Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, mayo 03, 2009

QUÉDESE, SEÑOR SARKOZY

Cuando el martes pasado, atravesando la Plaza de Gregorio Marañón, contemplaba las farolas engalanadas con las banderas española y francesa, no sentí reparos ni desprecio, sino confianza, puesto que quien ahora representa a Francia es un hombre excepcional, muy distinto del nefasto Chirac, y, en palabras de Bono, un político "nada convencional". El pueblo francés hizo una buena elección y merece ser aplaudido por ello. Y si su Presidente es amigable con España, será bien recibido, con independencia de las diferencias habidas en el pasado.

La visita de Estado de Nicolas Sarkozy ha sido todo un éxito, un resplandor en la oscuridad que nos asfixia. Si hay algo en lo que ha acertado Zapatero es en cultivar su amistad con el imparable Sarko (aunque tenga que ser el tonto de la pareja). Bajo su mando, Francia está colaborando más que nunca en la lucha contra los terroristas nacionalistas vascos, ya no hay complacencia con los asesinos.

Además, todos pudimos disfrutar del duelo entre Carla Bruni y la princesa Letizia, de cuyo resultado se puede decir que, si bien triunfó Bruni, quedó alto el pabellón español, según el análisis de Octopusmagnificens.

Sarkozy pronunció un magnífico en el discurso en un rebosante Congreso de los Diputados. Un discurso vibrante, rotundo, completo, de compromiso con España, y que no tuvo ni que leer a pesar de su extensión y profundidad. "Francia, patria de los derechos humanos, perdería su honor si fuese un santuario para los terroristas. Francia quiere combatir a los asesinos", proclamó. Los diputados y senadores debieron de quedar asombrados ante el despliegue del Presidente, ante su expresividad y su garra.

Hace tiempo que sigo la trayectoria de Sarkozy, al menos desde 2005. Y desde entonces le he profesado una gran admiración. Muchos se han sentido decepcionados porque no está llevando a cabo en su totalidad su ambicioso programa de reformas, pero, como decía Cánovas, la "política es el arte de aplicar en cada época de la historia aquella parte del ideal que las circunstancias hacen posible", y Sarkozy está dejando su impronta y consiguiendo que Francia despegue, sobre todo internacionalmente, aunque sea a costa de un excesivo personalismo y una labor hiperactiva.

Sarkozy es también un gran actor. Él sabe utilizar los gestos, controlar los tiempos, soltar las declaraciones más chocantes... Esa tendencia, a veces casi populista, le ha traicionado en alguna ocasión. Pero fue capaz de promover la apertura e incluir en su Gobierno a políticos prestigiosos que estaban fuera de su órbita ideológica. Y en tiempos de crisis, hay que saber ser flexible, pragmático, adaptarse al contexto y luchar con lo que se tiene a mano. No supone renunciar a los principios, pero sí huir del dogmatismo.

Zapatero jamás comprenderá ni podrá emular a su amigo estadista. No parece posible que Salgado sea una economista de primera, o que Chaves sea la solución al problema de la financiación autonómica. El Gobierno carece de la competencia y solvencia requeridas para afrontar con éxito la crisis y sus consecuencias. Zapatero sólo piensa en términos de partido. Debería dimitir. No es admisible que camufle sus limitaciones en un manido discurso ideológico al tiempo que derrocha el dinero de todos. "Lo que les propongo es: menos discursos, menos declaraciones de principios y más decisiones", dijo Sarkozy, y sería un buen comienzo para España.

2 comentarios:

Alfredo dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con su descripción de Sarkozy como persona. Dicho eso, a mí no me convencen sus resultados hasta ahora. Un día de estos escribiré por qué pero para empezar, siempre he sentido reticencias hacia los intereses franceses, que siempre han ido en contra de los intereses españoles. Francia es para España, lo que Alemania es para el Reino Unido.

Samuel dijo...

Sarkozy es el tipo de político deseable, pero no estoy muy seguro de desear a ningún político. Por lo demás, siempre es un ejemplo envidiable y su buen hacer despunta cuando se halla al lado de un individuo como Zapatero, que menosprecia frívolamente la nación como el estado, pues todo es una misma herramienta para su orgiástico regocijo de progre trasnochado, y cuando quiere, las destruye, y cuando le place, las defiende.

ZP está, sin embargo, en fase terminal. Esperemos que pronto funda esa estúpida sonrisa de su rostro.

Saludos.