Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







lunes, junio 23, 2008

NI AUNQUE SE EMPEÑEN

En un intento de explicar y justificar la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, y buscando apoyo en la sentencia del 14 de mayo del Tribunal Constitucional, la Ministra de Igualdad, llamada Aída o algo así, publicó un artículo en El Mundo el pasado día 25 de ese mes.

Básicamente, la sentencia del TC avala la constitucionalidad del artículo 153.1 del Código Penal --introducido por la ley citada--, regulador de mayores penas para las lesiones leves cometidas por hombres contra mujeres que para el caso contrario (lesiones provocadas por mujeres contra hombres), basándose en lo siguiente: primero, en que la violencia de los varones responde siempre y sin excepción a una manifestación de machismo en un "contexto de desigualdad", de poderío sobre la mujer, que hay que erradicar cueste lo que cueste; y segundo, en que hay unas "altísimas cifras" de este tipo de agresiones machistas. De ahí las penas más elevadas del artículo 153.1 o del 171.4 (amenazas leves) para los hombres.

Mi Hembra, como dice Sánchez Dragó, nos ofrece el dato de que "la realidad es que las denuncias suponen el 70% de los casos de delitos contra las personas y que, de ese porcentaje, los detenidos por delito de maltrato son hombres en un 95%". Dicho lo cual, llega toda la traca feminista, ya muy sobada: desigualdad entre los sexos, incompleta ciudadanía de las mujeres (¿?), dominio masculino y más, muchos más lugares comunes. No digo que no haya machismo en la sociedad, y las mujeres maltratadas merecen, sin duda, toda la protección y que su agresor sea castigado con dureza, pero sí que estamos hartos de escuchar bobadas solemnes.

A renglón seguido, Mi Hembra toma como escudo y espada la sentencia del TC, citando la parte en la que el Alto Tribunal habla de "una arraigada estructura desigualitaria" que considera a la mujer como inferior, estructura a la que obedecerían, repito, todas las agresiones de hombres contra mujeres. Para el TC, esto es la piedra angular de toda su fundamentación jurídica: a una situación de desigualdad más o menos pública y notoria se la combate con una desigualdad legal, y el artículo 14 de la Constitución se tapa con un velo negro. Artículo que consagra el principio de igualdad en el ordenamiento jurídico español: "Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o circunstancia personal o social".

Mi Hembra Aída, en su afán de meter la pata, va más lejos y afirma sin complejos que, ante semejante situación de desigualdad, sólo cabe hacer leyes ventajosas para las mujeres "para compensar" los retrasos históricos (es bien sabido que el Gobierno de Zapatero vive anclado en la Historia... que le interesa). O sea, que se debería haber llamado Ministerio de la Desigualdad o de la Discriminación al tinglado de esta señora. Y cuando hayan pasado unos lustros, pienso yo, ¿habrá que hacer leyes favorables a los hombres para compensar el retraso legislativo sufrido?

En resumidas cuentas, el artículo de Mi Hembra no merece otro destino que ser arrojado a la papelera, junto a la sentencia del TC. Para rebatir ambos escritos, me ha de ser de ayuda un artículo que publicó en El Mundo mi profesor Enrique Gimbernat, Catedrático de Derecho Penal, con el título de "La Ley de Violencia de Género ante el Tribunal Constitucional".

La sentencia del TC, un órgano bastante desprestigiado y presidido por una mujer puesta en tela de juicio por sus amistades y conversaciones peligrosas, ha de ser rechazada, ya que el atentado contra el artículo 14 de la Constitución es obvio, cosa capaz de comprender hasta un niño sin conocimiento alguno. No valen las interpretaciones forzadas y giros sorprendentes que ejecutan los siete magistrados que han decidido la constitucionalidad de la norma cuestionada. No se puede presumir iuris et de iure –sin prueba en contrario— que toda lesión que un hombre provoque contra una mujer tiene que ver con ese machismo imperante en la sociedad y con ese deseo de aplastar la dignidad la mujer y su papel. En todo caso, podría aplicarse una agravante si así se demostrara en el juicio, pero hacerlo por sistema es injusto y atentatorio contra el principio de igualdad. Siempre habrá casos concretos en los que no pueda predicarse toda esa historia del sistema patriarcal.

Gimbernat sostiene que sí sería posible imponer penas agravadas contra la violencia efectivamente machista, y pone como ejemplo la agravante de la xenofobia (art. 22 CP). A lo que añade una aclaración: "Pero no siempre que la víctima pertenezca a una raza distinta de la del agresor puede entrar en juego la agravante del art. 22.4ª, ya que ‘la apreciación de una agravante genérica o específica, sin prueba alguna que la sustente, vulnera la presunción de inocencia’ (sentencia del Tribunal Supremo de 4 de noviembre de 2003)". Si un marido pequeño y enclenque, se pregunta Gimbernat, empuja a su gigantesca esposa, cinturón negro de judo, ¿también ahí existiría una relación de desigualdad a favor del hombre? En consecuencia, el artículo 153.1 CP sí va contra el principio de igualdad, digan lo que digan el TC y Mi Hembra.

Además, Gimbernat aporta un argumento novedoso a este debate: el de que, asimismo, se vulnera el principio de la responsabilidad penal personal, lo que nos mete de lleno en la segunda razón que da el TC para defender la norma: las "altísimas cifras" de agresiones machistas. Ante eso, hay que replicar que nos acercamos al Derecho germánico medieval y su responsabilidad por la estirpe (Sippenhaftung). Dado lo que han hecho otros hombres ahora y en el pasado, el ser hombre, quizá con nada de machismo en la agresión concreta, ya conlleva una alta carga de sospecha y una responsabilidad penal agravada. Eso es lo que viene a decir el TC.

Se puede y se debe hablar de la inconstitucionalidad del artículo 153.1 CP. Ni aunque se empeñen será distinto. También, obviamente, reconozco que ciertamente existen desigualdades y una violencia doméstica que se cobra demasiadas víctimas, la cual debe ser combatida y erradicada. Mas, en mi opinión, ha de procederse con respeto a la Constitución y al Estado de Derecho.

En cuanto a Mi Hembra, concluyo con lo mismo que escribí en su blog y que no ha querido publicar, pues sólo acepta elogios. Que dimita y que nos devuelva el dinero, que no queremos que se malgaste en sus manos.

NOTA: Parto esta tarde hacia Mallorca, a visitar a mis tíos y primos. Viajo, por cierto, en Air Berlin. Volveré el sábado, pero espero poder leer sus espacios durante la semana.

4 comentarios:

octopusmagnificens dijo...

Buen viaje Espantapájaros, y éxito con las bellezas germánicas… yo estuve en Mallorca en el 92 y el 93, y puedo decir que la mujer más guapa que he visto en mi vida, y me refiero a en persona, fue una extranjera, ya no me acuerdo de dónde, que estaba cenando con su madre a mi lado, en un restaurante del paseo marítimo de Palma.

El Espantapájaros dijo...

Gracias, Octopus. Ya estoy en Palma. Para los amantes de las mujeres rubias, como yo, sé bien que éste es el lugar idóneo para disfrutar y admirar. No puedo escribir mucho, pero sí leer, y ya he visto tu crítica sobre "Hulk". También quiero verla.

Atreides dijo...

Espantapájaros, tienes un premio en mi blog ;-)

braincrapped dijo...

Ni miembro ni miembra, Bibiana es una membrilla.