Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







sábado, octubre 31, 2009

EL TONEL DE RAJOY

La crisis desatada en Caja Madrid y la corrupción, junto con otras mil disputas internas, estaban sacudiendo los cimientos del Partido Popular, y Mariano Rajoy, su líder, había tenido que soportar mil agravios de hombres como Gallardón. A pesar de ello, resistía todo envite y no acababa de dar el puñetazo en la mesa que muchos reclamaban. Era un señor paciente y tranquilo que incluso confraternizaba más con quienes con más ahínco deseaban aprovecharse y librarse de él...

Fue a la hora del crepúsculo, en Halloween, cuando se encontraron Rajoy y Gallardón en casa del primero. El alcalde saludó con gran efusividad a Rajoy, abrazándole y besándole en la boca. Se notaba que estaba bebido: le delataba el olor a alcohol y su excesiva alegría. Iba el alcalde disfrazado de vampiro, pues aquella noche tenía planeado recorrer la ciudad e ir de puerta en puerta pidiendo dinero a los madrileños. Si no se sometían, tendrían que soportar sus empalagosos discursos acerca de la solidaridad, la justicia social y la necesidad de las obras públicas. El disfraz de vampiro era, por tanto, el más adecuado.

Un Rajoy relajado y satisfecho se sentó en su sillón de orejas preferido y Gallardón hizo lo propio. Frente a frente, se sonrieron. La tensión de los días anteriores parecía haberse disipado. Al fin y al cabo, el objeto de esa cita era limar asperezas entre ambos. Gallardón desplegó sus encantos e hizo algunas preguntas de cortesía a su anfitrión. Por efecto del vino se le habían subido los colores a la cara, lo que no casaba muy bien con la palidez de un vampiro.

Gallardón hablaba atropelladamente, con la lengua estropajosa, y ya estaba aburriendo a Rajoy, que decidió, por una vez, tomar la iniciativa.

--Fumemos un puro –invitó Rajoy--. Como ves, mi esposa y mis hijos no están en casa y no les molestaremos; han salido a celebrar la fiesta. Ojalá tiren huevos contra La Moncloa.

Gallardón rió de buena gana. Le entró hipo.

--Que sea éste el puro de la paz –proclamó, grandilocuente--. No más peleas ni rencillas, Mariano... –Aquí tuvo que hacer una pausa hasta calmar sus hipidos--. El viaje al centro debe completarse y, con nuestros esfuerzos unidos, lo conseguiremos. El PP puede ganar las elecciones siguiendo las recetas de Arriola y mis guiños a la izquierda. Eso sí –añadió--, lo que está haciendo Aguirre con Caja Madrid es de vómito.

Una sombra cruzó el rostro de Rajoy.

--Pensaba que eso lo había dicho Cobo, no tú.

--Con el paso del tiempo, y después de que me haya servido bien, he aprendido a hablar a través de Cobo y éste a aceptarlo. ¡Todo por su amo! –explicó Gallardón.

Ambos saborearon durante unos minutos el puro y una copa de coñac, mientras el espeso humo se expandía por el salón, decorado con gusto y clasicismo. Al calor del fuego de la chimenea, aquel lugar era acogedor y hogareño. Ya había anochecido y de las calles les llegaba el griterío de los chiquillos que salían a pasarlo en grande.

--Mariano, ya sabes el afecto que te profeso –volvió a la carga Gallardón con voz engolada--, y creo sinceramente que tanto tiempo al frente del partido, soportando los problemas que has soportado, con dos elecciones perdidas a cuestas, te ha pasado factura. No me digas que no te gustaría regresar a tu plaza de registrador en Santa Pola y olvidarte de la tropa del PP. Pasarías más tiempo con tu familia, te echarías más siestas... Lo que necesitamos es un líder natural, no alguien sin, ejem, carisma y empuje... ¿Me entiendes?

--No sé –repuso Mariano, sin mirar directamente a los ojos enrojecidos de Gallardón--. No estoy seguro de qué hacer, pero tengo alguna idea...

--¿De veras? ¿Podrías compartirla conmigo?

El líder del PP esbozó una sonrisa.

--Muy pronto. Pero antes quiero que bajemos a mi bodega, para que cates un gran reserva que me han regalado. Tú eres de buena familia, Alberto, y conozco tu gusto por los buenos caldos. Así podrás salir más animado a cumplir tu misión recaudatoria de esta noche.

--Estoy de acuerdo. Aún puedo demorarme un rato más aquí. Pero ten cuidado con esos obsequios... Ya sabes lo que pasa.—Gallardón guiñó un ojo torpemente--. Aun así, no seas demasiado duro con los pijos y mediocres de Camps y su pandilla. Son parte de la marca electoral del PP.

El anfitrión se limitó a sonreír con condescendencia.

Descendieron a la bodega de la casa, una cripta amplia y húmeda con bastas paredes repletas de botellas.

--No sabía que tuvieses una bodega tan grande –comentó Gallardón, tomando en sus manos una botella. Se estremeció bajo su siniestra capa negra --. ¡Vaya, qué interesante!

Rajoy hizo un gesto con la mano que invitaba a que la probase. Las luces de la bodega titilaron. Gallardón no esperó más y pronto estaba bebiendo del cuello de la botella, con hilillos de vino resbalándole por la barbilla.

