Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







martes, septiembre 02, 2008

LONDRES, CIUDAD IMPERIAL (II)

El triángulo del poder

Una de las acertadas ideas que Cánovas del Castillo llevó a la práctica durante la Restauración fue implantar en España el sistema de turnos del parlamentarismo inglés. Nosotros ya tenemos una democracia asentada y la alternancia no está pactada, pero en aquella época tenía un sentido, y Cánovas supo ver dónde estaba lo bueno. En mi opinión, nuestro más grande estadista eligió bien.

En el triángulo que forman las calles The Mall, Whitehall y Birdcage Walk se concentra gran parte del poder político inglés: Buckingham, Downing Street y Westminster. Más de seiscientas circunscripciones, decididas por sistema mayoritario, llenan de miembros del Parlamento la Cámara de los Comunes, ubicada en el Palacio de Westminster, y el líder del partido ganador de las elecciones, con el apoyo de dicha Cámara, es requerido por la Reina para formar el Gobierno de Su Majestad. Y cuando acepta, el flamante PM recorre en su Jaguar oficial la amplia avenida Whitehall, la calle de la Administración Pública que acaba en Trafalgar Square (también hay oficinas en el imponente Admiralty Arch). Finalmente, el automóvil se introduce por una pequeña calle. Se trata de una calle cerrada por negras verjas de hierro forjado --desde 1989-- y custodiada por policías armados con metralletas. Su nombre es Downing Street.

El hecho es que en el número 10 de Downing Street no hay ostentaciones palaciegas ni jardines por los que perderse. Por tanto, creo que contribuye a que la persona que reside en él se mantenga con los pies en la tierra. Además, está cerca del Parlamento, con lo cual el Jefe de Gobierno no tiene que andar mucho para ir rendir cuentas.

El Museo Británico

Este importante museo de antigüedades asombra, para empezar, por la hermosura y pureza de líneas del edificio neoclásico de mediados del siglo XIX que lo alberga. Es espectacular. ¡Esas columnas de orden jónico son ideales! Por otro lado, es gratuito y posee unas colecciones, ordenadas por civilizaciones y épocas, tan completas como sobresalientes. En unos interiores bien cuidados, nos encontramos con la Piedra de Rosetta o los frisos del Partenón de Atenas.

Hoy día existe bastante presión por parte de Egipto y Grecia para que el Museo Británico devuelva semejantes tesoros artísticos (a mi entender, Egipto y Grecia son dos de las secciones estelares del museo), pero no tienen razón. En primer lugar, porque la época en que fueron expoliados era bien distinta a la actual. Lo más probable es que, de no haber sido recatados por los valientes exploradores británicos, se hubieran perdido definitivamente, devorados por quién sabe qué o quién. Y, aparte, en el Museo Británico están mejor conservados que en esos lugares remotos y son más accesibles al público occidental o japonés, que es al que le interesan estos temas.

Asimismo, abundan las muestras del arte asirio, los toros alados persas –con sus cinco patas— y las momias egipcias. Acerca de lo último, sostengo la creencia de que en los sótanos del Museo Británico guardan muchas, muchas más momias.

Mi única pena fue no poder acceder a la conocida Sala de Lectura por estar montada en ella una exposición dedicada al emperador Adriano.

Hyde Park

Lo bueno de que en una ciudad llueva tanto es que las zonas verdes son verdes de verdad, no como en Madrid, donde a veces todo parece arrasado por el Sol y el polvo. Y en Hyde Park, pulmón de Londres, las praderas son frondosas y los árboles, espléndidos.

En especial, me llamó la atención la ausencia de basura. Apenas si pude localizar algún papel. Los ingleses son limpios de veras, respetuosos con lo público. Incluso los sólidos bancos de madera en los que uno puede y debe sentarse a reposar el espíritu (Hyde Park es muy grande y ha de recorrerse despacio) están inmaculados. Ni una sola inscripción, ni declaraciones de amor ni firmas estúpidas. Así da gusto descansar sobre la hierba contemplando la Serpentine, el lago artificial que desde 1730 atraviesa el parque.

En cuanto al Speaker’s Corner, supongo que en su día tuvo un nivel aceptable, pero actualmente me parece un punto de encuentro de charlatanes que han perdido la cabeza. Había un orador en particular, un musulmán, que estaba enardeciendo peligrosamente a la masa, por lo que eché de menos la presencia de miembros de Scotland Yard.

Hasta entonces no había localizado a ningún español. Sin embargo, ese día, en la noche londinense, escuché una curiosa declaración: "Sinceramente, en mi pueblo hace más frío por la noche". Un español en el centro de Londres, sin lugar a dudas.

5 comentarios:

octopusmagnificens dijo...

Espantapájaros, ¿siguen los ejércitos de ardillas en el Hyde Park? Yo estuve un mes en el Reino Unido hace ya la tira, en 1989, quince días en Bath y otros quince en Londres. De la capital recuerdo con especial cariño a las ardillas. Me compré una caja de pastas muy caras y ricas en Harrods, y no se me ocurrió otra cosa que empezar a comerlas en Hyde Park… Total que vacié media caja alimentando a las simpáticas ardillas que trepaban por mi cuerpo sin miedo alguno. ¡Se volvían locas!

El Espantapájaros dijo...

En efecto, Octopus, siguen allí. Son muchas y bastante atrevidas. Basta con que caiga una miga en el suelo para que salgan de sus escondrijos, tras las verjas, y den buena cuenta de las delicias. Tengo una bonita foto en la que un niño con el brazo extendido y en actitud admirativa alimenta a una de ellas.

1989..., un buen año. Si pasaste por Downing Street, Margaret Thatcher aún estaba allí.

Nicholas Van Orton dijo...

Te encanta el aire british, Espantapájaros, se nota. Me alegro de que disfrutaras de tus vacaciones. Downing St. forma parte de esta tradición, pero en realidad es un complejo de oficinas, negociados, pasadizos que unen, etc. Austero, cierto, pero medio oculto, como gran parte de lo british. La mención de Octopuss a Bath es otro ejemplo, ya que ésa ciudad oculta las mejores y más complejas instalaciones para espiar al resto del mundo, sobre todo la zona Este de Europa. Espero con impaciencia tus próximos relatos. Saludos.

El Espantapájaros dijo...

Sí, Van Orton, desde niño me ha fascinado lo inglés en general, aunque antes no era muy bueno con el idioma. Pero yo veía curiosas todas las tradiciones, las formas, el poderío imperial... Esa atracción es algo que viene de familia. Por ejemplo, mi tío estudió Filología inglesa.

Persio dijo...

La izquierda se empeña en alargar su turno en el poder... hasta el infinito si fuera posible.

Espependo ese viaje.