Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







miércoles, agosto 13, 2008

JUECES DE PELÍCULA

En España estamos muy necesitados de instituciones sólidas y con prestigio, instituciones en las que puedan confiar plenamente los ciudadanos. En cambio, ellas mismas se han ido labrando una mala fama que sólo es achacable a su nefasto proceder. Así, el caso flagrante del Tribunal Constitucional, presidido por una mujer que debería haber dimitido en al menos tres ocasiones. Aquí se da una evidente manipulación política, unida a la fe inexistente de los magistrados en su cometido, pues no hacen valer su independencia y razonan no sujetándose al Derecho, sino a intereses políticos. Pero hay otros casos.

La Audiencia Nacional es un tribunal especial, con jurisdicción en todo el territorio español, que conoce de delitos especialmente graves: terrorismo, corrupción, tráfico de drogas... Esta excepción al principio del juez natural se justifica en razón de la eficacia de la AN en la persecución de tales delitos, además de que es un instrumento muy útil en la lucha contra el terrorismo nacionalista vasco. Pero si descubrimos que en ella anidan jueces que bien por cobardía, bien por simpatía con los terroristas, no hacen su trabajo como deben, dejan sueltos a los criminales y se dedican a vanos e infructuosos litigios internacionales, entonces la Audiencia Nacional pierde su sentido.

Por supuesto, me refiero a Guillermo Ruiz Polanco y Santiago Pedraz, dos buenos pájaros de la Audiencia. El primero se ha encargado de excarcelar a la etarra Beloki para que se someta a un tratamiento de fertilidad. Los jueces como Polanco son comprensivos y bondadosos... con los villanos, y no les importan los esfuerzos policiales o el sufrimiento de las víctimas. No se entiende por qué esa mujer debería salir de la cárcel para dicho tratamiento, los médicos no ven tal necesidad, pero Ruiz Polanco sabe tratar bien a los terroristas. Del mismo modo, en 2004 el terrorista Ibai Ayensa dejó la prisión gracias a las negligencias del que ya es conocido como Guillermo I el Excarcelador.

Santiago Pedraz, por su parte, ha asumido el papel de héroe mundial, despreocupándose de ETA y de cosas así, no sea que un día le pasen factura. Amparado en la muy amplia capa del principio de justicia penal universal, dedica su tiempo y nuestro dinero a la caza y captura de soldados estadounidenses y burócratas chinos. Sin embargo, es improbable que la Interpol le haga caso, así que, como ya he leído en bastantes sitios, debería personarse él mismo en el lugar de los hechos, melena al viento, y encarcelar a los malos a base de repetirles lo establecido en la LOPJ y en el Código Penal español. Como el Juez Dredd. Salvo que Pedraz sería el Juez Pusilánime.

Mi imaginación ya se ha disparado: estaría bien hacer una película de esto. El famoso juez Garzón se halla en China dando unas conferencias sobre derechos humanos. El régimen comunista, preocupado por la repercusión que puedan tener las iluminadas palabras del juez español entre sus súbditos, decide encarcelarlo para que no dé problemas. Sólo un hombre puede salvar a Garzón: su antiguo rival, Pedraz, que se desplazará a China y se infiltrará en el territorio enemigo en busca del juez prisionero. En fin, sería un refrito de Rambo III.

Pero así es el panorama judicial español. De película, pero de película mala y cutre, o sea, española (y por ende, subvencionada por todos). Y lo peor es que nadie, y esto lo digo tan serio como todo lo demás, va a hacer nada por remediarlo. Nadie.

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