--¡Soberbio! –exclamó, ya agotado el contenido de la botella, y palmeó la espalda del gallego con cariño--. No obstante, quiero suponer que me guardas una sorpresa aún mayor.

--Desde luego, mi querido amigo, desde luego. Avancemos un poco más.

Así, bajaron unas escaleras que daban a una zona de la bodega que necesitaba de una reforma: la iluminación era mala y las paredes casi se caían a pedazos. Gallardón se paró ante un enorme tonel sobre el que había una copa rebosante de un vino de intenso color rojo. De nuevo, Rajoy se lo ofreció.

--Bebe, por favor.

Gallardón alzó la copa, ebrio de alcohol y felicidad, y los ojos le brillaron con malicia.

--Brindo –dijo— por los cadáveres políticos que vamos a dejar a nuestro paso, amigo Mariano. Empezando por todos esos liberales de pacotilla... ¡La Moncloa será nuestra gracias al centrismo!

--Y yo, por que llegues a lo más alto.

Tras la degustación, Gallardón reparó en un escudo heráldico que colgaba de la pared. Un hombre barbado y de oro recostado en una butaca, sobre fondo azur, descansaba como si se tratase de un dios antiguo y polvoriento.

--¿Orígenes nobles tú? –se extrañó Gallardón--. ¿Cuál es tu lema?

--Santo Job sólo hubo uno en la Historia.

Con aire pensativo, Gallardón cogió una botella al azar y la vació de un trago, mientras Rajoy le señalaba el final de un pasillo oscuro y lleno de telarañas y escombros donde las paredes se estrechaban hasta desembocar en una suerte de nicho excavado en la roca.

--Al final está el gran reserva prometido. Es un magnífico amontillado que te resultará delicioso.

Gallardón se frotó las manos.

--Allá voy.

Rajoy le siguió lentamente hasta que el alcalde tropezó con el final del nicho, punto en el que trató de descubrir dónde estaba el tonel mediante una linterna de bolsillo. Rajoy aprovechó ese momento de confusión para encadenarle a unas argollas de hierro instaladas en la pared.

Gallardón se volvió, sorprendido, pero sólo emitió un balbuceo. Al momento siguiente, Rajoy comenzó a tapiar el estrecho nicho con Gallardón dentro, empleando ladrillos, cemento y paleta extraídos de un recoveco. Cuando ya casi había levantado la mitad de la pared, el alcalde, menos embriagado, intentó quitarse las cadenas: su alegría se había esfumado y su rostro desgastado por los excesos traslucía temor.

--¿Qué estás haciendo, amigo mío? ¿Dónde está el amontillado? Esto será una broma, ¿no?

Impasible, Rajoy continuó apilando ladrillos y aplicando cemento.

--¿Acaso es hoy el Día de los Inocentes? –dijo finalmente--. Parece que no.

--¿Por qué haces esto? –Gallardón rompió a llorar--. ¡Yo merezco otro trato!

--¿Recuerdas el Caso Naseiro? ¿Cuando en 1996 intentaste convertirte en presidente de un Gobierno de salvación nacional en detrimento de Aznar? ¿Cuando te sentías a gusto siendo un verso libre dentro del partido? ¿Cuando justo antes de las elecciones de 2008 me amargaste la vida con tu ambición de ser diputado? ¿Cuando tuve que viajar a Copenhague y sufrir el chasco de Madrid 2016? ¿Cuando, mas recientemente, hube de soportar tus maniobras en Caja de Madrid y que me dejases en ridículo? Además, eres un coñazo de tío. Fíjate lo que es la vida que, acerca de todo ello, vas a poder reflexionar mientras buscas el amontillado.

Los gritos de Gallardón inundaron la bodega, pero nadie más que Rajoy los escuchaba. Silbando, completó la pared y, a continuación, construyó otras dos más. Gallardón había quedado emparedado. Ya no gritaba ni se quejaba.

De repente, de las profundidades del nicho surgió una carcajada escalofriante. A Rajoy se le erizaron los pelos de su barba canosa.

--¡Ja, ja, ja! Vamos, Mariano, basta de tonterías. No puedes librarte de mí así. No puedes prescindir de mis contactos con PRISA ni de mi fuerza electoral. Me necesitas para llegar a La Moncloa.

--No me tentarán más tus cantos de sirena –replicó el otro, y encendió un puro. Suspiró de cansancio--. Tus traiciones y delirios de grandeza terminan aquí y ahora.

--¡Por el amor de Dios, Mariano!

--¡Sí, Alberto, por el amor de Dios!

Pero éste ya no respondió más. Al otro lado del triple muro de ladrillo tan sólo se oían extraños murmullos. Rajoy sacudió el polvo de su bata, dio una calada al puro y se alejó por los pasillos de la bodega, preguntándose de dónde provendría ese insistente tintineo que taladraba su cabeza...

Eran las ocho de la mañana del 31 de octubre de 2016. Hacía frío. Rajoy apagó el despertador, bufando. A sus sesenta y un años, tenía que ir al Registro de la Propiedad a enseñar el oficio a sus nuevos subordinados y arreglar unos asuntos. ¡Qué aburrimiento! Al levantarse de la cama, cayó al suelo el libro que había estado leyendo hasta que le entró sueño: Cómo lo hice. Mi primera legislatura como Presidente socialista, de Alberto Ruiz-Gallardón.

