Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







sábado, julio 05, 2008

EL MANIFIESTO ES MALO Y LOS NACIONALISTAS SON NUESTROS AMIGOS. LA LOCURA DE ESCOLAR

El periodista Ignacio Escolar, director del primer diario gratuito que se vende, nos suele hacer partícipes de sus dos obsesiones: Aznar y la Iglesia, en este orden; y de un fuerte complejo de inferioridad ante los nacionalistas catalanes: a nuestro joven, que viene de Burgos, le deslumbra la pobreza intelectual nacionalista, el oasis seco y ese germen de régimen totalitario que prospera allí. Como Escolar no posee ni muchas luces ni muchos conocimientos, no hay que fiarse de sus jaculatorias. En ese sentido, publicó en su bitácora, que es como una caverna poblada por extremistas y paletos, una viñeta de un empleado suyo. En ella sale un chico diciendo que en Italia se habla italiano y en Alemania alemán porque son italianos y alemanes, y se amarga al constatar que la gente cree que ellos, los catalanes, hablan en catalán "por llamar la atención, por discriminar y por pedir la independencia". Este cómico no ha entendido nada o tira balones fuera, no creo que haya leído ni una línea del Manifiesto por la lengua común.

En dicho documento, se habla de respeto, de promoción de las lenguas regionales, y ningún párrafo del mismo solicita su desaparición o la prohibición de su uso. No es un documento contra las lenguas cooficiales, sino contra los nacionalistas y sus políticas de corte totalitario, por un lado, y de defensa del castellano, por otro.

Los nacionalistas de todos los partidos, verbigracia, han aprobado o van a aprobar normas que obligan al comerciante a dirigirse a los clientes en un idioma determinado. ¿Con qué autoridad hacen eso tales politicastros? ¿Por qué vulneran los derechos de los ciudadanos? ¿Cómo es que tengo que hacer lo que ellos me digan? A mí, en mi comercio, que saco adelante con esfuerzo y con mi capital, arriesgando y trabajando, ningún policía lingüístico me puede multar por hablar como me venga en gana o por rotular en tal o cual idioma. Ya serán los clientes quienes juzguen y elijan, y el comerciante podrá actuar o no en consecuencia, pero siempre prevaleciendo la libertad y la posibilidad de elegir. No más imposiciones, vengan de donde vengan, del PP o del PSOE, de los camisas negras de ERC o de los racistas del PNV. Hay que denunciar los hechos y, sobre todo, resistir, resistir, ¡resistir!

En cuanto a la escolarización en castellano, sólo puedo decir que un español, en España, en territorio español, tiene el derecho innegable de que su hijo aprenda castellano y le den las materias escolares en castellano, respetando la hora de idioma regional. Lean el artículo 3.1 de la Constitución: "El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla".

Asimismo, en Cataluña o Baleares, se exige, para desempeñar ciertos puestos de trabajo cualificados (como profesor o médico), un alto nivel de catalán. Lo cual conlleva, muchas veces, la promoción de la mediocridad. En lugar de valorar el mérito y la capacidad, se valora tener un idioma. El médico podrá ser un incompetente, pero qué bien que sepa catalán. Eso sí, a los políticos no les miden el nivel. Si ellos chapurrean el idioma regional, nada pasa. Pero si es el ciudadano el que osa poner en duda las esencias de la tribu, entonces se le machaca, se le persigue y se le normaliza.

No confundamos a CiU o al PNV con Cataluña o con el País Vasco. No nos dejemos engañar: no hay territorios con derechos, sino personas, individuos con derechos, individuos con libertad y con responsabilidad, que no necesitan la tutela de los poderes públicos para regir su vida. Vivo en Madrid. No puedo sentir en primera persona los atropellos de los nacionalistas y no puedo rebelarme contra sus normativas y mandatos, pero aun así critico la situación y me parece cosa aberrante e injusta. A nadie debería ocasionar placer que se pisotee a sus vecinos en función de su idioma.

Firmen el Manifiesto por la lengua común, por favor. Es necesario este primer paso. Y que no se lo impidan personajes como Escolar o su empleado, es decir, los ignorantes y los acomplejados. Pues nosotros gritaremos a los cuatro vientos que somos libres.

4 comentarios:

braincrapped dijo...

Nacho Escolar o Empacho Escrotar --como es conocido por su afición a inflar los huev*s del personal-- es un subproducto mas del eZtercolero 'intelectual' que fomenta el diZParate que nos ha tocado vivir.

AlejandroAlmau dijo...

Yo vivo en Galicia y lo firmé hace tiempo.

Me gustaría destacar que, el fundamento de todo esto es sobretodo la defensa de la libertad de los individuos en su uso del idioma más que del idioma en sí, pues este no necesita defensa.

La lengua española sobreviviría aunque intentasen por todos los medios destruirla, aunque España desapareciese la mayoría de sus hablantes están fuera. Pero lo que sí necesita protección urgente es la libertad.

La libertad para vivir la propia vida como uno decida y el derecho de los niños a no vivir lastrados. Protección frente al totalitarismo ahora convertido en lo políticamente correcto de los nacionalismos amplificados por partidos nacionales.

A ver si Pepiño nos saca del atolladero.

Anónimo dijo...

Majete, como estudiante de derecho dejas mucho que desear: el artículo tercero de la "bendita" constitución crea ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda porque la lengua de unos por encima la de los otros. Pregunta que te lo expliquen en clase.

