Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, octubre 19, 2008

NI CULPABLES NI ACABADOS

Corren malos tiempos para el liberalismo. Y, en el fondo, no por la crisis financiera o porque se estén desmintiendo, supuestamente, sus principios. Corren malos tiempos, digo, debido a la ignorancia de la mayoría y al engaño sistemático practicado por algunos sectarios. Está cayendo sobre nosotros una tormenta de descalificaciones contra un neoliberalismo que no tengo muy claro que haya llegado a existir realmente. La falacia más extendida consiste en sostener que la libertad de mercado ha creado un problema gordo, muy gordo, que el Estado providencial ha de ser resolver a la manera socialista, y que en el futuro deberán imponerse más regulaciones y limitaciones. ¡Lo que nos faltaba para el duro!

Hay codicia en Wall Street. ¿Y qué? La especulación por sí sola no es la fuente del problema. "Esta no es la Gran Depresión 29 del siglo XX, sino la Gran Recesión del siglo XXI, consecuencia de los groseros errores en política monetaria cometidos por la Reserva Federal y rebotados en Europa por un BCE resuelto a mantener artificialmente bajos los tipos de interés para favorecer la reactivación de las deprimidas Alemania y Francia", ha escrito Jesús Cacho, con la claridad y sabiduría que le distinguen, en El Confidencial. Y después agrega: "Y si el Estado ha metido la pata, es el Estado quien debe intervenir para sacarnos del atolladero, puesto que el mercado (relación espontánea de los ciudadanos del mundo actuando en libertad) no tiene capacidad por sí solo para restablecer la confianza". Exactamente. Las instituciones estatales han hecho mal su trabajo, no han vigilado como es debido el sistema financiero. El mal no proviene de la libertad, del capitalismo o de las maldades de Bush y Aznar. Es evidente que los intermediarios financieros son cooperadores necesarios, pero eso es inevitable. Y también se habrán dado conductas ilegales que no han sido perseguidas. Contra ello hay que actuar con decisión pero sin dar pábulo a memeces.

Los planes de rescate ya están en marcha. Responden a una situación excepcional ante la cual, desde el punto de vista político, no cabe otra salida. Los gobernantes saben dónde acabarían sus votos si no hacen ver que se están moviendo: el paro y el PIB pueden acabar con ellos. Al menos tienen que disimular y sacarse de la chistera el conejo más vistoso posible. Y si parcialmente y a corto plazo funciona, mejor que mejor.

Hay quienes preferirían que todo se hundiese, que el libre mercado devorara a sus hijos díscolos; otros, como el economista Pedro Schwartz, han hablado de alternativas a la intervención. Quizá eso fuese más justo y deseable. No obstante, como la solución ha sido otra muy distinta y no se puede dar marcha atrás, es mejor adaptarse a las circunstancias y sacar lo mejor de ellas. Estoy seguro de que todo será más transitorio de lo que se cree.

Haciendo oídos sordos al grosero escándalo antiliberal (que confunde liberalismo con capitalismo y cosas así), lo que debemos exigir los ciudadanos es que los cuantiosos rescates estatales estén sometidos a todos los controles, medidas de supervisión y cauciones posibles. Que la operación se haga con transparencia y fiabilidad. "Sin favoritismos", que diría Tony Blair (gracias, Octopus). Para una postura liberal, es lo mínimo exigible.

6 comentarios:

Alfredo dijo...

Estoy de acuerdo con usted y sólo quisiera añadir un pequeño matiz (sin maldad que conste):

Existe mucha confusión (en el caso español) también debido a que muchos que optan por denominarse como "liberales" no lo son. Es en parte lógico que si alguien que no sabe mucho del tema lee a algunos autores que defienden, entre otras cosas, la esclavitud y el tráfico de órganos y de drogas como "comercio", pues genera más confusión todavía.

octopusmagnificens dijo...

Espantapájaros, supongo que habrás visto Wall Street, la película de Oliver Stone. Pues hablando de la codicia hay en ella un famoso discurso de Gordon Gekko (Michael Douglas) que se llama "Greed is Good" y que merece la pena revisar.

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Greed is right.

Greed works.

Greed clarifies, cuts through, and captures the essence of the evolutionary spirit.

Greed, in all of its forms -- greed for life, for money, for love, knowledge -- has marked the upward surge of mankind.

And greed -- you mark my words -- will not only save Teldar Paper, but that other malfunctioning corporation called the USA.

Nicholas Van Orton dijo...

Al margen de confusiones semánticas, lo cierto es que el pato lo pagarán los de siempre. Sin embargo, una vez más se acudirá al “interés común” y al “bien general” para ensanchar las tragaderas. De todas esas medidas ninguna servirá para paliar la crisis española, aunque sí para que ZP ayude a sus amigos y poco más. España es como los cojones de los galgos, que siempre van detrás, y ZP confía en que alguna de las migajas que caigan sobre el mantel español sirva para disimular un poco más y alargar la agonía; tanto la del país como la suya.
Saludos.

Cuando amanezca nos vamos dijo...

Acabo de conocer su página cuando navegaba por la red buscando información y me topé con un artículo suyo acerca de Tony Blair, ex-primer ministro del Reino Unido, fechado en Julio del presente año, que me encandiló y me gustó bastante, ya que yo, considernadome un socialdemócrata y cada día que pasa, más socioliberal al más puro estilo de Blair, me pareció un gran texto y me apuntaré su bitacora para posteriores consultas.
Un saludo.

Alberto Estévez

Atreides dijo...

Espantapájaros, http://occidentealaderiva.blogspot.com/2008/10/premio-k-noticia.html

udcc dijo...

Vemos un escenario donde la cultura europea, y todo lo que conlleva, está en peligro. La cultura occidental y sus valores están al borde de la desaparición. Si no ponemos remedio pronto, seremos exterminados en muy poco tiempo. Es irónico pensar que hay muchos europeos que desean este exterminio de cultura y forma de vida. Y me gustaría ver sus caras si algún día un yidahista obliga a sus hijas a vestir un burka (esto ha ocurrido en lugares como Afganistán o Irán. España, Europa entera, no sería una excepción). Seguro que no les hará mucha gracia.

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