Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, diciembre 28, 2008

UN DERECHO MAL ENTENDIDO

El diario Público se caracteriza por una pintoresca selección de noticias --en general relacionadas con la Iglesia y el PP-- y por un tratamiento deleznable de las mismas. Así, el otro día me hicieron llegar una extraordinaria noticia publicada en esos papeles. El titular destacaba lo que sigue: "Una magistrada prima el derecho canónico sobre la Constitución". ¡Horror y pavor! ¿Cómo puede suceder tal cosa en un Estado laico y... (añadir aquí la restante retahíla progresista)? Leí la noticia entera y no pude por menos que soltar una carcajada. Era un cúmulo de errores, disparates jurídicos y ansias de manipulación.

De entrada, el Derecho Canónico no es tan malo, no es el Derecho Penal nacionalsocialista, sino algo clave para entender nuestra cultura y ordenamiento jurídicos. Que nadie se alarme, por tanto, cuando oiga hablar de él.

Y la resolución del caso es bien sencilla. Una lesbiana casada es expulsada de la hermandad religiosa a la que pertenece y, despechada, presenta una denuncia contra el obispo que tomó la decisión. Dicha denuncia no es ni admitida a trámite, ya que el Juzgado de Instrucción considera que toda asociación se rige por sus propios estatutos, y que si los de esta hermandad se remiten al Derecho Canónico, el cual entiende por "conducta manifiestamente escandalosa" el que alguien contraiga un matrimonio homosexual, la expulsión de la señora lesbiana es perfectamente válida.

Los de Público no lo comparten. Reproducen las declaraciones del abogado, afirmando que se están vulnerando los derechos individuales que garantiza el texto constitucional, y el tono del redactor es de una indignación que, supongo, pretende transmitir a sus lectores con el fin de embarcarlos en la causa del laicismo.

El derecho de asociación es, en efecto, un derecho fundamental (art. 22 de la Constitución). Su contenido no consiste en que cualquiera pueda pertenecer a cualquier asociación. Lo que implica es que cualquiera puede constituir asociaciones con arreglo a lo dispuesto en la Ley Orgánica 1/2002, de 22 de marzo, reguladora del Derecho de Asociación; pertenecer a asociaciones; dejar de pertenecer a ellas; y no ser obligado a pertenecer. Las asociaciones religiosas, a las que se aplica de forma supletoria esta ley (art. 1.3 LODA), encuentran su razón de ser en la libertad religiosa, "sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la Ley" (art. 16.1 de la Constitución).

Según el art. 19 de la LODA, la "integración en una asociación constituida es libre y voluntaria, debiendo ajustarse a lo establecido en los Estatutos", así que la señora tiene que aceptar lo establecido en ellos, incluidas las causas de expulsión. Puesto que la Iglesia Católica condena el mal llamado matrimonio homosexual, era lógica y previsible su separación. Igual que si yo intentara, con mis ideas y opiniones sobre el matrimonio, entrar en una asociación de homosexuales. Primeramente, existe el derecho de admisión; y, a continuación, hay que respetar los estatutos, "dentro del marco de la Constitución, de la presente Ley Orgánica y del resto del ordenamiento jurídico" (art. 2.4 LODA). Y el Derecho Canónico no se sale de estos límites (véanse los Acuerdos entre el Estado y la Santa Sede de 1979, singularmente el Acuerdo sobre Asuntos Jurídicos).

Sorprende que el abogado de la señora haya recurrido el auto ante la Audiencia Provincial, con tan pobres argumentos como los que aquí he procurado rebatir. Pero, bien pensado, no sorprende tanto. Mi profesor de Derecho Civil solía comentar que hay abogados y picapleitos. Estos últimos siempre tienen las manos en los bolsillos... de su cliente. Con todos mis respetos para la señora en cuestión, parece que se están aprovechando de ella y sus circunstancias. Al abogado le pagarán más cuanto más se alargue el proceso: la ignorancia de su clienta es su mejor aliada. Y Público haciéndose eco de estas miserias humanas con tal de hacer mella en la libertad religiosa. Ni en Navidad perdonan.

4 comentarios:

Alfredo dijo...

creo que a estas alturas sobraria decir "estoy de acuerdo con usted" porque ya suele ser algo tan habitual que casi me espanta porque no es habitual en mi sintonizar tan profundamente y con esa totalidad con los escritos de nadie. Supongo que algun dia pasara pero de momento es increible todo esto.

Para mi lo mas repugnante de todo esto es que el tema de la homosexualidad ha pasado de ser una practica sexual determinada entre ciertas personas que, por algun motivo u otro albergan esa tendencia que prefiero no elaborar, a ser un modo de ser completo.

Estos dias estan siendo bien utiles para mi en la casa tipo inglesa victoriana donde estoy alojado -- puede leer hoy dos tomos enteros (entre anoche y hoy) sobre los origenes del matrimonio y curiosamente resaltaban el tema de matrimonio no como "asociacion" sino como institucion casi en oposicion al individuo, al ser algo que nos ata por objetivos mas "eternos."

En fin: no se sorprenda demasiado espantapajaros...la ignorancia es ya lo habitual. Como decia mi bisabuela castellonense, "pero hijo, mira a tu alrededor."

En absoluto quiero deprimirle porque soy positivo pero mas bien hay que obrar dentro de los cauces posibles y he aprendido a no intentar convencerles sino a afirmarme.

Saludos desde la niebla nuyorquina.

Samuel dijo...

El contenido de este periódico es, fundamentalmente, propaganda y además propaganda sentimentaloide y cutre. Buceando por internet me he topado con la susodicha noticia y, en efecto, no tiene desperdicio. Los comentarios, aún más graciosos, nos dan una idea de que el público al que se dirige Público es muy digno de él.

Un saludo.

octopusmagnificens dijo...

Coño, cuando Público salió a la venta fue anunciado por sus editores como un periódico de izquierdas pero menos elitista que El País.

A fe que lo consiguieron.

El Espantapájaros dijo...

Alfredo:

Me alegra que coincidamos. Es cierto que debemos afirmar nuestros argumentos y clarificar nuestras posiciones. Y necesario. Convencer, sin embargo, es muy difícil, casi imposible. Quizá se pueda contribuir a un debate más inteligente. En cuanto al matrimonio, para mí es un tema fundamental de nuestra sociedad. Y no me refiero únicamente al matrimonio canónico. Pero por eso mismo creo que los límites entre unas cosas y otras han de ser nítidos.

Samuel:

Como tú mismo has podido comprobar, la fuente es tan ponzoñosa como aquí la he descrito. He preferido no hacer, aquí, ninguna alusión a lo que hay abajo. Los comentarios prueban tal grado de sectarismo y desequilibrio, de furia y rabia, que es mejor no leerlos en exceso. En un caso como éste, es aceptable cualquier debate..., sobre los Acuerdos, sobre la libertad religiosa, sobre el derecho de asociación, sobre el matrimonio; pero esta gente se limita a insultar, a injurirar, a demostrar su mala sangre. Sin un solo argumento ni una mínima reflexión, sólo con consignas y frases manidas. Tal es la cosecha de "Público".

Octopus:

"Público" es el peor diario que conozco. Es sensacionalista, sus portadas son horrendas, sus colaboradores parecen miembros de una secta delirante, manipulan todas las noticias... Y para colmo es como un periódico gratuito que tiene el descaro de venderse. A su lado, "El País" es como el "New York Times".