Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, agosto 23, 2009

EL PODER DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

En los días de aburrimiento veraniego, reina la desolación en periódicos y noticiarios, que vuelven una y otra vez sobre temas tan apasionantes como que hace mucho calor o la enésima comparecencia de la pesada de Dolores de Cospedal denunciando el espionaje al PP. Es bueno y lógico que sea así, pues el verano es una tregua, el acto previo a lo que se aproxima: el invierno de nuestro descontento. No obstante, a veces algo se sale de lo normal, o mejor dicho, un anormal dice algo, y entonces la prensa se centra en él y ya hay entretenimiento. Son los casos de José Blanco y su reforma fiscal o de Carod.

Al final, no se sabe si Carod pretendía presionar al Tribunal Constitucional mediante una manifestación separatista o si sólo estaba especulando animado por un periodista. Sea como fuere, que al segundo al mando de la Generalidad se le asocie con semejantes estupideces pone de relieve el elevado nivel de los políticos catalanes. No veo inconveniente, en un Estado de Derecho, en que se critiquen sentencias judiciales, incluso en que se critiquen las del TC. Pues existen intereses de parte y es legítimo que se expresen las opiniones, a condición de que se acate la decisión. Por el contrario, presionar al TC con amenazas desde un determinado gobierno autonómico, cuando encima ya está lo bastante politizado, constituye un hecho grave.

Es manifiesto que el TC está hundido, cada vez más, en un pozo de desprestigio por culpa de sus dilaciones y de la imagen que traslada a la sociedad de mero títere de los partidos políticos. No tiene por qué ser así. Aún puede salvarse. Los magistrados constitucionales son independientes e inamovibles, y una vez han sido nombrados no deberían sentirse sujetos a ningún tipo de chantaje, sólo a la Constitución. Y si los actuales magistrados albergasen un mínimo de honor de honor y seriedad profesional, harían pedazos el Estatuto de Cataluña, porque es inconstitucional, porque es un producto de mala calidad y porque está gordo. Sin componendas. Sin vacilaciones. Sin interpretaciones retorcidas. Aplicando la Constitución con rigor, firmeza y altura de miras, expulsando del ordenamiento jurídico el tumor estatutario que la contradice.

El TC es todo un órgano constitucional del Estado que no puede verse influenciado por el jefe de una pequeña banda de camisas negras. Ni siquiera ha de tener miedo a la pasada aprobación del Estatuto por medio de un referéndum. Un referéndum así no da poder para anular la Constitución, toda vez que ésta sólo puede ser reformada por el poder constituyente constituido, siguiendo sus artículos 166 a 169.

Me dirijo ahora a los magistrados constitucionales, excepto a su Presidenta, que sólo merece el destierro a su Cátedra de Derecho del Trabajo. Ustedes pueden y deben actuar de forma independiente, sin consideraciones políticas. Pueden y deben poner fin a la aberración del Estatuto, cortando por lo sano. Y pueden y deben demostrar que el TC no ha muerto y que defenderá e interpretará la Constitución con acierto y sabiduría.

1 comentario:

Alfredo dijo...

Demasiado optimismo veo yo -- yo también lo era, pero últimamente...

En fin, esperemos que alguien con dos dedos de frente en ese TC politizado y nada independiente haga pedazos el Estatuto.

Saludos, siempre un placer leerte