Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, enero 13, 2008

SOBRE EL TERRORISMO DE ESTADO

Dicen que Steven Spielberg, en Munich (2005), construyó una visión equidistante del conflicto entre israelíes y palestinos, o que favorecía demasiado a los últimos y pintaba a los primeros con sombríos colores. En el magistral filme, de factura impecable y con grandes interpretaciones, Golda Meir (descrita con acierto como el único hombre de su Gabinete) autoriza la Operación Cólera de Dios tras la masacre de los atletas israelíes en los Juegos Olímpicos de 1972, perpetrada por terroristas musulmanes. Desde mi punto de vista, Spielberg no es relativista, aunque humaniza a varios de los terroristas en perjuicio de los héroes del Mossad. Mas, cuando la anciana Primera Ministra pregunta a uno de sus colaboradores si la venganza está legitimada, y éste guarda silencio, el espectador sabe perfectamente que sí.

La guerra del Israel contra el terrorismo musulmán era y es abierta y total, así que, en semejantes coordenadas, y teniendo presentes las maldades que los árabes siempre han cometido contra Israel, con feas alianzas, guerras, atentados, etcétera, el dar muerte a unos cuantos terroristas usando procedimientos oscuros y expeditivos no puede sorprender ni repugnar. Si esto lo trasladamos a España, en el contexto actual, sí. Porque no sufrimos una realidad terriblemente crítica como la que Israel sufría en los años setenta y ahora. Porque los etarras no son extranjeros, sino, en el fondo, españoles. Y añadiría una última razón: estando ETA tan debilitada y acosada (pese al anterior auxilio de Zapatero), el terrorismo de Estado, justificable en los años de plomo, hoy solamente daría alas a la organización y sus socios.

Como corolario, se puede afirmar que el terrorismo de Estado, en casos muy extremos y de absoluta necesidad, es salida legítima para proteger a los ciudadanos y el Estado de Derecho, por paradójico que suene. Empero, aplicado en otras circunstancias será contraproducente e injusto. Los GAL sí respondían a una situación extraordinaria, pero sus chapuzas, sus fallos imperdonables (asesinato de inocentes) y el que fueran descubiertos, unido a un Felipe González cobarde, incapaz de asumir su responsabilidad, determinaron la invalidación en España de esta, a veces, eficaz arma.

9 comentarios:

Hartos de ZPorky dijo...

Abordas un tema delicadísimo e interesantísimo. Yo creo que si un Estado se ve obligado a practicar terrorismo "de Estado" es precisamente por su fracaso en ser Estado. La Ley. Sea buena o mala hay que cumplirla por encima de todo, y todos por igual, y entonces, tal vez, sólo tal vez probablemente se podría evitar tal lacra. Un saludo.

Claudedeu dijo...

No vi esa película. Ando desconectado del mundo del cine.

El Espantapájaros dijo...

El Estado de Derecho se define por varias notas: el principio de legalidad, la separación de poderes, la garantía de las libertades y derechos fundamentales de los ciudadanos... Si estas últimas son sistemáticamente pisoteadas por un grupo terrorista, ya hay un primer problema: el Estado, que tiene el monopolio de la violencia, debe velar por la seguridad de sus ciudadanos, por su vida y libertad. ¡Es su prioridad! Fracasar en esto es lo realmente dramático para un Estado de Derecho.

Por ello, he considerado que, en casos gravísimos, se podría recurrir a una guerra sucia, en las cloacas del Estado de Derecho, si se quiere decir así, con tal de defender a los ciudadanos y retribuir a los terroristas el mal que han causado. Obviamente, hay otros métodos, los previstos en la Constitución (supuestos de anomalía constitucional: estados de excepción y sitio), pero aplicarlos en España es sumamente complicado y costoso. Por tanto, en un caso así, con el terrorismo como causante del problema, sería más normal ir a la vía del terrorismo de Estado.

