Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, julio 12, 2009

LA CAPITAL DE ESCANDINAVIA SOBRE LAS AGUAS

Estocolmo se llama a sí misma la capital de Escandinavia. Razones no le faltan a la hora de reclamar el título: es la ciudad más grande de la zona, la más centrada y la capital del país nórdico más de mayor tamaño. No creo que los daneses estén de acuerdo...

Si tuviera que elegir una peculiaridad de Estocolmo, sería la de que la ciudad está construida sobre catorce islas y que en ella se unen el Mar Báltico y el Lago Mälaren, de enormes proporciones, separados, eso sí, por esclusas. Es por ello que a esta ciudad se la conoce como la Viena del Norte. En invierno el lago se congela y se puede caminar sobre su superficie; en verano sirve para proporcionar frescor y bienestar a la ciudad. Abunda el verde, la armonía con la naturaleza.

Cuestionaba en el anterior escrito la desmedida pasión ecologista sueca. Sin duda, es muy palpable en Estocolmo. Hay carriles para bicicletas por doquier, con lo que es recomendable andarse con cuidado en según qué zonas si no quieres ser atropellado. Los autobuses funcionan con etanol y persiste el tranvía. No se ve apenas basura por calle ni tampoco muchas papeleras. Será que los ciudadanos se llevan la basura a casa con tal de reciclarla debidamente, ¡porque no hay tres, sino cuatro contenedores distintos!

Estocolmo no es una ciudad descomunal, que intimide, como sí lo hacen Londres o París. Aquí las viviendas son coloridas, uniformes y bajas, con tejados muy agudos, y no se aprecia un excesivo afán de grandeza. Los pináculos de hierro de las iglesias recortan el cielo de la ciudad, libre de rascacielos. Al igual que en Berlín, la zona de oficinas consiste en una depresión arquitectónica típica de los años sesenta más socialistas.

Uno de los edificios más impresionantes y conocidos es el Ayuntamiento, lugar en que se celebra la cena de los Nobel. De estilo romántico e inaugurado en 1923, su interior refleja muchas de las tradiciones suecas y hace referencias a la Historia y a la ciudad. En el exterior destaca su torre, coronada por el escudo de tres coronas, símbolo de Suecia. El Ayuntamiento se halla al borde del lago. Su patio interior, rodeado por hermosas galerías con arcos, está abierto al público.

En realidad, mi viaje a Estocolmo tenía por objeto asistir a una boda en el Ayuntamiento. Hay dos versiones de boda civil: la corta dura 30 segundos; la larga, tres minutos. Por tanto, no me aburrí. Aunque no estuve en el bar de hielo de Absolut Vodka, visité varios bebederos y, dado que los impuestos sobre el alcohol son altos, puedo afirmar que los suecos no son unos agarrados y tacaños. Al fin y al cabo, ellos han sido tradicionalmente generosos con su Estado.

El museo con mayor número de visitas de la ciudad es el Museo Vasa. El Vasa fue un gigantesco galeón, el más grande su época, que se hundió el día de su viaje inaugural, el 10 de agosto de 1628. Parte de la culpa recayó en que soportaba un peso abusivo al llevar más cañones de la cuenta. En los años sesenta fue reflotado y está expuesto, casi íntegro y bien conservado, en el museo del mismo nombre. Los mástiles rompen el techo y se ven desde fuera. Lo mejor es el castillo de popa, dotado de galerías de tiro, y las baterías de cañones con las troneras decoradas. Pero el museo no se reduce a dar cabida al Vasa, sino que también ofrece maquetas, explicaciones de la vida en aquella época, recreaciones, etcétera.

Con todo, la zona de la ciudad que más intensamente disfruté fue Gamla Stan, el casco antiguo. Las calles son estrechas e irregulares, y el pavimento está empedrado. Si no fuese por las numerosas tiendas y anticuarios, daría la impresión de ser una villa medieval. La magnífica estatua de San Jorge y el dragón aguarda al visitante en un borde de la isla. San Jorge, la espada en alto, está a punto de dar muerte al dragón, ya atrapado bajo los cascos del caballo del guerrero. Esta misma poderosa escena puede admirarse, en escultura de madera, en la catedral.

El Palacio Real se encuentra justamente en Gamla Stan. Es utilizado por la familia real como oficina, si bien no es su residencia. De la vigilancia se ocupa la Guardia Real, cuyo uniforme azul y blanco, con casco metálico con pincho, me pareció de los más elegantes en este tipo de unidades. Asistí al cambio de guardia y fue una ceremonia digna de tal nombre. Un fantástico espectáculo militar, aunque, una vez más, algunos turistas frívolos se sonreían al no comprender las acciones de los guardias.

Disfrutando de un paseo en barco alrededor de Estocolmo y sintiendo un viento fresco, fui testigo de su esplendor y de su riqueza. Quería compartir con ustedes una parte de mi viaje. Con estas pinceladas es suficiente.

5 comentarios:

Nicholas van Orton dijo...

Comparto tu opinión, Espantapájaros: Estocolmo es una ciudad magnífica. Asimismo, los suecos son personas de trato afable y correcto, algo que yo, al igual que tú, agradezco y disfruto mucho. Si continuas por tu periplo por la Europa del Norte a lo mejor encuentras a alguien que te obliga a cambiar de domicilio; creo que disfrutarías. Saludos.

octopusmagnificens dijo...

¡Hombreee! Lo del Vasa es una pasada, una puñetera pasada. En más de una ocasión he estado a punto de escribir un artículo sobre él en mi blog. Espantapájaros, te envidio por haber tenido oportunidad de verlo.

El Espantapájaros dijo...

Van Orton:

Confirmo lo que dices sobre Estocolmo y los suecos (he hecho un poco de embajador y enlace entre familias y, por tanto, he tratado a unos cuantos, con gran satisfacción por mi parte) y añado que ojalá se cumpliera tu predicción. Estoy dispuesto a pasar frío. Es sólo una cuestión de vestimenta.

Octopus:

Sí que lo es. A mí me sobrecogió, y su historia me recuerda a la del Titanic. Lo cierto es que está muy bien conservado y cuando te acercas y además luego ves el tamaño que debían de tener las velas, es aún más impresionante. Me compré un póster con una bonita imagen. Lo malo es que las fotos salen muy oscuras, pues es un museo bastante penumbroso. Te invito a escribir el artículo, seguro que sería de lo más interesante.

Alfredo dijo...

Bonita entrada...pero:

"Estoy dispuesto a pasar frío. Es sólo una cuestión de vestimenta."

La ropa de invierno es mucho más clásica y bonita que la de verano pero personalmente no sé si yo afirmaría lo mismo después de sentir varios inviernos nuyorquinos y canadienses...

De todas formas, aparte de que estoy seguro que es una ciudad muy bonita, creo que tengo una imagen como que es una sociedad muy "planificada" en vez de espontánea y no sé si me guste eso.

El Espantapájaros dijo...

Gracias por el comentario, Alfredo. Es cuestión de acostumbrarse al frío y a ir bien cubierto. Según tengo entendido, el invierno en Nueva York debe de ser muy crudo...

A pesar de su imagen de sociedad dominada por el Estado del Bienestar, los suecos son bastante emprendedores. Fíjate en empresas como Ikea, Securitas... Eso sí, hay muchos impuestos y mucha intervención estatal.