Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, abril 26, 2009

COSAS DE LA HISTORIA

En España, uno de los motivos que invocan las personas de derechas para justificar el rechazo hacia Estados Unidos es la pérdida de nuestras últimas colonias –Cuba, Puerto Rico y Filipinas-- a manos de esta potencia en 1898, el Desastre del 98, que dio lugar al regeneracionismo y al declive del sistema de la Restauración. Eran otros tiempos. Si bien es evidente que Estados Unidos actuó entonces de manera ilegítima y abusiva, no lo es menos que España no supo defender lo que por derecho le pertenecía.

La ingenuidad nacional jugó un importante papel en la crisis. Repasando la prensa de aquella época, resulta que no fueron sólo los periodistas americanos, Hearst y Pulitzer, los que inflamaron el ambiente, pues también en España la prensa de la época hizo algo similar, con la razón de su parte, eso sí. El Liberal, El Imparcial, El Heraldo, El País, todos ellos y muchos más se burlaban de los yanquis y publicaban artículos en los que se daba por segura la victoria española en caso de confrontación. Esta ceguera alcanzó igualmente a ilustres políticos e intelectuales, y tan sólo algunos militares, como Cervera, avisaron del mal estado de las escuadras españolas.

Ello no fue óbice para que los periodistas españoles proclamasen su convencimiento de que todo se solucionaría de forma más o menos taumatúrgica. El 26 de marzo de 1898 comentaba lo siguiente El Imparcial: "Bien es verdad que sus barcos son algo más grandes que los nuestros. Pero al fin y a la postre habrá que ver qué corazones son los más grandes". Ya a punto de estallar la guerra, el 5 de abril se podía leer en El País: "Dígasele a las potencias que España se basta y sobra para acabar con la república americana...". Y el diario carlista La Escoba solicitaba que se soltaran presidiarios en Cuba para que combatieran sin piedad al enemigo. Como se ve, el clima de delirio era considerable. Y el Gobierno de Sagasta, abocado a la desgracia, poco o nada podía hacer. La única salida honorable era la guerra.

Las anteriores citas las he sacado del libro La España del Desastre, de J. Figuero y C.G. Santa Cecilia, y confirman que España no tuvo ni humildad ni racionalidad. En vez de mejorar el armamento y preparar defensas, se exaltaban el honor y las gestas pasadas. Muy mal. Mi conclusión es que, ante el expansionismo de Estados Unidos, España fracasó desde un primer momento: son cosas de la Historia que no merece la pena usar como justificativas de odios. Antes me fastidiaba el tema de Gibraltar, un problema irresoluble, pero ahora digo: "Por torpeza, España se lo ha ganado. Y si cree que va a recuperar el Peñón con cacareos diplomáticos y Derecho Internacional, va lista".

En cualquier caso, hubo alguien que sí pudo evitar la pérdida de Cuba. Cánovas del Castillo, asesinado en 1897, poseía la receta. Ya escribí hace tiempo y en otro lugar que, si se hubiese mantenido al frente de las tropas españolas en Cuba al general Valeriano Weyler, éste, con sus métodos expeditivos, habría aplastado definitivamente la rebelión independentista, por lo que Estados Unidos no podría haber usado la excusa de la matanza continuada y las razones humanitarias. Tras la muerte de Cánovas, sin embargo, se relevó a Weyler y se concedió la autonomía a la isla, lo que precipitó los acontecimientos (pues eso era algo que no convenía a Estados Unidos). En definitiva, todo se hizo fatal.

11 comentarios:

Alfredo dijo...

En mis tiempos de universitario, siempre discutí sobre esta guerra con los estudiantes estadounidenses republicanos pues si yo hubiera estado vivo en aquella época, defendería a España, por supuesto.

Pero por otra parte suscribo todo lo que dice, especialmente lo de mantener al Gen. Weyler.

Buena entrada.

Anónimo dijo...