En principio, el Estado de Derecho sería conculcado por estas prácticas, en rigor criminales. Pero, ¿cuál sería en el caso extremo que planteo la alternativa? O la indefensión de los ciudadanos y la ulterior destrucción del Estado de Derecho ante el avance terrorista, o que los ciudadanos se rebelaran ellos mismos contra el enemigo, ignorando de todas maneras el Estado de Derecho, que habría perdido todo el respeto y todo el sentido.

Como se ve, nos es sencilla la cuestión. Con todo, ya he dicho que no creo que en España estuviera legitimado recurrir a la guerra sucia en este momento. Pero, en los años ochenta, ¿por qué no?

Un saludo

Samuel dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Samuel dijo...

La razón por la que le llama terrorismo de estado a la guerra de Israel contra el acoso islamista me parece muy llamativa. Es cierto que la situación palestino-israelí no admite comparación con el terrorismo de ETA, más que nada porque el enemigo es mucho más amplio, y además, no distingue fronteras nacionales, sino que islamistas de distinta cosmovisión y distinta nacionalidad se hallan hermanados en un objetivo común.

Es el problema que se plantea cuando un Estado es atacado desde dentro y los aledaños. Israel no declara la guerra a otro Estado, porque no lo hay, sino a fuerzas internas y externas que quieren destruir el sistema. Al cabo, atacar a esas fuerzas enemigas, parapetadas tras la población civil, es sembrar el terror y lo hace el Estado. Pero aunque el enemigo (Hamas, Hezbolá, Al Qaeda) no forme un Estado definido en toda regla (la Autoridad Nacional palestina, hoy en manos de Hamas, es una creación reciente y artificial), sí creo que en la actualidad están amparados por los gobiernos de Irán y Siria, como en su tiempo, durante la Guerra de los Seis Días (ahí sí que era una guerra de Estado contra Estados), recibieron el apoyo de Egipto, Jordania o Irak, con lo que el asunto se vuelve algo más complejo.

El terrorismo, a la postre, es querer conseguir unos propósitos políticos mediante el uso del terror: alimentar la división en las líneas enemigas, amedrentar a la población que les ampara, matar enemigos concretos o torturar a los apresados para obtener información. En definitiva, negarles los Derechos Humanos. A Israel, sin embargo, practicar el terrorismo de Estado le otorga muy mala prensa ante la opinión pública internacional, por lo que me supongo que intenta ceñirse a los objetivos necesarios y no practicar el terror por el terror. Ellos saben que sembrar el miedo, en lugar de producir una rebelión en contra de los islamistas, produce el efecto contrario. Por eso pienso que las acciones de Israel por defender su territorio es una guerra, una guerra moderna (no de Estado contra Estado) y una guerra en la que toda víctima civil, a veces inevitable, es un punto en contra del gobierno de turno. Que se condena a terroristas sin garantizarles un juicio justo, no me cabe la menor duda, pero es lo propio que si hubiese una guerra. En España no hay una guerra, porque ETA es un grupo aislado fuera de la ley, no el brazo armado de un movimiento mucho más amplio.

Si Israel practicara el terrorismo de Estado de manera sistemática, haría tiempo que con su potencial policial y militar habría derrotado a sus adversarios. Es la ley lo que les contiene, cosa que tampoco agrada a los judíos más ortodoxos. Sí es cierto, sin embargo, que ha puesto sobre el tapete prácticas indignas de un Estado de Derecho, pero entiendo que se hacen en el marco de una guerra tácita e inevitable contra un enemigo heterogéneo.

La verdad es que todo acto de terrorismo de estado, como de guerra, me repele. No me atrevo a decir que el terrorismo de estado o la guerra contra el terrorismo está justificada, porque hay muchas vidas humanas en juego y el propio sentido del derecho, la presunción de inocencia y la garantía de un juicio justo, se cuestionan. Resulta difícil conocer que es lo más conveniente, pero yo apostaría por evitar en la medida de lo posible ese tipo de prácticas y seguir siendo fieles al imperio de la ley. Por una cuestión de principios.

