Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, febrero 28, 2010

LO QUE VA DE BRAVO MURILLO A ELENA SALGADO

Eran tiempos no fáciles, como diría Zapatero. Cuando Bravo Murillo fue nombrado definitivamente Ministro de Hacienda el 20 de octubre de 1849, el déficit del Estado ascendía a unos 300 millones de reales, lo que, según los expertos y salvando la oscuridad de las cuentas públicas, venía a representar entre un 20 o 25% del PIB, una burrada, en definitiva, a la que habría que cargar el nivel de Deuda pública y la dificultad del Estado para satisfacer sus obligaciones. Estamos hablando de una España paupérrima, con una Administración aún en ciernes y trabada por demasiados condicionantes negativos. A pesar de todo, con Bravo Murillo al frente las cosas mejoraron. Su lucha contra el gasto desmedido debería ser objeto de estudio.

Según recoge el historiador Juan Pro Ruiz en Bravo Murillo. Política de orden en la España liberal (Síntesis, 2006), al "día siguiente de su nombramiento Bravo ya tenía claro que debía empezar por recortar gastos hasta reducir en un tercio el déficit público; y luego poner en marcha reformas que dotaran a la Hacienda de los medios administrativos necesarios para gestionar con orden y eficacia la reforma de 1845 [reforma tributaria llevada a cabo por Alejandro Mon]". ¿Cómo lo hizo? Mayormente, por medio de las llamadas economías, con mucha austeridad, exigencia, recortes y reformas administrativas (en especial, en materia de contabilidad, lo que permitió poner orden y concierto en tan procelosas aguas y controlar los ingresos y gastos de los departamentos ministeriales). Su meta era nivelar los presupuestos y conseguir que el Estado se dotase de unas bases financieras sólidas a través de las cuales desarrollar sus tareas y atender sus compromisos. En parte gracias a sus esfuerzos, se alcanzó un superávit del 1,2% (los ingresos fueron superiores a los gastos en 16 millones de reales).

Sin preparación en economía política, Bravo asumió desde un principio que los recursos económicos del Estado son siempre escasos y que hay que administrarlos lo mejor posible, de ahí la necesidad de un continuo ahorro, de una gestión eficaz y de reformas regulares e incluso innovadoras. Fue ortodoxo y conservador, en consonancia con los principios presupuestarios y hacendísticos que regían en la época, pero sobre todo demostró sentido común.

De hecho, fundamentó su dimisión en las benditas economías. Escribe Pro Ruiz: "Bravo Murillo presentó su dimisión alegando que el presidente no le apoyaba lo suficiente en su lucha contra el resto de los ministros del gabinete para reducir gastos". Aunque detrás de la renuncia había una operación política destinada a aumentar su poder y retirarse en el instante oportuno, la gestión y el gesto del ilustre Bravo Murillo nos traslada a la cruda actualidad, donde faltan servidores públicos de su talla, de suerte que su sucesora un siglo y medio más tarde, Elena Salgado, puede ser calificada como la peor titular de Hacienda de la democracia.

Ha tenido que recordar Félix Bornstein, en una columna escrita hace unas semanas en el suplemento Mercados, que el sistema político español no es presidencialista: la política la dirige el Gobierno, órgano colegiado cuyo presidente es un primus inter pares y que se encarna para tomar decisiones en el Consejo de Ministros. Así las cosas, "se debe producir", apunta Bornstein, "un enfrentamiento casi natural entre el ministro de Hacienda, como guardián de las arcas públicas, y el resto de los miembros del Gabinete, que siempre solicitan el mayor gasto disponible". El Ministro de Hacienda, por consiguiente, debe ser alguien con la capacidad suficiente para contrariar y hasta oponerse al mismísimo presidente del Gobierno cuando entienda desacertadas sus propuestas económicas. Pedro Solbes, con toda su pereza y cansancio, cumplió tímidamente con dicha función al hacerse patente la crisis.

Por el contrario, desde la primavera de 2009, y respondiendo a los afanes presidencialistas de Zapatero, quien ocupa la cartera de Economía y Hacienda es una señorita enclenque caracterizada por "la docilidad hacia quien le nombró", en palabras de Bornstein. Así nos va... A causa de su papel de mujer florero, nadie ha puesto racionalidad e inteligencia en el despilfarro de los dineros del Estado. Y su intervención en el último debate de totalidad sobre la Ley de Presupuestos Generales del Estado da cuenta de sus pobres cualidades. Sólo ahora ha empezado a hablar de ajustes y sacrificios, embarcándose en distintas giras con la finalidad de vender la solvencia de España en el exterior y que los mercados no dejen de adquirir Deuda pública del Reino de España. Pero lo ha hecho no por convicción e inspiración propias, sino más bien en cumplimiento de las órdenes de Zapatero, quien, de todas formas, es tan contradictorio e insustancial que no es posible saber si lo que pretende es reducir o aumentar el gasto, hacer reformas o no hacerlas, fomentar el empleo o subvencionar el desempleo...

El déficit del sector público en 2009, con ser enormemente abultado, se halla a mucha distancia de las dramáticas cifras de 1849. En el pasado, sin embargo, se pudo combatir y la estabilidad fue notable por un tiempo. No se trata de que los parados no tengan protección o de eliminar toda ayuda a las empresas. No hay que reducir el gasto porque sí, sino porque sería beneficioso para el país y para su futuro, si no se quiere acabar como Grecia, país que, sí, merece ser invadido –de nuevo— por Alemania. La pregunta es si en adelante el modelo a seguir será el de Bravo Murillo y sus economías o el de Elena Salgado y su falta de autoridad.

4 comentarios:

Alfredo dijo...

Hoy es domingo: prepárate para lo que viene mañana según el Financial Times: "los mercados listos para castigar a España" -- pero, aquí no pasa nada ya sabes.

Hay que registrarse pero busca en google:

"markets poised to punish spain" -- es de hoy.

Por lo demás, ya sabes lo que opino.

Anónimo dijo...
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Navas dijo...

Hola, tienes un buen blog por aquí. He llegado a través del blog de Alfredo. Enhorabuena por la labor que estáis haciendo con el liberalismo y la justicia en este país.

Suerte con OLJE.

Saludos

Anónimo dijo...
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