Completamente de acuerdo, después de la derrota Española, Estados Unidos de América surgió como primera potencia mundial hasta nuestros tiempos, quedándose para sí con una base naval llamada Guantánamo, y ganando la primera batalla naval moderna, y tubo que ser a un país en decadencia como era y sigue siendo el nuestro. Si por aquel entonces el Ministro Bermejo le decía a Cervera que había que ahorrar en carbón y municiones, y menos maniobras navales. ¿Por que en pleno verano salió el almirante Cervera y a plena luz del día contra la escuadra americana? ¿no hubiera sido mejor de noche? no se me quita de la cabeza. ¡Menuda desarmada teníamos, y tenemos!

Un saludo

Manuel

octopusmagnificens dijo...

La apelación al tamaño de los corazones en contraposición al de los barcos sería suficiente para inquietarme profundamente…

Andrés Álvarez Fernández dijo...

Siento discrepar. Las recetas de un conservador como Cánovas para un problema como el de Cuba eran las típicas del liberalismo doctrinario de corte francés imperante en la época, oséase, centralismo, uniformismo e intervencionismo estatalista tal y como se había venido dando desde la promulgación de esa pésima e injustamente idolatrada constitución que fue la Pepa.

El único político de la época que sí se atrevió con resolución y garantía a solucionar la cuestión cubana fue Pi i Margall, quien defendió un sistema federal en el que las por aquel entonces colonias tuvieran autogobierno de sus legítimos intereses y participación en los asuntos que se trataban en la metrópoli. De igual modo Pi se mantuvo en contra de la guerra precisamente por que consideraba que España se había ganado a pulso la rebelión cubana y la posterior intervención americana.

Lamentablemente hicieron caso omiso de sus lúcidas opiniones.

Saludos.

Claudedeu dijo...

Estimado amigo,

Columbia Records tiene el placer de invitarle a la inauguración de Detrás del ritual, el nuevo blog de Nicolás Claudedeu, que abre hoy, Dios mediante, sus puertas.

Reciba un cordial saludo.

El Espantapájaros dijo...

Gracias a todos por escribirme.

Como es el único discrepante, contesto a Andrés:

Es imposible saber qué hubiese sucedido con Cánovas al frente de la crisis. Lo que sí es cierto es que, mientras vivió, la guerra no estalló; y que los periódicos americanos celebraron su muerte. Antes de que pasara un año desde su asesinato las colonias se habían perdido. Con él en el Gobierno, los rebeldes estaban casi acabados y la diplomancia estadounidense, enredada con sus manejos. Y, sin duda, el general Weyler era mejor militar que el incompetente que le sucedió.

En la práctica, la concesión de la autonomía a Cuba sólo precipitó la intervención de Estados Unidos. Ellos no querían una Cuba libre ni independiente, y por eso cuando vieron que España tomaba ese camino decidieron atacar cuanto antes. Su excusa no era el mantenimiento de una situación colonial "per se", sino que España no podía administrar bien su colonia. En mi opinión, la mejor receta era acabar con la rebelión y demostrar que sí se podía administrar. Pura y simplmente eso.

Pi i Margall, cuando se concedió la autonomía a Cuba, dijo que no era suficiente y que era "tardía", lo que explicaba según él que, a pesar de eso, Estados Unidos iba a entrar en guerra. Es verdad que se oponía a la guerra, uno de los pocos..., pero, como ya digo, rendirse no parecía una opción viable.

Por lo demás, no me parece un político muy fiable en el terreno de la práctica. Su brevísima etapa como Jefe de Estado de la I República, una República unionista, federalista, centralista, etcétera, no fue muy productiva y sus ideas federalistas sólo contribuyeron al caos general de esa fallida experiencia.

Andrés Álvarez Fernández dijo...

Digo lo de Cánovas por que en cierto modo su parecer con el asunto de Cuba era similar al que mantenía para con las provincias españolas...Orden ante todo, pues un pueblo tan belicoso y revolucionario como el español no sería capaz de vivir en libertad y bajo una federación, decía él en allá por 1876 en plenas sesiones del Congreso. La verdad Cánovas se equivocaba como se equivocaron todos los que pensaron por el XIX que el Orden se lograba mediante el autoritarismo y la centralización. En verdad, los conservadores como Cánovas o Castelar estuvieron aquejados de una gravísima ceguera política...ceguera política y sectarismo de nuestros mandatarios que no sólo nos costó Cuba, Puerto Rico, Filipinas, Guam, etc...sino también los territorios americanos y Portugal tiempo atrás.