Con lo que desde luego estoy de acuerdo es que, ante la amenaza terrorista, o en la guerra contra el islamismo radical, no caben medias tintas y la indecisión puede traer consecuencias fatales.

Un saludo. Perdone si me extendido demasiado, y no haga caso del anterior comentario que borré.

Samuel.

Capitán Romeo dijo...

Lo cierto querido amigo es que es un tema que por su extensión y su complejidad no me atrevo bien a pronunciarme.

Pero mi moral me dice que el terrorismo de Estado es en sí mismo un error político. Me explico cuando una democracia lleva a termino este tipo de prácticas debe replantearse si ha dejado de ser mismamente una democracia.

Si bien es cierto, que hay ocasiones en que las muertes por parte del Estado son irremediables, sea el caso de una Guerra Civil, no significa que estén justificadas. Quizá políticamente pero no ante nuestro Señor, pero aquí entra de lleno una interpretación "divina" y personal sobre el tema.

Insisto, es un tema fascinante y merece por mi parte una profunda meditación, al menos debo agredecerte que me hayas hecho pensar en ello.

Un abrazo Coronel.

PDTA: leí tu último artículo en MAZP MAX. Me pareció fascinante.

El Espantapájaros dijo...

Me gustaría que algo quedara claro. No he querido decir que todo lo que hace Israel contra sus enemigos árabes sea terrorismo de Estado. ¡Nunca caeré en afirmar tal cosa! De hecho, me he referido a ello, antes de nada, como guerra. Pero sí considero que es terrorismo de Estado o guerra sucia el asesinato de terroristas por parte de los servicios secretos en terceros países (p.e., en Francia o Italia, como nos muestra la película). Exclusivamente eso, no lo demás. Los actos defensivos o preventivos que Israel debe llevar a cabo para defender su integridad y sus habitantes no son considerados por mí, ni deberían serlo por nadie, como de terror de Estado, sino como actos de guerra pura y dura o de legítima defensa.

Sin embargo, en España sí hubo un momento de terrorismo de Estado muy definido con los GAL, en los ochenta, comparable--hasta cierto punto--con la eliminación de terroristas que en la película (y en la realidad) realiza el Mossad.

Samuel, como siempre, ha aportado un escrito cargado de juicio, y pone el acento en lo que ya he dicho: que el Estado de Derecho al que se busca defender y mantener se autoconculca. El principio de legalidad se incumple, los derechos de los terroristas son obviados... Por supuesto, todo ello es muy discutible. Y, si se cometen fallos, como pasó en España, imposible de perdonar o justificar.

Pero, en una situación descrita como extrema, crítica, excepcional, como en la que Israel se encuentra tras esa masacre en Munich, en la que las tácticas de guerra convencional no sirven, con los terroristas ganando posiciones, saliendo en televisión, ¿quién puede reafirmarse en esos nobles principios y valores, si lo que está en juego es el propio Estado de Derecho, que al fin y al cabo va a ser quebrado, y la vida de los ciudadano que sí son fieles a ese Estado de Derecho?

Desde luego, en tal estado de cosas sí autorizaría una Operación Cólera de Dios.

Y, finalmente, Triste Romeo toca un aspecto que yo he preferido dejar de lado, el de la moral. Aquí las discusiones podrían ser eternas. Hay que tener en cuenta que me estoy situando para hablar de esto en un plano igual al que Maquiavelo coloca a su príncipe: el de que el fin justifica los medios siempre que se trate del bien del Estado, del bien de los ciudadanos.

También le doy gracias por sus halagos y espero mandar pronto nuevos escritos para el MAZP.

Un saludo

El Cerrajero dijo...

Si hay algo peor que el 'terrorismo de Estado', esto es la subvención --con dinero público-- de los terroristas que quieren acabar con el Estado.

Anónimo dijo...

Por las estupideces que dices te pareces mucho a un personaje de una novela de Benito Pérez Galdos, Jacintito el abogado de Doña Perfecta.