--¡Santo Job, si hubiese tenido este sueño antes! –dijo Rajoy, molesto.

Y se rascó la barba con gran disgusto antes de dirigirse al cuarto de baño.
 
Que Edgar Allan Poe me perdone y que Rajoy me escuche. Feliz noche de Halloween.

18 comentarios:

Claudedeu dijo...

Excelente narración. Cómo he disfrutado viendo a Alberto en el nicho. Y la verdad, ya podía haber tenido Mariano ese sueño antes. Que de vez en cuando tiene que dar un buen puñetazo en la mesa para que se asusten unos cuantos, Santo Job.

Alfredo dijo...

Muy buena calidad en tu escrito, como siempre...me enganché al relato y da la casualidad que he entrado a tu página hoy en estos momentos fumándome un purito de esos Reig 7 que tanto molestan a algunos -- ya sabrás supongo a quien me refiero.

Para mi Gallardón sí que tiene pinta de Vampiro, pero todo el año.

Es impresionante el parecido que tiene con Dracula.

Saludos

Samuel dijo...

¡Qué gracioso personaje de ficción sería Rajoy! Casi entran ganas de votarle, pero claro, al del sueño, no al otro, al verdadero. Se diría que es una especie de lord inglés que sabe deshacerse de sus enemigos con elegancia y crueldad, como debe hacer todo hombre de la política. ¡Y qué pardillo el engolado Gallardón!

Ciertamente, si el PP no se renueva, la vieja guardia acabará envejeciendo y degenerando. Ésta iba a ser una legislatura corta, pero me temo que a Rajoy se le está haciendo muy larga. Yo no sé si Gallardón obedece a una estrategia o es incapaz de contener sus berrinches, pero lo que es seguro es que lo tiene muy fácil: cuanto más ponga a prueba la "paciencia" de Rajoy, que ya empieza parecer tozudez, más votos perderá el PP y por ende más fácil será llegar a convertirse en candidato. El paso intermedio, que en cierto modo le seduce, es tener a Zapatero cuatro años más en La Moncloa.

Un saludo.

El Espantapájaros dijo...

Claudedeu:

Gracias. El problema es que Rajoy parece más dispuesto a emparedar a Aguirre antes que a Gallardón. Por lo demás, era necesario que Rajoy pusiese orden en el partido, es su deber como presidente nacional, y lo deseable para que el PP sea alternativa al Gobierno.

Alfredo:

Espero que hayas disfrutado del relato fumando el puro, je, je. Gallardón está chupando la sangre a los madrileños, de ahí su mote de Ruiz-Vampirón. Te recomiendo que recurras la tasa de basuras: hay un recurso circulando por ahí que te puede valer.

Samuel:

Sí, la verdad es que un personaje como Rajoy daría para mucho. Esas sentencias e ironías que a veces le salen, junto con su estilo de vida y de hacer política, le confieren el toque de lord inglés del que hablas. El Rajoy del sueño es el de la vida real sin unas cuantas ataduras, con un poco más de valor y criterio y sin la paciencia del Santo Job. Pero Gallardón está demasiado protegido y, como he dicho, Rajoy prefiere que le apuñale éste antes que lo haga Aguirre. Y a mí Gallardón me parece nefasto y socialista, y además bastante llorón.

La cuestión es que el PP tiene problemas y vías de agua por todos lados. Hasta ahora van sirviendo los parches, pero ya se verá que ocurre en 2010 y 2011. Además, esta por ver que presente un proyecto realmente ilusionante y regenerador.

Los delirios de Gallardón siempre esán ahí, aunque de momento Rajoy aguanta. A mí ya me parece mítica su resistencia, que ya van cinco años de lo mismo (unos peores que otros, claro).

Un saludo.

Alfredo dijo...

Sí, he visto el recurso y estoy en ello. Lo irónico es que yo estaría a favor si tuviésemos la tasa municipal por servicios, y no el IBI. Pero esto es una doble imposición: es una tasa + IBI. No es de recibo.

free dijo...

Espantapájaros, debo felicitarle por su buen relato de Halloween. He pasado un buen rato leyéndolo y me ha sorprendido bastante el final, no voy a negarlo. Ha descrito tan bien la escena que es imposible no imaginarse a Mariano con una bata granate, las zapatillas de andar por casa y un buen puro poniendo un ladrillo sobre otro. O mucho me equivoco o me parece que su relato va ser lo más cerca que vayamos a estar de ver a Mariano llevando a cabo semejante hazaña. En lo que respecta al PP no debemos pasar por alto que Rajoy se encuentra condicionado por la situación ideológica actual que vive España, por la situación ideológica de su partido y por su propia ausencia de liderazgo.

