Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, octubre 25, 2009

Y RAJOY SE FUMÓ A SALGADO

Hay personas que no saben perder, personas que quieren siempre pan y perro. Dentro del Gobierno de sinvergüenzas que padece España abundan los ejemplos. Elena Salgado, Vicepresidenta económica, es uno. Estuvo nefasta en el debate de totalidad sobre la Ley de Presupuestos Generales del Estado: tanto por el infumable contenido de los mismos como por la forma en que los defendió. Mucho presumieron los progresistas de esta dama de hierro de palo, con dos licenciaturas, ancha experiencia, afán de prohibir, represora, enemiga de las hamburguesas..., y al final resulta que la temible señora es una oradora polvorón, incapaz de apartar la vista de sus papeles, y que balbucea y tiembla cuando los de la oposición se ríen de ella, única reacción honesta ante su discurso.

Lógicamente, Rajoy, esta vez brillante, agudo, la trató como lo que es: una marioneta de Zapatero, un florero progresista. Y no lo hizo porque fuera mujer, pues su actitud fue la misma que con Solbes en el pasado. Lo hizo porque Salgado, al margen de aportar los técnicos del Ministerio de Economía y Hacienda, no pinta nada en la elaboración de los PGE, cuyos autores intelectuales hay que buscarlos en La Moncloa, en Zapatero y su infame oficina económica. ¿Alguien en su sano juicio puede pensar que Salgado equivale a Rodrigo Rato durante las dos legislaturas de Aznar? Hasta el muermo de Solbes tenía más protagonismo y margen de opinión. Por consiguiente, es completamente normal que el líder de la oposición prefiriese dirigirse a Zapatero antes que a Salgado, que no es más que un parapeto.

No hay machismo que achacar a Rajoy, y las reacciones airadas de eximios progresistas, empezando por la de la derrotada, son excusas de la peor especie. Ya que no se ganó el debate, al menos crean sospecha sobre el adversario. Pero como la acusación es más que peregrina y resobada, al final la mayoría la ve como una manera de no hablar de la pésima actuación de Salgado. Que se aguante la señora y que aprenda a debatir.

En cualquier caso, los PGE son malos y alejados de la realidad, nada nuevo bajo el sol de Zapatero. Más gasto, más sopa boba y subida de impuestos. Y cómo no, Salgado se descolgó con los típicos argumentos socialistas, aduciendo que lo público es superior a lo privado. Si es así, que empiece por donar su no escaso patrimonio a las arcas del Estado, que hay mucha necesidad de ingresos.

2 comentarios:

Alfredo dijo...

Pues sí, sólo le quedaría donar su patrimonio porque su cerebro no vale nada.

"Mucho presumieron los progresistas de esta dama de hierro de palo, con dos licenciaturas, ancha experiencia, afán de prohibir, represora, enemiga de las hamburguesas..., y al final resulta que la temible señora es una oradora polvorón, incapaz de apartar la vista de sus papeles, y que balbucea y tiembla cuando los de la oposición se ríen de ella, única reacción honesta ante su discurso."

Exacto - yo escuché el debate, desgraciadamente, y perdió, aburrió y es, en definitiva, un florero. Esos son los efectos de la discriminación positiva versus el mérito, que mérito para debatir no lo tiene.

¿te la imaginas en la Cámara de los Comunes en el Reino Unido? No vive para contarlo.

GUIS dijo...

Y cree usted que sirve para algo????. Salvo para usted y cuatro mas, la nececedad ministerial es ajena al populacho