Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, agosto 30, 2009

ELOGIO DE UNA PELÍCULA EMOCIONANTE

A los muchos que me tachan de persona fría y calculadora, atrincherada tras tomos de Derecho Constitucional y Administrativo, siempre les digo que me emociono muy fácilmente viendo películas, leyendo novelas o escuchando música. Y si en los últimos tiempos ha habido una película que lo ha conseguido, ésa fue The Queen (2006), absolutamente recomendable. En una escena, Isabel II, tratando de cruzar un río en su automóvil, encalla el vehículo y se ve obligada a pedir ayuda por móvil. Entonces, debido a la tensión y a las frustraciones por cómo se está desarrollando el duelo nacional por la princesa Diana y a las presiones que resiste, la Reina rompe a llorar con dignidad. Sus sollozos son interrumpidos por la aparición de un majestuoso ciervo que provoca la admiración de la Reina, y le espanta ante la proximidad de unos cazadores.

Posteriormente, el ciervo es abatido. La Reina se entera, conmovida, de que el cazador no era más que un vulgar e inexperto banquero invitado a la finca de un terrateniente. Ello hace que se dé cuenta de que, en ocasiones, lo más sublime y valioso puede ser destruido por la ordinariez e injusticia del mundo.

Y hacia el final de la película, la Reina comenta a Tony Blair que ella fue educada para ocultar sus sentimientos, para guardarlos para sí, y que reinando de forma estoica y distante era como pensaba que agradaba y servía mejor a su pueblo, pero que, dados los hechos recientes, tal vez debería "modernizarse".

Comparto estas sabias palabras y reflexiones. Como dolorosamente descubre, no todos reciben lo que merecen, mientras que el valor otorgado a la superficialidad es enorme. Ella ha servido fielmente a su pueblo, ha dado su vida cumpliendo su deber y siempre ha mantenido una conducta intachable; pero todos parecen olvidarlo por momentos, deslumbrados por la polémica Diana. Es posible trasladar esta consideración a otros campos. A mi entender, demasiada gente sólo está pendiente de la risa fácil, las coñas marineras, el cachondeo constante, etcétera, a la par que desprecia lo que de verdad debería importar en las relaciones humanas: la lealtad, la constancia, el respeto, la sinceridad, el sacrificio, la ayuda en los momentos de necesidad... Lamentablemente, triunfan las actitudes banales en detrimento de la ejemplaridad de otros.

Elogio, por consiguiente, y entre otras cosas, a The Queen por transmitir con toda claridad ese mensaje. Caballeros, no es que no pueda haber sitio para la superficialidad, es que a veces, y cada vez con mayor frecuencia, no hay más que eso.

6 comentarios:

Alfredo dijo...

Yo creo que es porque Occidente en general, y no menos España (aquí de hecho se ha elevado la "chusma" a un nivel sin precedentes) se ha sentimentalizado todo hasta el punto de que ya todo es "emocional."

Muere Michael Jackson, ríos de lágrimas.

Muere Diana, ríos de lágrimas.

Alguien le dice a un alumno que no es muy inteligente, ríos de lágrimas y amenazas de demandas.

Alguien le dice cualquier cosa a alguien que le haga recordar de que no todos somos iguales, gracias a Dios, y ya empieza el lloriqueo. Es como si fuera tabú hablar de lo que nos diferencia.

Comparto lo que dices sobre las relaciones también.

Ví esa película en VO y de hecho fue la última vez que fui al cine...hace años que no voy a ningún cine ni me entero de nada cotidiano. Me gustó la pelicula, sobre todo como caracterizan a Bliar, quiero decir, Blair, al principio. Cuando la vi, todo el cine, y habian muchos ingleses, se partió de la risa con lo de Blair en el principio.

Andrés Álvarez Fernández dijo...

Vaya, pues tenemos más en común de lo que aparentemente pensaba, salvo por lo del Derecho Administrativo, una asignatura en mi opinión tremendamente tediosa más aún si hay que estudiarla por los infumables volúmenes de García de Enterría...

octopusmagnificens dijo...

¡Gran película! ¡Helen Mirren es mucha Helen Mirren! Tienes que verla como astronauta y oficial del Ejército Rojo en 2010 (1984).

Samuel dijo...

No he visto la película, Espantapájaros, así que no puedo opinar al respecto. Pero sin duda lo que dices es cierto; a veces, las personas aparentan frialdad cuando no se emocionan, al menos no tanto, con las patochadas que constituyen la existencia de las mayorías. Siempre hay un pequeño reducto de placer privado en las novelas o las películas, donde los autores suele tener algo importante que decir -salvando algunas excepciones-. Pasa también a menudo en las relaciones menos comunes, donde se pondera lo que otros consideran insignificante.

Saludos cordiales,

Samuel.

El Espantapájaros dijo...

Alfredo:

A mí también me pareció excelente y destacable la caracterización de Blair: el actor consigue imitar su voz y sus gestos a la perfección. Por cierto, esta película gana mucho en VO, muchísimo, tiene infinita más fuerza y convicción que la versión doblada. Impresionante la bronca que le echa Blair al ulterior traidor Alastair Campbell.

Andrés:

Me alegra la coincidencia. García de Enterría es el gran maestro del Derecho Administrativo y una leyenda viva, pero comprendo que sus volúmenes sean bastante indigestos. Recomiendo en su lugar "Principios de Derecho Administrativo", en dos tomos, de JA Santamaría, discípulo de Enterría y profesor mío.

Octopusmagnificens:

Una película más a mi lista y, además, del año ochentero por excelencia. Helen Mirren me encanta y ahora es una señora, y recuerdo algún texto tuyo, con fotos, sobre ella.

Samuel:

Qué bueno verte por aquí tras tu estancia en Londres. Es evidente que tiene que haber de todo, y lógicamente en cualquier relación tiene que haber espacio para chanzas, ocios y lo que se quiera. Sin embargo, lo que me preocupa es cuando se produce una especie de inversión de valores y se pasa a valorar menos lo importante.

En mi interpretación de la película, creo que Isabel II debe, en efecto, modernizarse hasta cierto punto, adaptarse, como es normal. Pero, por otro lado, es triste ver cómo el pueblo, confundido por la luz de la princesa Diana, carga en un momento dado contra quien le ha servido con dignidad y lealtad por culpa de un tema menor.

Andrés Álvarez Fernández dijo...

Gracias por la recomendación, pero los administrativistas gallegos, y concretamente los de la Universidad compostelana, son devotos admiradores de García de Enterría...y de sus pesados y aparatosos volúmenes.