Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, marzo 15, 2009

BERLÍN: CAPITAL DEL III REICH (II)

Poco, muy poco queda en pie del Berlín del III Reich. La Cancillería del Reich, en su día imponente y temible, ya no existe, tan sólo sobreviven unos cuantos mármoles y piedras. El búnker de Hitler está sellado debajo de un aparcamiento con una modesta placa informativa. Cuando estaba sobre el lugar en que Hitler se suicidó, recordé los gratos momentos que pasé leyendo Berlín. La caída: 1945, del historiador británico Antony Beevor, el minucioso relato de la gran batalla que se libró por la ciudad y de la resistencia a la desesperada de los alemanes, con Hitler delirando y creyendo que emularía a Federico II el Grande porque Roosevelt había muerto repentinamente el 12 de abril y eso daría la vuelta a la guerra. Y los civiles refugiados en las torres de defensa antiaérea, ciclópeos bloques de hormigón erizados de cañones Flak de 88 milímetros. Y los niños en bicicleta utilizando los Panzerfaust para destruir blindados soviéticos. En fin, aquello fue una batalla épica, la batalla final, pero ha pasado mucho tiempo y, en el triste aparcamiento nevado, ya no resuenan los disparos.

Sí subiste, entero y en funcionamiento, el antiguo Ministerio del Aire, hoy Ministerio de Finanzas, un edificio cuya arquitectura monumental, estilo años treinta, es equiparable a la del complejo de Nuevos Ministerios. Ahí se rodaron varias escenas del filme Valkiria (2008).

Por lo que se refiere a Germania, la que iba a ser la capital del mundo, hay una suerte de exposición dedicada a ella donde tienen maquetas y restos de otros ministerios. Algunos proyectos, de tan megalómanos y desproporcionados, resultan grotescos. Búnker y exposición se encuentran justo al lado del Memorial del Holocausto, inaugurado en 2005.

Un día tuve ocasión de visitar el campo de concentración de Sachsenhausen. De concentración, no de exterminio, y en concreto, destinado principalmente a explotar mano de obra esclava y a recluir, en sus primeros tiempos, a presos políticos del nazismo. Antaño un campo de concentración modelo, extendido a lo largo de unas cuatrocientas hectáreas de terreno –hoy reducidas a dieciocho--, en sus puertas de entrada aún aparece, en letras de hierro, el mensaje "El trabajo os hará libres".

Puesto que faltan barracones, apenas hay alambradas y, lo más importante, no patrullan la zona guardias que intimiden, no nace una sensación de opresión ni de temor en el visitante, pero sí, al menos en mi caso, un sentimiento de cierto desamparo. En este campo cubierto de nieve, donde los prisioneros vivían hacinados, en condiciones insalubres, forzados a trabajar hasta la muerte y sometidos a la arbitrariedad de las SS, en un lugar así, digo, no operan garantías jurídicas ni protecciones de ninguna clase, no hay posibilidad de denunciar abusos o de obtener la libertad condicional, o de que todo se supervise desde el exterior. Es más, el mundo paralelo de las SS llegó a ser tan excesivo y autónomo que, en el campo, llegaban a corregir sentencias de los tribunales del Reich cuando no les parecían suficientemente duras o ejemplares, de manera que ejecutaban a los prisioneros sin que la resolución judicial lo especificara. O, tal vez, sólo por meros caprichos u otras causas injustificadas. Caer en las garras de las SS significaba perder la esperanza.

Sin ánimo de ser frívolo, tengo que hacer mención al negro humor de las SS, que colocaban árboles de Navidad junto a la horca. En un barracón reconvertido en exposición sobre la vida en el campo, está recogida una frase que soltaban los hombres de las SS a los recién llegados y que dice algo así como: "Oh, sí, hay una vía para obtener la libertad, ¡a través de la chimenea!" (aludiendo a los crematorios empleados para destruir los cadáveres). Ahora bien, faltan motivos para sonreír, porque a dos pasos se hallan los dos barracones de la enfermería, escenario de espeluznantes experimentos médicos con prisioneros. Sin límites morales.

Finalizado el régimen nazi en 1945, los soviéticos utilizaron Sachsenhausen como campo de detención, lo que viene a demostrar que los totalitarismos saben aprovechar aquello que les es común.

5 comentarios:

octopusmagnificens dijo...

Espantapájaros, aunque nunca he estado en Berlín sí que he visto numerosos reportajes del aparcamiento y las viviendas que se encuentran sobre o junto a los restos del búnker de Hitler, el Führerbunker. A mi juicio, que creo compartirá cualquier persona con un minino interés por la historia, ha sido un error que las autoridades de la URSS primero, la RDA después y la RFA hoy, no solamente no hayan tratado de conservarlo sino que se hayan esmerado en destruirlo. El búnker podría estar hoy virtualmente intacto y accesible a los turistas de todo el mundo. Entiendo que con la guerra recién terminada no resultaba oportuno ni apropiado construir un museo, pero transcurridos casi 60 años no veo por qué no ha de ser así. Todavía existen bajo tierra partes del "diabólico sepulcro" más o menos en pie, pero están inundadas por aguas subterráneas. Quizá en un futuro pueda restaurarse algo. No hay por qué temer el atractivo turístico incuantificable que supone el III Reich. Y sobre Germania y los proyectos megalómanos, probablemente el más espectacular fuese el Volkshalle, el Salón del Pueblo de Albert Speer. Hitler insistía en que se utilizasen mármol y granito, materiales con los que construyeron los griegos y los romanos…

Por cierto, cuéntanos, ¿cómo has visto a las berlinesas? ¿Madrileñas o berlinesas?