Anónimo dijo...

El manifiesto por la lengua común presentado el pasado mes de junio en Madrid comienza con la siguiente afirmación: "Todas las lenguas
oficiales en el Estado son igualmente españolas […] sólo una de ellas es
común a todos […] por tanto sólo una de ellas –el castellano– goza del deber
constitucional de ser conocida". Este enunciado contiene una contradicción
que recorre de arriba abajo todo el manifiesto. Consiste en afirmar, por un
lado, que todas las lenguas oficiales son igualmente españolas y, por otro,
que sólo una de ellas goza del deber constitucional de ser conocida. Es
decir, no todas las lenguas oficiales son igualmente españolas: una es mucho
más española que las demás. No sólo esto; es que además se contradice de
forma palmaria el segundo punto del comunicado. En efecto, a continuación se
dice que "son los ciudadanos quienes tienen derechos lingüísticos, no los
territorios ni mucho menos las lenguas mismas". Si esto es así, entonces no
debería haberse dicho en el punto primero que el castellano goza del deber
constitucional de ser conocido, porque las lenguas no gozan de derecho o
deber alguno. Aquí se percibe de forma cristalina el nacionalismo
lingüístico castellanista imperante en el manifiesto: sólo son las demás
lenguas españolas las que carecen de derechos; el castellano tiene todos los
derechos del mundo.

Pero ¿sólo las personas individuales tienen derechos y deberes? Que se sepa,
existe una entidad política denominada España, con un territorio bien
definido y en el que hay una lengua oficial denominada español. Esa entidad
se define, entre otras cosas, mediante el derecho a usar esa lengua en todo
el territorio del Estado y en todos los organismos oficiales. ¿No está
asociada España a derechos lingüísticos y territoriales? ¿No ha ejercido en
más de una ocasión España, a través de sus representantes, el derecho a que
el español sea reconocido en la Unión Europea como lengua oficial que es de
un estado miembro?

En el punto tercero se dice "en las comunidades bilingües es un deseo
encomiable aspirar a que todos los ciudadanos lleguen a conocer bien la
lengua co oficial. Pero tal aspiración puede ser solamente estimulada, no
impuesta". Conocer la lengua oficial del Estado no es un deseo encomiable,
sino un imperativo legal. Por eso, quienes trabajan en las instituciones del
Estado están obligados a usar el castellano. Pues bien, si el catalán es
oficial en Cataluña, quienes ejercen sus funciones en las instituciones
catalanas deberían igualmente estar obligados a usar el catalán. Esta
obligación está legalmente legitimada por el hecho de que el catalán es
lengua oficial. Es una incoherencia evidente exigir que en Cataluña se hable
y escriba en castellano porque es lengua oficial y no hacer lo mismo
respecto del catalán, la otra lengua oficial o ¿es que la primera es más
oficial que la segunda?

En el punto cuarto se afirma que el hecho de que las lenguas de las
comunidades autónomas hayan dejado de estar prohibidas o restringidas es
suficiente para el pleno cumplimento del apartado tres del artículo tercero
de la Constitución. Pero lo que dice la ley es que las lenguas nacionales de
las comunidades autónomas son oficiales y, por tanto, exigir esas lenguas a
sus ciudadanos no es acto de discriminación respecto de la otra lengua
oficial, el castellano. Lo que sí es un acto de discriminación es no exigir
a todos los ciudadanos de las Comunidades sus lenguas nacionales, como
lenguas oficiales de pleno derecho que son, o que deberían ser.

A continuación, se hace una serie de solicitudes al Parlamento español. La
segunda de ellas consiste en la petición de que "las lenguas cooficiales
autonómicas deben figurar en los planes de estudio […] pero nunca como
lengua vehicular exclusiva". Esto equivale a pedir, por ejemplo, que en
Cataluña ha de exigirse por ley que no se enseñe en catalán. Pero ¿cómo se
puede conciliar esto con la idea de que el catalán es lengua oficial de
Cataluña? Creo que no hay manera sensata de hacerlo.
En el punto tercero se insiste en la idea de que no todos los funcionarios
de las comunidades cutónomas tienen que conocer la lengua oficial de su
comunidad. Esto vuelve a entrar en contradicción con su carácter oficial.
¿Es posible ser funcionario de la Administración del Estado sin conocer el
español? Si esto no es posible ¿por qué habría de serlo que un funcionario
de la Generalitat no sepa catalán?

En conclusión, lo que parece pedirse en este manifiesto es que las lenguas
de las diversas comunidades cutónomas dejen de ser de facto oficiales en
ellas para volver a una situación en la que el castellano sea la única
lengua realmente oficial en todo el territorio del Estado español.

Estamos, pues, ante un manifiesto a favor de la supremacía y dominio
absolutos de la lengua española sobre todos los demás idiomas de España. Por
esa razón, es un claro exponente de la ideología del nacionalismo
lingüístico español en una de sus formas más radicales y megalómanas. Según
esta ideología, el español, lengua oficial del Estado, es superior en
algunos aspectos a la práctica totalidad de las lenguas del mundo. En el
preámbulo del manifiesto se menciona que sólo hay dos lenguas con mayor
pujanza que el español (el chino y el inglés) y que esta lengua se asocia
por derecho propio a la comunicación democrática y a los derechos educativos
y cívicos. Con premisas como estas no es de extrañar la actitud altanera e
intolerante que informa el manifiesto en todos sus puntos.