Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, septiembre 28, 2008

UNA INVITACIÓN A LA TIERRA DE MAPLE WHITE

El excéntrico profesor Challenger, tras regresar de un viaje a Sudamérica, hace públicos unos descubrimientos extraordinarios que causan estupor en la comunidad científica, que le toma por loco y le da la espalda. Un joven periodista es enviado a entrevistar al profesor, hombre soberbio e insolente pero con el que, a pesar de todo, trabará una relación más o menos cordial. En el transcurso de una conferencia plagada de broncos enfrentamientos, el profesor Challenger vuelve a exponer sus tesis, lo que lleva a que se forme una expedición cuyo objetivo será viajar a la misteriosa tierra de la que habla Challenger y verificar si realmente continúan viviendo animales prehistóricos en ese lugar.

Éste es, grosso modo, el argumento de El mundo perdido (1912), magistral novela de Arthur Conan Doyle, creador de Sherlock Holmes, otro genio de misántropo carácter. El mundo perdido es una narración de descubrimientos y aventuras, pero también se manifiesta en ella una dura sátira dirigida contra la pedantería y ensimismamiento de algunos científicos. La arrogancia infinita de Challenger, combatida por el no menos altivo profesor Summerlee, aporta el toque humorístico, a través de las continuas discusiones entre los hombres de ciencia.

Hay que admirar la fecunda imaginación de Conan Doyle, que describe en su Tierra de Maple White lo que noventa años después nos enseñaría Steven Spielberg en Jurassic Park (1993) y El mundo perdido (1997). Aunque en la novela de Conan Doyle la pervivencia de dinosaurios y otras especies teóricamente extinguidas no se debe a la acción del hombre, el profesor Challenger llega a asegurar que el poder de la ciencia siempre puede "moldear a la Naturaleza y ponerla a su servicio". Por otro lado, los cuatro hombres blancos integrantes de la expedición actúan con tal determinación y arrojo, que son adorados por los nativos, gesto que Challenger entiende y elogia, ya que "su porte en presencia de sus superiores podría servir de lección a algunos de nuestros europeos más adelantados. Sorprende el observar qué certeros son los instintos del hombre en su estado natural". Es lo propio de principios del siglo XX, cuando los europeos aún creían en sí mismos.

La novela homónima de Michael Crichton, de 1995, homenajea claramente a la de Conan Doyle, no sólo por la temática aventurera y los dinosaurios, sino también por los debates científicos entre los personajes.

Es una historia tan bien contada, tan bien escrita y tan bien pensada, que me atrevo a asegurar que esta novela..., ¡qué digo!, que un solo capítulo de esta novela encierra más valor literario y calidad que las obras completas de autores españoles modernos como Almudena Grandes, Javier Marías o Maruja Torres. Para su lectura es aconsejable poner una gran banda sonora: la de John Williams para El mundo perdido.

5 comentarios:

javier dijo...

bueno cinico, ya veo que me has hecho publicidad del blog. te lo agradezco de verdad y veo que a la gente le gusta. por otro lado, muchas gracias por brindarnos un nuevo libro que leer, siempre que recomiendas una lectura das en el clavo y suele gustar a todo el mundo. muchas gracias.

El Espantapájaros dijo...

En el fondo, no hay nada que agradecer: apoyar tu blog es un privilegio.

En cuanto al libro, sí, recomiendo vivamente su lectura. He pasado grandes ratos con él.

Alfredo dijo...

Sí señor: los libros "antiguos" aportan una cultura tremenda que es casi imposible de superar con lo "de ahora."

javier dijo...

ya tengo abierto mi blog para que todo el mundo puedad escribir en el. un abrazo tio

udcc dijo...

Vemos un escenario donde la cultura europea, y todo lo que conlleva, está en peligro. La cultura occidental y sus valores están al borde de la desaparición. Si no ponemos remedio pronto, seremos exterminados en muy poco tiempo. Es irónico pensar que hay muchos europeos que desean este exterminio de cultura y forma de vida. Y me gustaría ver sus caras si algún día un yidahista obliga a sus hijas a vestir un burka (esto ha ocurrido en lugares como Afganistán o Irán. España, Europa entera, no sería una excepción). Seguro que no les hará mucha gracia.

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