El Espantapájaros dijo...

En efecto, Octopus, los soviéticos intentaron volar el búnker con dinamita, pero no pudieron con él y, como tenían otras cosas que destruir, decidieron cerrarlo. Pero no va a ser así eternamente. Creo que, en unos años, lo abrirán para realizar algún tipo de investigación. Las viviendas que hay alrededor fueron especialmente construidas por la RDA para albergar a su élite.

El argumento de que se podría convertir en un polo de atracción para neonazis es absurdo. Hay otros muchos lugares más indicados, como la cervercería del Putsch de Múnich o Núremberg.

Siempre me intrigó la red de refugios subterráneos de Berlín. Vi un documental en el que Beevor, entre otros, accedía a un corredor que usaron algunos dirigentes para escapar y que comenzaba en el Ministerio de Trabajo.

El Volkshalle, del cual hay una maqueta en la exposición mencionada, es algo totalmente asombroso y bastante desproporcionado. Según explicaban en un documental sobre Germania, en su gigantesca cúpula podrían formarse nubes cuando hubiese gente dentro por efecto de la condensación. En cuanto al Arco de Triunfo, no menos exagerado, se construyó un ciclindro de hormigón, que aún está por ahí, con la finalidad de comprobar cuánto se hundía en el blando suelo y si sería posible construir el arco. Es curioso cómo Hitler, personalmente, intervenía en los proyectos de Speer, dado su interés por la arquitectura.

Respondo a la pregunta. Las berlinesas son guapas y tienen unos ojos azules de valor incalculable, pero, al ser invierno, iban muy tapadas, ja, ja.

samueldl dijo...

Magnífico Post. Sí, señor. Al margen de la serie berlinesa, me gustan los blogs que no se limitan a repetir como loros lo que ya damos por sabido por otros medios de comunicación. El toque personal siempre es de agradecer. Y tú tienes buenos mimbres de chef de alta cocina.

He leído algunas de tus entradas al azar y, por lo general, me parece brillante todo, como el artículo EL DERECHO MAL ENTENDIDO. Muy bueno.

Te seguiré el rastro.

Un saludo y a seguir en la brega.

Pfunes dijo...

Siempre resulta curioso que se hable bien de la Arquitectura del Tercer Reich. Como decía Leon Krier, la defensa de esta arquitectura debe venir de la pasión por la arquitectura y no de tendencias políticas.

La Nueva Cancillería era un edificio impresionante, lujoso, que buscaba impresionar al usuario. Sin embargo, Speer proyectó una muchísimo más grande (la que se construyó no pasaba de ser una "sede provisional"). Los soviéticos la desmantelaron para construir un monumento a sus soldados caídos, si bien Churchill la visitó antes, elogiándola parcialmente.

Además del ministerio del Aire, habría que citar entre los vestigios de la Arquitectura del Tercer Reich al recientemente clausurado Aeropuerto de Tempelhof, algunos edificios de embajadas proyectados por Speer, y las enormes torres antiaéreas que ahora se van a rehabilitar como edificios culturales.

Un saludo.

Nicholas Van Orton dijo...

El arte vinculado al III Reich es un tema interesante de estudio. Por desgracia, muchas de sus obras quedaron destruidas durante la guerra, y las que sobrevivieron son vistas como algo extraño y vinculadas a los malos recuerdos. La pintura, la escultura, la arquitectura, el cine y las demás artes se vieron obligadas a ser portavoces ideológicos del régimen, con objeto de adaptar la mentalidad de los alemanes a los “nuevos tiempos”. Es cierto, sin embargo, que Adolf Hitler tenía predilección por la arquitectura— de hecho él era un arquitecto diletante— ya que consideraba que era la expresión más contundente del poder político absoluto. Sus planes incluían a muchas ciudades del Reich: Munich, Nuremberg, Linz, Viena…
Siempre se menciona a Sperr, pero otros muchos arquitectos entendieron cuál era la filosofía que sus obras debían reflejar: Hanns Dunstmann, Paul Ludwig, Emil Fahrenkamp, etc. Con todo, eso no significó una ruptura con tendencias anteriores; sirva como ejemplo el aeropuerto de Tempelhof, en el que se empleó la abundancia tecnológica y el funcionalismo propios de los arquitectos de la Bauhaus. El problema es que muchos creadores, al quedar su obra vinculada al III Reich, después nunca vieron reconocido su talento. Leni Riefenstahl en el cine o Arno Broker en la escultura, por ejemplo.
Respecto al búnker de Adolf Hitler, estoy seguro de que si se abriera y fuera rehabilitado sería el lugar más visitado por los turistas. Supongo que todavía falta mucho tiempo para eso.
Saludos.