Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, abril 19, 2009

DERECHO PENITENCIARIO

En mi carrera de Derecho no existe una asignatura dedicada al Derecho Penitenciario y, sin embargo, es una importante rama del ordenamiento jurídico, sobre todo por su dimensión práctica. Con independencia de que uno quiera acabar visitando cárceles o vigilando a internos, que no es el caso, este ordenamiento a medio camino entre el Derecho Penal de ejecución y el Derecho Administrativo posee el irresistible atractivo del lado oscuro. En mi opinión, es indispensable conocer qué hay detrás de la pena y cómo se cumple el mandato constitucional del artículo 25.

Aquí se produce un conflicto: de un lado están los derechos de los internos y todas sus garantías; de otro, la faz más descarnada de la Administración, parte preponderante de esa relación de sujeción especial. Tal conflicto es ya de por sí interesante para todo jurista. Pero es que, además, en la lucha contra el crimen no puede obviarse la tarea que se lleva a cabo en los penales, para ver si es buena o mala y mejorarla cuando sea oportuno.

La Ley Orgánica 1/1979, de 26 de septiembre, General Penitenciaria y el Reglamento Penitenciario de 1996 levantan un bienintencionado sistema, basado en los criterios de reeducación y reinserción, de muy difícil traducción a la práctica, tanto en lo relativo a cómo debe actuar la Administración cuanto al tratamiento penitenciario para rehabilitar a los internos. Muchas veces se habla de endurecer las penas o de aumentar la seguridad ciudadana, pero también en este campo hay trabajo por hacer.

La cárcel ni debe ser un infierno en vida ni tampoco una suerte de cómodo hotel. En el equilibrio estará la virtud. El inefable Mario Conde escribió un libro sobre el tema, Derecho Penitenciario vivido (Comares, 2006), que he de leer y reseñar en un futuro.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Buenas.

En el ambito penitenciario hay una permanente "guerra" entre el aspecto tratamental-rehabilitador y el aspecto regimental y/o de seguridad (somo muy bien afirmas). Ultimamente, en pos de un pensamiento "progresista" estan ganando peso las tesis rehabilitadoras y tratamentales (objetivo de la L.O.G.P.) lo que nos esta llevando a situaciones absurdas por aquello de la correccion politica y el progresismo penitenciario: Estudios pagados desde primaria hasta estudios superiores(tu mismo sabras cuanto cuesta una matricula y los libros en la Universidad), cine, gimnasio, cursos de fotografia, metagym, talleres zen, jardineria, tenis, squash, piscina en verano, salidas a la montaña para internos en 3 grado, y asi podria continuar hasta el infinito, eso sin contar con las garantias que tiene un interno dentro de la prision. Con razon un interno belga me dijo en una ocasion que ni loco iria a Belgica a cumplir su pena. Mi experiencia me dice que efectivamente las carceles españolas cada vez se asemejan mas a hoteles

Un saludo

PD. soy funcionario de prisiones.

Alfredo dijo...

Totalmente de acuerdo con el Sr. Funcionario de prisiones. Por lo general, la teoría de la "reinserción" no me convence sobre todo para criminales de nacimiento, porque no se puede hacer nada salvo castigarles por lo que son. Las teorías progresistas carecen de sentido: pero ya sabemos que el éxito rara vez acompaña a sus aficionados.

Saludos

El Espantapájaros dijo...

Anónimo:

Muchas gracias por tu comentario, es un honor viniendo de parte de un experto en la materia y de alguien que trabaja en ello. Sin perder el espíritu de la rehabilitación, no creo que se deba a llegar a los extremos de los establecimientos penitenciarios suecos. El poder domesticador del Estado no puede relajarse tanto. También está en juego la confianza de los ciudadanos en el sistema.

En todo caso, gracias de nuevo. Como ya he dicho, es muy importante la labor de los funcionarios, todo lo que se haga en las cárceles para que el criminal no vuelva a delinquir, y desde aquí, modestamente, quiero reconocerla.

Alfredo:

El problema es que, en España, no hay Justicia ni castigo, sólo fines preventivos especiales y generales de la pena, o al menos eso se predica. Y tal cosa puede ser discutible, pero, aun así, respetar ciertos límites y que el tratamiento se haga en serio.