Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, febrero 15, 2009

BERMEJO, EL CAZADOR CAZADO

El principal partido de la oposición en España está siendo sometido en estos días a una despiadada campaña de acoso y derribo. No se reduce, desde luego, a la crítica justificada hacia sus políticas y dirigentes, sino que revela una verdadera operación de demolición orquestada desde el Gobierno socialista y sus medios afines, tanto periodísticos como judiciales.

Primero fue El País, publicando por entregas y sin apenas pruebas una estrambótica, incomprensible historia de espías que implicaba a Esperanza Aguirre, el objetivo a abatir. Puesto que la información fue mal explicada y todo se lió hasta límites insospechados, al final nadie sabe si, como bromeó Carlos Semprún Maura, Ignacio González se espió a sí mismo o qué ha sucedido con los espías y los dossieres. Más que el hecho de que pueda quedar salpicada por la trama, lo que me ha decepcionado de Esperanza Aguirre es que se ha defendido tarde, además de que ha quedado patente que su equipo no es del todo fiable.

Y cuando llegaba la calma a la tempestad periodística de los espías, emergió el largo brazo de Garzón de la Audiencia Nacional y comenzó la segunda fase de la operación: ahora, además de espías, había corruptos en el PP. Y sin duda los habrá y deben ser castigados, pero la experiencia nos dicta que es preferible ser precavidos si Garzón mueve ficha durante un período electoral. Ya veremos hasta qué punto hay entramado de corruptelas y hasta qué punto intención de confundir al electorado.

La cacería en la que participaron Garzón y Bermejo vino a arruinar parte del plan. Algunos dirán que las coincidencias no existen, por lo que es altamente sospechoso que estos dos sujetos, acérrimos enemigos del PP, se hayan visto durante sus ratos de esparcimiento justo cuando el primero está instruyendo el caso. Y no es que se encontrasen casualmente, sino que, según se ha ido descubriendo, incluso cenaron juntos. ¿De qué hablarían? Bermejo jura y perjura que sólo de la naturaleza. ¿Tiene valor la palabra de Bermejinski? Él es un rabioso, un sectario, un comisario político, y resulta extraño que, en semejantes circunstancias, dejase sus ropajes de ministro en casa o en el piso oficial de los 250.000 euros de reforma.

Coincidencia o no, es igual. La torpeza es lo que cuenta. Y es legítimo que el PP, en su defensa, se aproveche de ella al máximo para salir del barreño donde le quieren ahogar. ¿Qué más da si Bermejo dio instrucciones a Garzón o si tan sólo le recitó sus pedregosos versos? El juez ya sabe qué hacer para contentar a sus amos del PSOE. Pero, recordando el dicho sobre la mujer del César, Bermejo ha metido la pata hasta el fondo y sería de tontos dejarlo pasar. Todo esto es impropio de un Estado de Derecho. Es la hora de su cese.

Incluso se debe ir más allá. Con lo del Prestige, los progresistas acusaron a Fraga de haberse ido de caza mientras las playas eran contaminadas por el vertido. Ahora que se avecina nada menos que una huelga de jueces, evento inédito en España y que puede dejar a la Justicia en estado comatoso, ¿a qué se dedica el Ministro de Justicia, cuyas negociaciones han fracasado? Pues a cazar y divertirse, a charlar sobre la naturaleza, descuidando sus competencias y responsabilidades. Un Ministro de Justicia de verdad, y no este patético y soberbio señorito, lucharía hasta el último minuto para evitar la huelga. Bermejo prefiere ir de cacería.

NOTA: Mañana viajo a Berlín, Alemania, y regresaré el lunes 23. Me despido de ustedes hasta entonces.

3 comentarios:

Alfredo dijo...

"puede dejar a la Justicia en estado comatoso"

Más todavía de lo que está.

Buen viaje a Berlín.

octopusmagnificens dijo...

Feliz viaje Espantapájaros. ¡Hay mucho que ver en Berlín!

Alfredo dijo...

al final: Bermejo dimite. Muy buen artículo al final y bastante simbólico por de alguna forma haber previsto o incitado a la dimisión de ese pájaro.