1. Situación ideológica actual que vive España. En este punto hay que tener en cuenta que se está confirmando lo que yo me venía temiendo hace tiempo y es que el PSOE tiene una gran influencia ideológica y narcotiza y anestesia a la sociedad como nadie en cuanto llega al poder. El PSOE más que un partido político es una Engendro Camaleónico Indestructible y Anestésico. Es como Atila, por donde pasa no vuelve a crecer la hierba. ¿Cómo es posible que Extremadura y Andalucía, a la cola de todos los indicadores sociales de España, les siga votando? Pues precisamente por eso, porque se introduce en todos los entresijos de la sociedad y es tan pegajoso que luego no hay manera de despegarlo y además son maestros en el uso de la propaganda y en eso de “dramatizar” que tan bien le explicaba ZP a Gabilondo. El PSOE es capaz de ver cómo el PCE soportaba todo el peso de la represión franquista y luego se llevaban ellos todos los votos, es capaz de decir al mismo tiempo OTAN sí y OTAN no, de atacar en el 34 a la República mientras decían identificarse con ella y defenderla a ultranza y es capaz de pasarle al mismo tiempo la mano por el lomo a Botín y de camelar a los sindicatos y dar un discurso decimonónico puño en alto a unos jornaleros de Andalucía sobre la explotación de los malvados patronos y de los neocons-ultraliberales. La influencia es tal que la desintoxicación se antoja prácticamente imposible y, en caso de conseguirse, quedan secuelas; y es con esas secuelas con las que debe convivir Mariano. Es cierto que Aznar derrotó al PSOE en el 96 pero no debemos olvidar que fue por un estrecho margen y con una situación tan lamentable de España que hasta IU zurraba a González. En cuanto el PSOE vio que lo de Aznar iba en serio y que les podía desmontar el chiringuito volvieron a levantarse y llegaron al poder con ya sabemos qué mañas (…) El caso es que tras 8 años de zapaterismo Rajoy debe tratar con una sociedad PSOEizada o zapaterizada y no puede ir de frente con un discurso como el de Aznar o Aguirre porque desgraciadamente perderá. Perderá estrepitosamente. El cambio debe ser sutil y pillar a la progresía desprevenida, de lo contrario el PP que se olvide. Las cosas por desgracia son así y el PP debe jugar con ese hándicap, y eso debe entenderlo el ala más a la derecha del PP: su discurso sería rechazado por la sociedad española actual aunque no fuese así en el año 2000. Personalmente mi candidato perfecto sería RATO.

(CONTINUACIÓN...)

free dijo...

(...CONTINUACIÓN..)

2. La ausencia de liderazgo de Rajoy. Precisamente por eso, porque la sociedad española actual está zapaterizada, el PP debe ser inteligente, saber jugar con las mismas cartas que el PSOE y eso Rajoy me temo que no sabe hacerlo. Salvo que la situación de España sea francamente desesperada, si Rajoy vuelve a jugar las cartas como él acostumbra volverá a perder porque es un hombre sin gancho, sin carisma, sin fuerza aunque honrado y de buena voluntad. Aguirre tiene carisma, aunque su discurso causaría rechazo en España actualmente, como acabo de comentar. Gallardón tiene carisma; Rato tiene prestigio y es el más inteligente de todos con diferencia. Incluso el lamentable ZP tiene más carisma y sabe llevar a la gente a su terreno. Obama también tiene carisma, aunque yo no sea partidario de sus políticas, y Felipe González también. Pero Mariano… ¡ay Mariano! Yo no dudo que serías un gran presidente del Gobierno pero desde luego de líder carismático no tienes nada.

(...CONTINUACIÓN...)

free dijo...

(...CONTINUACIÓN)

3. La situación ideológica del PP. Y quizá éste sea el punto más complicado de manejar para el PP, incluso más que pelear contra todo el tinglado de la izquierda. ¿Qué ideología tiene el PP? Ni se sabe, o todas, o ninguna, o según el caso. Esto no es malo para el PP si se sabe utilizar desde un discurso ambiguo e integrador ya que, según creo yo, y basándome en la situación que comentaba anteriormente, ésta es la única forma que tendría el PP de llegar actualmente al poder, es decir, haciendo que la mayor gente posible se sintiera identificada con alguien del partido. Así, sumando Gallardonistas, Aguirristas, Campsistas, muchos desencantados por la crisis y algún que otro Marianista se podría conseguir un buen puñado de votos que les permitiría gobernar por los pelos, y eso es bueno para el PP. Pero ¿Es bueno para España? Yo les confieso que a mi modo de ver no. Pienso que el PP se ha convertido más bien en el anti-PSOE que en un partido con ideología propia. La izquierda (y que me disculpe el que se sienta ofendido) es una ideología que aglutina gente con menos formación que la derecha, sin pasar por alto que gente preparada e ineptos los hay en ambos lados. Pero yo al menos pienso así, que la izquierda se alimenta, además de alguna gente con criterio, de adolescentes, subsidiados, bohemios, gente que se cree el cuento de la derechona dirigida por neocons malísimos que quiere eliminar “conquistas sociales” y otros que se piensan que el PSOE es el partido de la gente “que menos tiene”. Sin embargo en la derecha hay más análisis y crítica ideológica. Yo por ejemplo me considero liberal en lo económico, y liberal en lo social, agnóstico, a favor de una ley de plazos del aborto, de listas abiertas etc. Y en estas elecciones puede que vote al PP o puede que me quede en casa. Y en caso de que lo haga podría votar lo mismo que un liberal en lo económico y conservador en lo social o que un demócrata cristiano que sea creyente, contrario al aborto y partidario de una economía más proteccionistas (doctrina social de la iglesia). Y entonces es cuando surge el problema de las divisiones. Lo que es bueno para el PP no tiene por qué ser bueno para España y el PP puede que llegue un momento que no se pueda estirar hasta esquinas tan separadas, o que al intentarlo se rompa como sucedió con la UCD. Puede que no fuese tan malo que hubiese, como sucede en Alemania, un partido democristiano y otro liberal, partidos que han formado recientemente coalición en ese país. No necesariamente la existencia de un tercer o de un cuarto partido debe ser mala para España; eso permitiría depender menos de los nacionalistas, reducir la crispación política (que la hay, y mucha) y suavizar las políticas de gobierno de los dos grandes partidos. Imagínense que ZP para gobernar tuviese que pactar con un partido de centro o social-liberal, o que Aznar, cuando empezó a desvariar se hubiese visto condicionado por otro partido. Yo personalmente no soy en absoluto partidario del bipartidismo, pero el PP y el PSOE es obvio que sí ya que, a menos votos, menos amiguetes que viven del cuento.

