Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, septiembre 13, 2009

CONTRA EL VANDALISMO Y LOS MUNICIPIOS FESTIVOS

Sabemos bien que en España la juventud no es ciertamente ejemplar. Se halla demasiado atraída por la fiesta y poco o nada por la responsabilidad. Cuando se rebela contra algo, lo hace bajo los efectos del alcohol, sin causa justa ni meta relevante y patrocinando el vandalismo, es decir, el destrozo sin sentido y el caos como diversión. Me divierten esos pobres mamarrachos y bárbaros comparando sus hazañas en Pozuelo con la toma de la Bastilla. ¡Cuánta modestia! Cualquier palo que se hayan podido llevar en la refriega es poco. Y encima se quejan.

Si hay disturbios en Pozuelo, es igual que los provoquen quinquis, hijos de inmigrantes o hijos de marqueses. Hay que actuar. La primera respuesta ha de ser la establecida por Nicolas Sarkozy en 2005: la manguera para limpiar la escoria. Una vez hecha esta tarea indispensable, es hora de pedir responsabilidades. De entrada, a los individuos en concreto, por no saber comportarse tras haber ingerido alcohol y por su falta de civismo. En segundo lugar, a sus padres, que todo les toleran y no saben controlar a sus propios hijos. En tercer lugar, a los educadores, que hace mucho que abandonaron su vocación y se escondieron detrás de las mesas de los institutos. Y, por último, a la Administración, porque ni sus leyes ni sus remedios funcionan de manera eficaz.

Siempre que se respete el orden público y haya un mínimo de educación, no se me antoja una locura que esté permitido beber en la calle. Es por ello que considero que -- independientemente de que los vándalos hayan de ser reprimidos con la justa y necesaria brutalidad-- la solución no pasa por más prohibiciones en las ordenanzas municipales o campañas contra el alcohol, sino por una mejor educación y una recuperación de la autoridad de padres y profesores.

Mención aparte para el Ayuntamiento de Pozuelo y todos aquellos que organizan fiestas. Aborrezco las fiestas de los pueblos, pues suelen ser lamentables y de mal gusto, aunque quizá necesarias para satisfacer ciertos instintos paletos. En este caso, vemos una aplicación de la ley de las consecuencias no queridas. Primero, con la organización de las fiestas, se ponen todas las condiciones para que se produzca el desastre. Cuando finalmente sucede, el Ayuntamiento se echa las manos a la cabeza. No ha habido previsión.

Muchas entidades locales constituyen la podredumbre de España. Es donde hay más corrupción, arbitrariedad, caciques... Esta semana saltó la noticia de que en Ciudad Real habían elaborado unas delirantes ordenanzas de movilidad proscribiendo que los ciudadanos puedan correr por la calle ¡e incluso que se pueda reunir en la calle un grupo de personas y permanecer allí unos momentos! Todo ello, claro, si se hace "de forma molesta". El criterio es muy ambiguo: el margen de acción de la autoridad sería enorme. Esto es propio de dictaduras y de algunos municipios festivos.

2 comentarios:

Samuel dijo...

Me agrada el orden que has puesto; los primeros responsables son quienes han cometido los actos vandálicos. Dijo el Defensor del Pueblo que había que fijarse también en los padres, y en parte, tampoco le falta razón. Pero, como sacaban ayer en una viñeta, creo que de El Mundo, Aído debería reclamar que no se excluya a las mujeres de este asunto y se trabaje por la igualdad como es debido: ¡las madres también tienen la culpa, ea!

Saludos.

Alfredo dijo...

Nada que añadir - coincido plenamente.