Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, noviembre 22, 2009

LA ROSA AZUL DE YUKIO HATOYAMA

Si a uno le interesa la política, a veces conviene alejarse del escenario nacional, no precisamente halagüeño y ya muy abarrotado de mediocres, cobardes y pesqueros, y buscar inspiración fuera de la asfixiante piel de toro. No necesariamente con la intención de alabar en exceso lo extranjero y denostar siempre lo propio, sino para descubrir cómo han sucedido los cambios políticos en otros países y qué cauces sigue su política.

En España se sabe poco acerca de Japón. Para empezar, no es China. Son culturas e historias distintas. Japón es hoy una democracia, una monarquía parlamentaria no muy distinta de la española, mientras que China está lejos de eso.

Japón ha sabido aunar tradición y modernidad: ha tomado lo mejor de Oriente y de Occidente para así convertirse en la segunda potencia económica mundial. Desde la Restauración Meiji (1868-1912), Japón siempre se ha fijado en Occidente con el propósito de mejorar, un dato que a mí me parece fundamental y digno de alabanza.

Los políticos japoneses, sin duda, son tan dados a las camarillas y a las facciones como otros, pero otorgan un gran valor a la honradez, la responsabilidad política y el trabajo bien hecho. Son el fiel reflejo de una sociedad que considera deshonroso no trabajar y que cada uno debe ser responsable de sus actos.

Soy un declarado admirador de Junichiro Koizumi, primer ministro desde 2001 a 2006, cuando renunció, y miembro del Partido Liberal Democrático, que hasta septiembre de 2009 había gobernado Japón de forma casi ininterrumpida desde 1955 (excepto entre 1993 y 1994). Koizumi fue un político carismático y emprendedor que quiso llevar a cabo profundas reformas liberales (verbigracia, la problemática privatización del servicio postal público) y dotar a su país de una nueva relevancia en política exterior, por lo que se alió con George W. Bush y envió a Iraq a las Fuerzas de Autodefensa de Japón. Tras su dimisión, ninguno de sus sucesores estuvo a la altura, ni siquiera el adusto Taro Aso, y el desgaste del partido era ya demasiado acusado en unos momentos, además, de bajón económico.

Aquí hace acto de presencia Yukio Hatoyama, de sesenta y dos años. El Partido Democrático de Japón, gracias a la fuerte personalidad de su líder y a una exitosa campaña, cosechó una histórica victoria en las urnas el pasado 30 de agosto, obteniendo nada menos que 308 miembros de la Cámara de Representantes. El flamante primer ministro Hatoyama no puede ser calificado, a priori, de socialista o izquierdista. Es posible llamarle progresista de centro. En Japón, la verdadera izquierda son los comunistas.

Yukio Hatoyama ha prometido una política de fraternidad hacia otros pueblos y parece ser combativo en el aburrido tema del cambio climático. Lo cual no es desconocido en España, ahora que tanto se habla de la Alianza de Civilizaciones y de una futura Ley de Economía Sostenible. Empero, el eje fundamental de su discurso, de su manifiesto electoral, ha sido la renovación de las instituciones y la lucha contra la cancerígena burocracia que paraliza Japón. Aunque vaya a emprender programas de gasto social, no tiene previsto subir los impuestos, sino reducir el volumen de la administración. Personalmente, doy un voto de confianza a Hatoyama en la esperanza de que no llegue a tener semejanza alguna con Zapatero. Aun así, nadie sabe cómo se desenvolverá su Gabinete y su acción política, ya que los retos son grandes.

Hatoyama me cae bien, es un tipo bastante activo y enérgico, de aspecto excéntrico, y me hacen gracia sus ojos saltones, su estrafalario peinado y sus corbatas amarillas, doradas y plateadas. El desparpajo y lo nerd al poder. Y planea bien sus gestos. En el marco de su gira asiática, Obama se reunió con él en una cena privada. Allí, el Primer Ministro le regaló al Presidente una rosa azul desarrollada por una compañía japonesa (bella referencia, por cierto, a las rosas azules de los villanos en la serie Blood+). Como saben, se pensaba que era imposible crear una rosa azul hasta que esa compañía lo ha logrado después de 14 años de investigación. El mensaje de Hatoyama para Obama fue que, así como se ha podido conseguir lo imposible con una rosa, trabajando juntos ellos también pueden hacerlo en el mundo. Con Obama de por medio, suena cursi, pero el mensaje en sí es ambicioso y poderoso.

2 comentarios:

octopusmagnificens dijo...

Bush y Koizumi han estado juntos a principios de mes en Tokio, en un partido de béisbol: Former US president George W. Bush (centre R) smiles with former Japanese prime minister Junichiro Koizumi (C) before taking part in the ceremonial first pitch for the Japan Series professional baseball match between the Yomiuri Giants and Nippon Ham Fighters at the Tokyo Dome stadium on November 3, 2009

El Espantapájaros dijo...

Octopus:

Gracias por la información y foto, que es fantástica. La amistad entre Koizumi y Bush fue verdaderamente provechosa y veo que la han mantenido tras abandonar el poder. Koizumi se conserva bastante bien a pesar de su edad. Él ha sido uno de los pocos que, como diputado, continuó defendiendo los principios liberales de su partido.

También es curiosa la afición de los japoneses por el béisbol. Ellos saben en quién fijarse.