Un saludo a todos.

El Espantapájaros dijo...

Free:

Gracias. Ha hecho, además, un magnífico análisis de la situación de España y del PP que ha de quedar como referencia y que quiero comentar:

1.Situación ideológica actual. Tiendo a pensar que en política nada es irreversible, que al final cualquier opción acaba desgastándose y tiene que dar paso a otra durante un tiempo. Es lo propio de la democracia. Tal vez haya casos en España verdaderamente llamativos, como el de Andalucía, Extremadura y, en menor medida, Castilla la Mancha. Pero no son en modo alguno casos perdidos para el PP. Probablemente es verdad que existe una masa de votantes del PSOE profundamente sectaria y adocenada, que entre subvenciones y anteojeras ideológicas siempre vota a lo mismo; pero no actúa en toda España y puede acabar desencantada. Nuestra sociedad está ahora mismo narcotizada, idiotizada y manipulada por el PSOE y la progresía, ya que básicamente manejan los medios, el mundo de la cultura, la propaganda... Le podría dar ejemplos de personas que en cuanto a formación personal no son precisamente paletos pero que en cuestiones políticas son absolutamente pueriles y absurdos, ignorantes. Hay que contar con eso. A pesar de todo, me niego a creer que sea algo inevitable e imposible de cambiar. Ni Zapatero ni el PSOE son imbatibles.

Lo cual me lleva a su afirmación de que el PP tendría serias dificultades presentando un programa claramente liberal, encabezado por, digamos, Aguirre. Mire, está claro que no se trata de ir gritando por ahí que hay que abaratar el despido y cosas similares, y que usted tiene razón cuando cuestiona que haya que ir siempre de frente. Sin embargo, creo que una campaña basada en la regeneración democrática, en una bajada de impuestos, en una reducción del tamaño de la Administración, en una política exterior alejada de las tiranías, en una defensa de los derechos pisoteados por los nacionalistas, etc., y con una Aguirre diciendo las cosas claras y pateándose España, no sería rechazada tan fácilmente, contando, por supuesto, con todas las advertencias del PSOE de que viene la derecha, que es muy mala, con las películas de los titiriteros, con los manifiestos, con los sindicatos oficiales, etc. Considero que ése es un programa que puede apoyar sin problemas un liberal. Aznar lo hizo en 1996 y le salió bien, eso sí, ante un PSOE en bancarrota y del todo desprestigiado y en un país en crisis económica. Hoy España está en una situación económica aún peor. Lo que yo no quiero es que si gana el PP en 2012 se vaya a dedicar a la cosmética en lugar de a hacer reformas necesarias.

(Continúa)

El Espantapájaros dijo...

2. El liderazgo de Rajoy. Comparto lo que expone aquí: Rajoy sería un buen presidente del Gobierno pero es un mal candidato. Desde luego, aún es capaz de controlar el PP y ha resistido de todo, pero eso no basta para ganar unas elecciones. Desde hace un tiempo sostengo la teoría de que Rajoy bien enloqueció y cree que ganará a la tercera, bien sólo pretende ganar tiempo para asumir todo el desgaste y que al final le sustituya alguien mejor. Con todo, últimamente está tomando cuerpo la posibilidad de que llegue a ganar las elecciones, en vista del abismo al que va directo este país. Carisma no tiene, pero ha tenido momentos mejores que el actual (2006-2007).

3. Ideología del PP. A mi juicio, no tiene ideología, es una amalgama de tendencias y puede inclinarse más hacia un lado u otro en función de quién lo dirija y cómo lo haga. Es un partido empresarial de altos funcionarios que cada vez tiene menos claro qué defiende y por qué. No me gusta la discusión acerca de los grandes principios y valores. Los partidos políticos han de ser relativamente pragmáticos y adaptables, no depositarios de dogmas y verdades reveladas.

Es muy difícil que surja un tercer partido fuerte. UPD fue un buen experimento hasta que la cosa empezó a fallar. A lo más que peuden aspirar es a una representación testimonial.

Un saludo.

Alfredo dijo...

Discrepo con una parte de lo que ha dicho Espantapájaros sobre los partidos políticos. Si bien es cierto que un partido político tiene que ser adaptable, no debería prescindir de su identidad. Un ejemplo de esto es el Partido Conservador británico: por supuesto que no es comparable un partido con siglos de Historia a un partido mediocre como es el PP. Pero yo creo que un partido sí tiene que tener grandes ideales y sobre todo, una identidad.

Yo, como patriota, no regalo mi voto a cualquiera y aunque es cierto que el PP es "mejor", en términos estéticos, que el PSOE (porque la base del PP está compuesta de mejor gente que el PSOE) ,no me ilusiona como partido, ni me interesa casi nada de lo que "defiende" ni cómo se comporta. En el PP solamente hay dos personas que valoro: Aznar y Aguirre...aunque incluso estoy más cerca de Aznar que de Aguirre.

