer las valoraciones políticas que creamos convenientes. Y lo que se salga de ahí es todo paja y para mí no vale nada. CONTINUACIÓN

Free dijo...

CONTINUACIÓN Y respecto al terrorismo de Estado la idea de imaginarme al Estado planeando atentados y pegando tijeretazos a nuestros derechos y libertades más básicas en aras del bien común, de la nación o de análogos bienes abstractos hace que me cague los pantalones, y perdonen la expresión, pero eso de sacar las pistolas a pasear por el bien de la patria me recuerda a dos “ismos” que en el siglo pasado causaron estragos. Y que conste que los moros que son terroristas no me gustan un pelo y lo que es el resto que en sus países hagan lo que les dé la gana con su soberanía y organicen sus sistemas judiciales en torno a los valores que les apetezca. Y contra los primeros hay que luchar, pero hay que matizar el cómo. Y el cómo es respetando el procedimiento establecido por nuestra soberanía nacional sin excederse ni un pelo, así que nada de agentes 007 ni de recortes de libertades. Y siempre dando cuenta al pueblo soberano. O mejor dicho al PUEBLO SOBERANO con mayúscula, no a esta paparrucha de democracia que tenemos y que es todo lo que queramos menos transparente y democrática. Debemos tener la soberanía en nuestras manos, sentirla y utilizarla y decidir nosotros los asuntos importantes y no unos barrigones en el hemiciclo nacional o europeo que dicen representarnos, porque me da la risa floja si esos nos representan. Tú, yo y el vecino del 4º somos los que tenemos que decir si queremos que nos recorten libertades y si queremos que maten en nuestro nombre, no “unos” que dicen representarnos, por mucho que salgan elegidos de los papelajos que echamos una vez al lustro en una urna. Saludos.

Free dijo...

Por cierto, olvidé añadir que NO me considero en absoluto un blandengue por estar EN CONTRA del terrorismo de Estado. Un saludo.

El Espantapájaros dijo...

Free:

Gracias, una vez más, por los comentarios. Sobre el 11-M, sostengo su opinión: hay puntos oscuros pero prefiero no sumarme a ninguna teoría. Lo que está claro es que es un tema harto sospechoso desde un comienzo. Que me llamen lo que sea, pero no deja de ser altamente llamativo e irregular que los trenes en los que se atentó fuesen desguazados inmediatamente. Destruyeron el escenario del crimen con total impunidad. A partir de ahí, todo debería considerarse viciado.

Por lo que se refiere al terrorismo de Estado, es obvio que, como ciudadano, no estoy dispuesto a que mis representantes me arrebaten mis derechos y libertades bajo cualquier excusa o alegando razón de Estado (a pesar de que, por el interés general, aquí se cede legalmente en todo). Pero estoy hablando de la realidad. Y la realidad es que el Estado tiene el monopolio de la violencia y, por tanto, la obligación de proteger a los ciudadanos. En ese sentido, puede plantearse más de un conflicto. Mis reflexiones giran en torno a qué ocurriría de no poder llevar a cabo el Estado esa función primordial. Es ahí cuando hay que hablar de soluciones drásticas o de que los ciudadanos se tomen la justicia por su mano.

Lógicamente, la mayor objeción es la de los límites. Nadie puede asegurar que esa reacción estuviese siempre justificada y que se detuviese en lo imprescindible.

Alfredo dijo...

FREE: Ahora mismo acabo de leer todo lo que usted ha dicho y me ha parecido muy lamentable que usted se suba a la misma carroza de tantos otros liberales y cometa los mismos errores ideológicos. Ahora mismo estoy trabajando pero luego le contestaré haciendo una especie de "copia y pega" de otros hilos en los que me han dicho exactamente lo mismo (eso sí, en palabrerío más zafio) que usted ha defendido aquí. Creo para empezar, que ustedes parten de un punto de vista filosófico totalmente equívoco que no tiene fundamento.

ESPANTAPÁJAROS:
A raíz de esto esta semana, posiblemente mañana, cuelgue yo algo en mi página acerca de esto en forma de guerra preventiva.

Un saludo

Alfredo dijo...

FREE:

Lamento mucho que usted parece ser del Barça pero bueno, yo soy del mejor equipo de aficionados en España: el Atlético de Madrid. Sólo lo digo como anécdota. Iba a copiar y pegar cosas de un artículo mío sobre esto pero finalmente no hace falta porque bastará con decirle un par de cosas.

Lo cierto es que lo que plantea el caballero propietario de esta bitácora está más que acertado y perfectamente, más o menos, compatible con la Convención de Ginebra que se diseñó para escenarios que no recogen las actuales posibles situaciones de estado de guerra con el terrorismo. Situaciones que aún no hemos acabado de definir claramente y crean choques como la sentencia del Supremo americano. Usted parece ser que niega una situación bélica (pues lo siento pero estamos en guerra contra el terrorismo) y por lo tanto a raíz de mi afirmación aplico por ello una normativa o criterio.

