Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, marzo 14, 2010

EL JUEZ SIN PUÑETAS O EL CREPÚSCULO DE GARZÓN

Aunque parecía imposible, todo apunta a que la carrera judicial de Baltasar Garzón está tocando a su fin. A la vista de los hechos, es una buena noticia, pues motivos no faltan para que termine cuanto antes. No repasaré aquí el contenido de las diferentes querellas que han sido admitidas contra él, sino que pretendo poner el acento y denunciar la campaña a favor del polémico titular del Juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional, habida cuenta de los métodos y razonamientos esgrimidos, cuya perversidad está dañando gravemente el Poder Judicial.

Cuando los valedores de Garzón, desde el Grupo PRISA o desde la hoja parroquial del PSOE (Público), salen en su defensa días tras día, no hacen ni una sola referencia a los artículos 446 a 449 del Código Penal, que regulan la prevaricación, o a si las conductas del magistrado encajan o no en esos preceptos y si se sostiene o no la imputación realizada. Más bien, aportan argumentos falaces, extravagantes, y dedican grandes esfuerzos desprestigiar a los querellantes o, yendo más lejos, a los magistrados del Tribunal Supremo y a los vocales del Consejo General del Poder Judicial. Con ello, los adalides de la responsabilidad y el sentido de Estado, que tanto solicitan al PP, ponen en duda el propio Estado de Derecho y sus instituciones no por una causa justa o ante un grave fallo del sistema, sino por mor de su simpatía –basada en un interés ideológico-- hacia el otrora Príncipe de la Magistratura y sus desmanes.

Escolar no comprende que, para bien o para mal, Falange es un partido legal y que, por tanto, puede actuar contra Garzón. ¿O es que va a ser un comité de periodistas progresistas el que decida sobre derecho al acceso y derecho al proceso, o sobre legitimación activa? Además, resulta triste y paradójico que, obviando el marco legal, los limpiabotas de Garzón desciendan al terreno de la ideología y del partidismo, siguiendo los criterios de buenos y malos de la devaluada memoria histórica. Resulta paradójico, sí, porque fue precisamente Garzón, al menos cuando pretendió saltarse la Ley 46/1977, de 15 de octubre, de Amnistía, quien sin duda actuó movido por afinidades ideológicas y ganas de revancha.

Es inconcebible que el presidente del Gobierno, en un nuevo ejercicio de intromisión y desfachatez, salga por televisión elogiando la valentía de Garzón en la lucha contra ETA, como si no hubiera más jueces amenazados. Y para los que critiquen las intervenciones de Aznar, les recomiendo una reflexión sobre la última salida de tono de González, refiriéndose al "ganao" que hay al frente de la Justicia. Una declaración sumamente incoherente viniendo del hombre bajo cuyo mandato tanto mal se hizo a la independencia judicial con la Ley Orgánica 6/1985, de 1 de julio, del Poder Judicial, la cual instauró un aberrante sistema de elección de los vocales del CGPJ --órgano encargado de los nombramientos para el TS--, dejándolo en manos del Parlamento y convirtiéndolo en carne de cuotas. Politización de la Justicia que aún perdura.

Siento un gran respeto por los jueces. La mayoría son personas altamente cualificadas, serias y trabajadoras, y procuran mantener su independencia y sujetarse únicamente a la Ley cuando toman decisiones. Y entiendo que la función jurisdiccional ha de ejercerse con rigor y discreción, lejos de los focos de las cámaras y de las tentaciones de la fama. Garzón, en ese sentido, es un ejemplo a no seguir. No conviene confundir la necesaria independencia judicial con la existencia de jueces intocables. Todo juez es responsable y no puede hacer lo que quiera sin consecuencias.

Hay un dicho inglés que aprendí de Aznar: "El juez que se quita la peluca ya no se la vuelve a poner". En España habría que hablar de puñetas. Pues bien, Garzón las perdió en 1993, en su aventura socialista con González, y no debió regresar en 1994. Acumula ya demasiados escándalos sobre sus espaldas (la cacería con Bermejo, el inolvidable "Querido Emilio"...), escándalos dañinos para la Justicia. Y su gusto por salir en los telediarios entrando en la AN es ya una obsesión. A muchos juristas prestigiosos les he escuchado glosar los disparatados autos de Garzón, sus instrucciones chapuceras y su poco respeto por las garantías procesales en las investigaciones. Hace tiempo que perdió el juicio y, si quiere investigar crímenes del franquismo, quizá debería meterse a historiador. Ha traspasado las líneas rojas y la Justicia no va a perder nada con su salida. Dura lex, sed lex.

Cualquier otro juez en su misma situación ya habría sido suspendido de sus funciones por el CGPJ y estaría a la espera de un duro varapalo por parte del TS. Sin embargo, Garzón alberga esperanzas y se agarra a los clavos ardientes que le han tendido sus amigos de última hora, aun sin con su actitud hunde más a la Justicia española. Pero es cuestión de tiempo. A Garzón nadie le va a negar sus méritos y, cuando por fin pueda ejercer como conferenciante a tiempo completo, oiré encantado las narraciones de sus batallas legales y las conspiraciones que sufrió. Eso sí, bien lejos de la AN.

1 comentario:

Alfredo dijo...

Excelente entrada - yo también espero ansiosamente la caída de Garzón, que ya va siendo hora. No obstante, soy de la opinión de que nuestro sistema jurídico da pie a que salgan espantajos de jueces como Garzón.