Free:

Mire no nos vamos a engañar. Estoy totalmente de acuerdo con lo que dice de que la sociedad española está "zapaterizada." A mí me gustaría ver una reforma profunda de la Ley Electoral y aunque esto no quede muy bien decirlo, si tuviésemos cierta descentralización de poderes o comisiones en España, yo exigiría lo que se hace en EEUU: que todo votante tiene que estar en una lista aparte, en un registro del censo electoral y como ocurre en algunos estados, pagar una tasa por el carnet de votante. Ya bien sé que eso es anticonstitucional en España y sólo lo menciono porque me gusta aquel sistema - allí los reos tampoco pueden votar.

El problema del zapaterismo en España es precisamente la cantidad de gente indeseable que le vota. Con todo mis respetos a los socialistas de edad mayor, que debido a las secuelas de la guerra no pueden entender votar a partidos liberales o de derechas. Respeto a los socialistas "viejos", esos no cambian. Pero hay una especie de nuevo socialista: el delincuente, el vago, el terrorista, el nacionalista, el inmigrante ilegal, todos estos grupos son potencialmente votantes del PSOE porque les conviene. La izquierda siempre ha vivido, y sobre todo hoy en día, de la morralla. Yo creo, free, que en España la cosa va por barrios y CCAA. Hay muchos españoles de bien que no tienen nada que envidiarle al americano más derechista. Lo que pasa es que, ya desde los tiempos de Quevedo, en España hay mucho plebeyismo y les gusta hacerse notar.

Alfredo dijo...

@Espantapajaros:

Con respecto a la Aguirre pateandose España, sí y no. Conozco a todo el país y me temo que quitando C.Valenciana y Madrid, Aguirre no conecta en el resto del país. Es una pena pero así está la cosa. La verdad es que últimamente me estoy dando cuenta de algo que jamás pensé que iba a afirmar pero "La España profunda" me asusta mucho.

free dijo...

En este caso yo estoy más de acuerdo con Alfredo. Pienso que un partido debe tener una identidad y unos valores con los que se identifiquen los votantes sin perjuicio de que su discurso pueda adaptarse a las circunstancias. Me temo que el PP no se ajusta en este momento a esa definición sino que más bien es un conjunto de votantes anti-PSOE con ideas muy diferentes entre sí y eso no es bueno del todo.
Si pretendes agradar a todos puede que no convenzas a nadie y esa ambigüedad puede llevar a perder votantes por ambos lados que opten por la abstención. Yo estoy seguro de que la ambigüedad actual del PP no gusta ni a liberales ni a conservadores ya que ninguno se siente plenamente identificado con el discurso (o con el no-discurso) actual. Sí, es posible que esa gente vote al Partido Popular, pero no porque quieran que gane, sino porque prefieren que no gane el PSOE y además pueden optar por la abstención en caso de que el discurso ambiguo y la corrupción política les quite las ganas de ir a votar si no están plenamente identificados con un discurso. No somos pocas las personas que estamos desconcertadas con la tendencia actual de los populares, más que nada porque no tiene ninguna, su política se basa en el buenismo, en la corrección, en parecer poco de derechas no sea que les llamen ésto o lo otro. Parece un partido traumado, sin norte y sin fuerza. Como decía, y como comparto con Alfredo, un partido debe tener ideología definida y valores propios porque de lo contrario perdería votantes que se quedan en casa y en caso de bipartidismo eso es fatal ya que esos votantes podrían desembocar en un partido afín, pero no el mismo, con el que se podría pactar y a la larga llegar al mismo punto, pero consiguiendo más mayoría al arañar más votos. Cuatro + dos no es igual a cinco, no sé si me explico. Si el PP optase por un discurso democristiano bien definido y asentado conseguiría los votos de toda la gente que se identifica con ellos. Y lo mismo sucedería con un partido liberal. Si ambos formasen coalición obtendría más votos juntos que si un partido acudiese por separado porque la ambigüedad de su discurso ahuyentaría votantes del ala más democristiana y del ala más liberal. En cuanto al partido liberal yo creo que haría más daño al PSOE un partido socioliberal al estilo de los lib-dems británicos (quizá más cercano al liberalismo clásico sería más adecuado) que un partido liberal más escorado a la derecha. Yo creo que esa es la tercera vía necesaria, liberal en lo político y en lo social, para dejar sin argumentos a la izquierda. Y creo que hay cabida para ella porque si un partido como UPyD (de corte estatalista, sin presencia y liderazgo y semejante al PSOE pero sin mugre) ha conseguido tantos votos, un partido así, bien llevado con presencia y carisma, podría salir adelante sin dificultad.
(CONTINUACIÓN…)

free dijo...

