Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







viernes, enero 09, 2009

DÍAS DE NIEVE

La última vez que nevó fuerte en Madrid y que cuajó a lo grande fue a finales de febrero de 2005. In illo tempore, yo aún estudiaba en el colegio; era un tipo romántico, desengañado y guerrero con una afición a la literatura en pleno desarrollo, pero mis escritos eran más líricos que ahora, y escribí: "Nos presumíamos a salvo con la masa de pies aplastantes, los coches imparables y el impenetrable campo de fuerza formando por la polución. Pero no en la noche. Las defensas estaban bajas y la nieve aprovechó el momento para atacar a la ciudad con todas sus fuerzas. Y, como se ha visto, ha vencido. Ahora ya se dan los atascos, la nieve asentada en las carreteras que se convierte en contaminación negra y pardusca, las gentes que se quedan en las sabanas y los jóvenes batallando a dos manos con el blanco elemento". Muy bonito, ¿no es así? Es parte de un artículo que se publicó en la página de un amigo mío.

Con todos los problemas, atascos y caos que pueda haber, a mí me agrada la estampa de la ciudad nevada. Todo queda cubierto bajo un manto blanco de pureza y, por un tiempo, desaparecen las imperfecciones y defectos, y en cualquier caso confiere una apariencia hermosa a lo que toca. Los que juegan con la nieve se vuelven inocentes. Y regresar a casa superando las condiciones adversas es meritorio. La justa recompensa es el calor del hogar. Los días de nieve, en fin, no están tan mal.

El temporal que está azotando España y Europa es una especie de correctivo aplicado a los alarmistas del calentamiento global. Si ya hacían el ridículo tirándose de los pelos por unas mínimas variaciones en la temperatura media y vaticinando un futuro apocalíptico de fuego y lava, ahora las heladas han de bajarles los humos. Siendo ciencia difícil predecir el tiempo que hará mañana, mucho más lo será hacerlo con el clima de los próximos decenios. La moda del calentamiento ha sido, a mi juicio, tan pasajera como otras. Los políticos, siempre necesitados de causas nobles a las que adherirse para ganar popularidad, están actualmente más entregados a algo que de verdad existe, que no es una mera teoría, llamado crisis o, aún peor, recesión económica. Ya nos contarán los cuentos de terror del cambio climático cuando no haya otra cosa mejor que hacer.

Aquel 20 de febrero de 2005 también dejé escrito que aquel era "día de servirse un buen café con un chorrito de brandy, poner la calefacción y ponerse a escribir". Aunque he tomado café y la calefacción está encendida, ya voy a dejar de escribir, es imposible continuar, pues debo regresar a las llanuras, también frías e impresionantes, del Derecho Administrativo.

5 comentarios:

Alfredo dijo...

Muy elocuente su articulo -- es cierto que sus escritos eran mas "liricos" antes, al menos por algunos ejemplares que he visto.

En cuanto a la nieve: aqui estoy encerrado en NY esperando la nevada que viene esta noche. A mi antes me encantaban los dias de nieve pero ya no, y cada vez me gusta menos el frio brutal tipo artico de aqui. Despues de pasar tanto frio en la calle (aunque lo tolero bien)...estoy casi convencido que a mi me vendria mejor un clima tipo california o mediterraneo como el de Malaga.

Pero insisto: ha sido un cambio muy recien ya que antes me encantaba el invierno. Quizas era porque cerraban el colegio y no tenia que enfrentarme a las batallas de vez en cuando.

octopusmagnificens dijo...

La moda del calentamiento global quizá era un síntoma del aburrimiento de una sociedad opulenta que no sabía en qué perder el tiempo. Por ello, la crisis económica nos obligará a todos a hablar de cosas más serias. En Eslovaquia están replanteándose la moratoria nuclear ante el frío y el problema con el abastecimiento de gas…

Mentalmente Exiliado dijo...

Viendo los noticiarios parecía que nunca había nevado en Madrid. Incluso la Cristina L. Schlsidgojgijstin (o algo así), que no es sospechosa de progre precísamente, ha exagerado un pelín con el tema hoy.

Yo recuerdo el invierno del 96 en Madrid porque me pilló haciendo la mili, y cayó una nevada de tres pares. Recuerdo perfectamente como cortaron carreteras y la M40 (que entonces todavía estaba inacabada) quedó inutilizable en buena parte.

En fín, lástima habérmelo perdido esta vez. Me he consolado imaginándome a los apolojetas del calentamiento global caminando rápidamente por los pasillos de sus virreynatos pagados con dinero público o sin salir de sus casitas acurrucados al lado de sus sistemas de calefacción centralizada.

Un saludo.
MMX

Samuel dijo...

Pues yo casi no sé lo que es la nieve, sólo la he disfrutado una vez en Cuenca, y otra algo más fugaz en Londres, mientras paseaba por Hyde Park. Pero hay que reconocer que lo infrecuente atrae y más cuando uno vive a la orilla del Mediterráneo y sometido a la tiranía del sol, excepto los días de lluvia que, aunque pocos, son un auténtica fiesta.

Seguramente se inventarán otro nombre para referirse al cambio climático y dentro de poco los volveremos a tener aquí. Al fin y al cabo, es cosa de políticos metidos a científicos.

¡Que vayan bien los exámenes!

Un saludo,

Samuel.

Atreides dijo...

Muy bonita esa lírica. Aquí en el noroeste de la sierra apenas cayeron copos de nieve, ha sido como ver imághenes de otro país.

Las nevadas no quitan que hay algo real en eso del cambio climático, pues los mares suben de nivel y muchas islas del Pacífico desaparecen poco a poco, aunque coincido en que los vaticinios de los Al Gores de turno no son realistas, son negocio puro y duro.

Lo que no se entiende es que por un día de nieve se paraliza el país, cuando en otros países nieva durante semanas y -aunque suponga trastornos lógicos- no causan el revuelo como aquí. Tampoco se entiende la faalta de previsión y la ineptitud de Maleni, echando la culpa a todos menos asumiéndolas ella misma.

Pero con el temporal es como con la crisis, el gobierno no toma medidas a tiempo ni después de acontecer el desastre.

Que se te dé bien el administrativo, una de las asignaturas más secas que hay.