Por otro lado me causa ya cierta gracia que se diga que fue Pi i Margall quien contribuyó al fracaso de la República de 1873. La República cayó por sus verdadero enemigos, los conservadores, los internacionalistas, los tradicionalistas y los alfonsinos, no por la gestión de sus líderes. En este caso es de señalar que fue Pi i Margall quien realizó una impecable gestión como Ministro de Gobernación (consúltese para más fiabilidad), del mismo modo supo aunar a los sectores más unionistas del Partido Federal con los intransigentes, buscando articular la federación mediante la diplomacia y la espada.

Alfredo dijo...

Andrés: soy de la opinión de que Cánovas no era precisamente afrancesado. Sí que es cierto que anteponía el orden ante todo en muchas situaciones debido a las situaciones convulsas que vivía España en la época por la amenaza anarquista.

Cánovas, de hecho, quiso una constitución más parecida al estílo británico.

Estoy de acuerdo con Espantapájaros en que a EEUU jamás le interesó la independencia de Cuba sino gestionarla ellos, y fracasaron igualmente o peor que España, pues acabó siendo comunista. Esto último ha sido la consecuencia final de haber perdido lo que era nuestro, pues ya en 1898 se alertaba del peligro masónico de los independentistas cubanos.

Con respecto a Pi i Margall, no comento de momento por falta de tiempo, esta noche volveré por aquí.

Saludos a todos

Andrés Álvarez Fernández dijo...

Cierto, Cánovas no era precisamente afrancesado, intentó plagiar sin éxito el modelo británico en España a través de una Constitución mediocre como la de la II Restauración. Pero tenía en común con los liberales doctrinarios (los moderados) ese afán por centralizar y uniformizar en todo lo posible la realidad nacional, aún a sabiendas de que ello era contrario a nuestra propia esencia hispánica, y conociendo de sobra las consecuencias que la tiranía del poder central había acarreado a la nación (Comunidades y Germanías, secesión de Portugal, insurrecciones catalanas y andaluzas, guerras americanas, guerras carlistas, cubana y filipina...).

En suma, a políticos como Cánovas o Castelar habría que recordarle aquella acertada frase de Proudhon;

"La Libertad es la madre del Orden, no la hija."

Saludos.

El Espantapájaros dijo...

Gracias, Andrés y Alfredo, por vuestros comentarios.

Sólo puedo añadir dos cosas:

No pongo en duda las cualidades de Pi y Margall ni sus buenas intenciones. Pero es evidente que, si tuvo que dimitir al mes escaso de su nombramiento como Jefe de Estado, algo no fue muy bien. El cantonalismo, las guerras iniciadas..., eso escapó finalmente a su control. Sin embargo, con la llegada de la Restauración canovista se puso punto final a la guerra carlista, a la de independencia cubana y al problema de los cantones.

Y en cuanto a Cuba, vuelvo sobre lo mismo. Conceder la autonomía (o hacerlo sin haber terminado con la rebelión) era erróneo a efectos de evitar la guerra. Y si eso no valía, la única solución sería entonces la independencia. Obviamente, eso era inaceptable, al menos por las buenas.

Alfredo dijo...

@Andrés:

Sí y no: es decir, es cierto que Cánovas, al igual que ciertos políticos de ésta época, tuvo un afán centralizador porque en aquella época no le quedaba más remedio. Recuerdo los acontecimientos de la Commune por ejempleo, en Francia. No creo que haya sido algo voluntario de su parte porque en aquella época se bamboleaba España entre anarquía o dictadura católica, las circunstancias no permitían otra opción que cierta uniformización. Ahora por supuesto, es un problema, el de la uniformización o centralismo abstracto a lo francés, perfectamente representado en UPyD.

Sobre Pi i Margall:

Comparto su federalismo aunque creo que muchos intentaron abusar de su federalismo para fines independentistas.

Espantapájaros:

Nada que añadir, creo que estamos de acuerdo aunque el apunte de Andrés es muy necesario: en la España del futuro, no conviene intentar uniformizar.

Dudo que eso sea la intención aquí sino más bien ofrecer una defensa de España y sus intereses legítimos.