(…CONTINUACIÓN)
Otra ventaja que yo vería en esta situación es que se debilitaría mucho el discurso estéril de la izquierda y además ablandaría un poco la atrofiada comprensión política de los españoles. Cuando los señores actores de la zeja y ZP se ponen a “dramatizar” y a decir que el PP es la derecha extrema hay mucha gente con pocas luces que se lo acaba creyendo. Alfredo, efectivamente, la España profunda es muy cateta. Sin embargo un partido liberal les desconcertaría y haría bien de daño a su sectario discurso carente de fundamento. Además la gente se vería obligada a pensar algo más, ya no sería elegir entre “buenos y malos”, “éstos y aquéllos” “la izquierda o la derecha” etc
Y por último la existencia de otro partido permitiría que en caso de que el PP, por ejemplo, sufriese una grave crisis de imagen (como en las lamentables jornadas posteriores al 11M) las personas que les diesen la espalda tendrían otra opción a la que dirigirse y no sólo al PSOE. De este modo la izquierda también sacaría menos rendimiento de sus discursos dramatizadores y manipuladores. No olvidemos que España es un país de calentón, de navaja, de puta y de botellazo, de poca tradición democrática y de gente rencorosa y con miedo a las alturas, y en caso de que se produzca una situación fuera de lo normal la gente reacciona dando un volantazo. No olvidemos que la izquierda es maestra en el uso de la propaganda, y que no estaría mal anular un poco sus armas.
Para concluir, aunque sea complicado y la sociedad española está muy zapaterizada, comparto en cierta medida el optimismo de Espantapájaros y creo que el PP si trabaja en serio no tiene aun todo perdido de cara a las generales. Su discurso tiene que ir dirigido con fuerza y a puntos concretos como por ejemplo comparar la España de ZP con la de González, y ambas con la España que vivía bien, hablarle a la gente de la bonanza económica, de los bolsillos llenos y trabajar mucho en Andalucía, granero zozializta, donde las cosas están cambiando últimamente, como se demostró en las últimas autonómicas. El PP andaluz debe llevar a cabo un discurso ganador, urbano, modernizador y hacerles ver que pueden dejar de ser el corral del PER y mirar por ejemplo a Madrid o a la C. Valencia de igual a igual.
Un saludo.

El Espantapájaros dijo...

Ahora no tengo el tiempo necesario para comentar con detenimiento los últimos y muy interesantes comentarios, pero sí quiero decir algo:

"Pienso que un partido debe tener una identidad y unos valores con los que se identifiquen los votantes sin perjuicio de que su discurso pueda adaptarse a las circunstancias."

También yo lo pienso. No me refería a un partido vacío de contenido, sino a uno que, dada esa definición de identidad, no tenga que estar cada dos por tres con debates al respecto. Es que hubo un momento en la historia reciente del PP que cada día estaban que si los principios y valores, etc., y esas cosas se desgastan de nombrarlas.

Lo que propugno es un partido fuerte, con identidad, con ideas, con un programa atractivo, pero que no se convierta en un foro de debate ambulante sobre sus propios principios porque para eso ya hay otros espacios en la sociedad civil.

Alfredo dijo...

Espantapájaros:


"pero que no se convierta en un foro de debate ambulante sobre sus propios principios porque para eso ya hay otros espacios en la sociedad civil."

Entonces en ese caso estamos completamente de acuerdo - el problema es que un partido democrático tiene discrepancias internas. Eso es lógico y normal, no veo problema en eso - los partidos son como una gran familia y hay distintas opiniones. Pero tiene que tener, como bien dices, un programa claro. Luego las disputas que se lleven a nivel individual. Eso sí: el liderazgo debe tener un único mensaje o al menos, un mensaje coherente. Lo que no puede ocurrir, y sé que estás de acuerdo en esto, es que los líderes de un partido estén diciendo x en Valencia y Z en Bilbao. Otra cosa serían los afiliados que sí deberían opinar y marcar tendencias.

@Free:

"No olvidemos que España es un país de calentón, de navaja, de puta y de botellazo, de poca tradición democrática y de gente rencorosa y con miedo a las alturas"

Esto es para enmarcarlo. Estoy de acuerdo plenamente con esta valoración, sobre todo esto lo vemos en el campo y los pueblos.

Estoy de acuerdo en gran medida con el espíritu de lo que dice pero yo soy de una opinión quizás un tanto "utilitaria". Esto es:

en un país como España, donde gran parte de la población es bastante revanchista, no es mi interés "convencer" a una mayoría sino de proporcionarle a "los míos" una serie de intereses y plataformas para ganar las elecciones. Lo voy a decir de una forma más vulgar: si yo llegase a ser presidente de España, gobernaría para "los nuestros". El españolito de a pie en el pueblo lo único que entiende es eso de "los míos y los tuyos" y no estamos para dar grandes discursos en este país. La clave está en hacer que nuestra formación política tenga algo de atractivo para una determinada demografia en España. Pero, para eso, necesitamos en primer lugar tener colectivos adecuados. Es más que obvio que una población de clase muy baja, como por ejemplo gran parte de Andalucía, no va a querer votar por nosotros. Lo que debemos entonces hacer es facilitar la creación de otros grupos demográficos más pujantes que sí tendrían y tienen mucho que perder con la izquierda: y en esto me refiero a la fuerte clase media y media alta de nuestras ciudades. Hasta que nosotros no seams un reflejo de los valores y sí, prejuicios de las clases medias y hablemos de sus temores, no vamos a ganar nada.

CONTINÚA

Alfredo dijo...

¿y cuales son esos temores y preocupaciones de las clases profesionales y educadas de nuestro país?

En primer lugar, la unidad de la nación española. Un partido serio tiene que defender la unidad de España.