Está muy bien decir que usted es del pueblo soberano pero eso es surrealista ante un enemigo que no dudaría ni 2 segundos en convertirle a usted o a mí en algo menos que puré de patatas.

Yo creo que un terrorismo interno puede dar lugar a un estado de guerra civil en el que las normas superan el estado de derecho, como en toda guerra. Y lo mismo puede ocurrir con un terrorismo externo apoyado o consentido por otra nación. Dando lugar también a un conflicto bélico con un marco legal diferente al del estado de derecho en tiempo de paz.

Así pues, primero hay que definir en la lucha contra el terrorismo si se está en una situación de paz o en una situación de guerra. Y para la situación de guerra es necesario revisar la normativa actual vigente.

CONTINÚA

Alfredo dijo...

Le doy un ejemplo: los prisioneros de Guantánamo.

Estamos ante prisioneros de guerra y en tal caso la norma a aplicar no es el estado de derecho habitual. Y según el Convenio de Ginebra, es cierto que cabe la pena de muerte (la ejecución inmediata una vez acabado el conflicto no). Pero no son equiparables las situaciones que se dan en medio de un campo de batalla durante un enfrentamiento prolongado, con las que se dan en la lucha contra el terrorismo. Hacerlo es aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid para dar un salto injustificable…

En resumen: No sé si procederá pegarle tiros a todo moro viviente pero la normativa actual de la guerra está obsoleta frente a los nuevos escenarios. Y el que me diga a mí que no quiere luchar con todos los mecanismos posibles contra UN ENEMIGO como se hizo plenamente en la II GM es, lo siento mucho free, un blandengue.

La convenciones de Ginebra se hicieron para hacer menos inhumanas las guerras. Y para que funcionaran era imprescindible que no dieran ventaja al que hacia trampa. De otra forma nadie las aplicaria y fallarian en su objetivo. Y por ello los que hacen trampa pierden todo beneficio de ellas. Ejemplo: No se debe disparar a hospitales. Pero si tomas posiciones en un hospital entones no sólo es perfectamente legal para el enemigo bombardearlo en vez de dejarse matra como un imbécil sino que si te captura puede con toda la legalidad del mundo fusilarte en el acto. En la msima vena se debe llevar uniforme o insignas para que el enemigo no mate a civiles por error. Si no llevas, entonces te conviertes en fusilable. Lo siento free pero esa es la cruda realidad mundial: por eso comparto lo que dijo Bush: o se está con nosotros, de nuestra parte, o no se está.

Y el hecho de que los ejércitos occidentales no lo han hecho por décadas solo ha servido para alentar las violaciones de las convenciones de Ginebra por sus adversarios y hacer las guerras mas cruentas.

CONTINÚA

Alfredo dijo...

Creo que para decidir si debe tratarse como un problema de orden público o uno de guerra hay que mirar al numero de victimas y los objetivos. Por ejemplo ETA ha causado un promedio de veintincinco meurtos al ańo (unos cien en su punto algido). Recordemos que la Mafia en Italia causa trescientos. Y por otra parte hasta ahora ETA se ha abstenido de practicar el terrorismo de masa ( ha habido intentos pero al ser frustrados por la policia no sabemos si ETA no hubiese avisado). La ETA no es un peligro tal que justifique ni que corramos el riesgo de darle una imagen de héroes, ni que nos ensuciemos las manos. ETA nunca ha pasado de ser banditismo político.

Por otra parte, ¿alguien se cree un segundo que a Al Qaeda y afines les temblaria el pulso si tuviesen ocasion de matar a diez o cien mil infieles o incluso exterminarnos? Aunque usen métodos terroristas, ellos no estan en el estado de mero banditismo politico sino en el de guerra e incluso en le de guerra genocida. Y si bien, a diferencia de con el guerrillero, tenemos el problema de identicación del terrorista, una vez identificado no hay razón de que se le trata de otra forma que como un soldado que ha violado las leyes de la guerra.

No, yo lo siento mucho free, pero no puedo compartir su criterio. Y, perdone mi osadía porque yo a usted le valoro como comentarista pero temo que ha caído, una vez más, en la trampa que tiende la izquierda "jurídica" que con el pretexto del Estado de derecho y las garantías, acaban defendiendo a los terroristas. Sé perfectamente, doy fe de ello, que ese no es su caso pero no estaría mal que recuerde quiénes son los que esgrimen las teorías que usted ha defendido aquí hoy.

Buenas noches