2. La inmigración: ya ni siquiera es una cuestión racial (aunque sí tiene importancia en el subconsciente de muchas personas porque a nadie le gusta sentirse como extranjero en su propio país) pero ahora ya este tema nos está tocando el bolsillo. Un millonario no nota nada, no paga por la inmigración pero son las clases medias las que mantienen, con sus impuestos, todo tipo de programas sociales para inmigrantes ilegales y legales, que gastan más de lo que cotizan. El PP debería desarrollar políticas de tolerancia cero contra la inmigración ilegal, establecer cupos anuales, nada de regularizaciones masivas, etc, etc.

3. Austeridad, austeridad, austeridad: en esto el PP sigue siendo mejor alternativa pero debe seguir refinando el tema de los presupuestos y seguir abogando por la eliminación de muchos programas públicos que no sirven para nada, como el de "Igualdad." Gran parte de la sociedad española no se identifica con esa estupidez de "paridad" y "miembra."

Hay muchos otros elementos pero a lo que voy: a diferencia de otros países occidentales, siempre se dice eso de "Spain is different" y sí: aquí al revés de muchos otros países, es el voto rural el que da las victorias a la izquierda. Por lo tanto, creo que ya va siendo hora de que las formaciones de derechas aboguen por programas que beneficien mucho más a la población profesional, educada y urbanita. Y eso, queridos amigos, no es tan difícil como parece: y es que, una cosa es lo que se diga de boquilla y otra es cuando nos tocan el bolsillo.

Muchos madrileños nos quejamos de la situación actual de la ciudad pero creo que somos bastante afortunados de vivir en una de las zonas más libres, abiertas y educadas de España. Siempre que salgo de Madrid de viaje lo noto, aquella España retrasada, anticuada, poco abierta a nuevas ideas, y zapaterista. Me siento afortunado de vivir en una ciudad que no es zapaterista, ni siquiera gran parte de la juventud (quitando a los que les gusta dar la nota en Somosaguas) y algunos graciosillos en Vallecas. Pero no, tenemos mucha suerte de vivir donde vivimos.

Saludos

Samuel dijo...

Estoy de acuerdo con lo que dice Espantapájaros acerca de los debates que se llevan a cabo acerca de principios y valores. Esos son aspectos fundacionales del partido, que debieran estar claramente marcados en los Estatutos, y no ser objeto de discusión, porque decididamente sin estos no hay partido. Lo que pasa es que los principios del PP son lo suficientemente laxos para englobar a tendencias dispares y pueden acoger tanto a conservadores, liberales, socialistas, nacionalistas o fascistas de un corte más o menos centro-reformista. Y como el partido no está basado en la democracia interna, sino en la difusa popularidad de las personalidades, eso genera tensiones y se da el caso de que un mismo partido ofrezca distintos mensajes, a veces contradictorios, en Cataluña y en Madrid, en Galicia y en Valencia.

De lo que se trata es de que los candidatos se apropien de aquel mensaje que más cala en el electorado en un proceso regular, democrático, donde cada cual pueda sacar a relucir cuál es la línea y el liderazgo que quiere que tenga el partido. Sin democracia interna y con una estructura caciquil, es normal que haya tensiones, porque algunos políticos -Aguirre o Gallardón- se sienten respaldados por la gente y lo suficientemente capacitados para encararse el uno con el otro sin que les importe lo más mínimo qué repercusión tendrá en el partido nacional ni en la candidatura al Gobierno. Ciertamente, aún no se han enfrentado de manera limpia y legítima, sino mediáticamente, y como todo depende de lo que diga el líder -pero la voz del líder es débil- pues ciertamente les da igual si lanzan un debate sobre los principios y valores del PP o se pelean por el control de Caja Madrid. Rajoy es su prisionero. ¿Cómo va a ganar las elecciones sin nosotros, sin nuestro empuje ideológico? ¿Cómo va a deshacerse de nosotros sin dividir el partido?

Este es un partido de personalidades, y como tal, es inestable en la medida en que no hay una personalidad que aglutina y, manteniendo la confianza de su propio electorado, es capaz de ganarse la confianza de los descontentos del partido rival. Porque lo primero deberían ser sus propios militantes y simpatizantes, que son el grueso fiel de su electorado, pero que, si se le trata mal, se cansa y no acude a votar o le vota a otro partido; y luego, por supuesto, los votantes del rival y ese pequeño segmento de votantes independientes que dan la victoria a uno u otro partido.

Si el PP fuese un partido con un sistema bien definido, donde fuese la gente quien decidiera a qué político votaría en unas elecciones y a quién no y qué mensaje quiere y cuál no y otros factores más sobre las que al votante no le dejan decidir- con el consecuente desánimo que eso genera-, pues el PP no estaría atado a la constante crisis de identidad y mantendría la confianza de su propio electorado, teniendo las manos libres para tratar de convencer a los descontentos del partido rival y a los que se abstienen.

El resultado de unas elecciones al Parlamento nacional o regional sólo significa preferencia. No significa ni confianza, ni liderazgo, ni mensaje, que sólo pueden evaluarse de un proceso electoral diferente, en el que no esté la otra opción, esto es, que Zapatero gane las elecciones. En definitiva, para evitar las discusiones sobre principios y valores -admitiendo que la definición de los Estatutos no sea demasiado ambigua- hace falta democracia interna a todos los niveles y un congreso como es debido.

Saludos.