Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, diciembre 09, 2007

ANIVERSARIO DE LA CONSTITUCIÓN

Ha cumplido la Constitución de 1978 veintinueve años: se aprecian en ella signos de envejecimiento prematuro cuando debiera estar a punto de entrar en la madurez. ¿Cuál es el problema? El texto constitucional español nació con defectos que no se han subsanado y que sólo ahora han obtenido atención. Se ha hablado de una Constitución inacabada, por no tener claramente definido el modelo de Estado, con sus competencias exclusivas y con los límites de las Comunidades Autónomas. A la vez, a estas carencias internas se suma un ataque externo, que en esta legislatura se puede calificar de virulento y demoledor. Tal ataque se materializa en normas como el Estatuto de Cataluña, cuyos grotescos contenidos están fuera de la Constitución y del sentido común más elemental. Los problemas, como se ve, son graves.

La cura estriba en la reforma. Un texto constitucional no es intocable, so pena de volverse obsoleto, inútil. El ejemplo es la Constitución de Estados Unidos, vigente desde 1787 pero que ha sufrido muchas modificaciones. Flexibilidad y continuidad son las claves. Cuando el peligro nacionalista es ya manifiesto, no queda más remedio que acudir a una de sus raíces, la que se halla en la propia Constitución, y cortar y remendar en la medida de lo posible. Es verdad que existen otras reformas accesorias, como la del artículo 57 para eliminar la prevalencia del varón sobre la mujer en la sucesión a la Corona, pero, a mi juicio, son discutibles. Las relativas al Título VIII, no; siempre que se intente salvar el país, por supuesto. Para ello no haría falta acudir al procedimiento agravado de reforma del artículo 168, sino al del 167.

De no realizarse, la Constitución no sobrevivirá, o lo que es peor, estará ahí sin cumplirse. Con un Tribunal Constitucional inane y dividido en dos sectas y un Gobierno que actúa de espaldas a ella, la Carta Magna va a tener que defenderse por su cuenta, mediante un buen lavado de cara, tras las próximas elecciones (esperemos). Porque la necesidad es acuciante. En un artículo publicado el jueves en El Mundo, Jorge de Esteban reclamaba dicha solución, constatando la "mutación constitucional" indicadora de la "crisis total" del Estado Autonómico. Si gana el PP, la reforma debería producirse.

6 comentarios:

Samuel dijo...

Amigo Espantapájaros, no puede ser más oportuno su artículo, precisamenta ahora en que muchos políticos se deshacen en huecas alabanzas de un texto con tantas imperfecciones. La realidad es que la situación provocada por la subida al poder de Zapatero y su continua política de cesión a los nacionalismos periféricos ha despertado un debate que tardará tiempo en agotarse.

Dijo Mariano Rajoy no sé cuándo que a él le gustaría una reforma constitucional como la que hubo en 2006 en Alemania, en la que se fortaleciese el poder del Estado federal frente a los federados, pero la diferencia es que allí se cedió la Educación a las regiones, mientras que aquí es una de las principales materias en las que debería legislar el Estado central. La reforma debería estar precisamente orientada a afrontar el problema de los nacionalismos.

Hay algo que resulta de lo más horrendo. Si el Estatuto Catalán sigue parado a la espera del Tribunal Constitucional, y éste ha decidido "no interferir" en las elecciones, su postura se decantaría por un lado o por otro según quien las gane. La situación de una Justicia politizada y desprestigiada en España da que pensar, pero por desgracia no es el único problema. La ley electoral también es favorable a las minorías nacionalistas otorgándoles una representación ponderada sobre su exiguo número de votos.

En fin, que la próxima legislatura será de lo más candente. Ojalá Rajoy pueda estar a la altura y acometer esta circunstancia, pero antes tiene que ganar las elecciones. Ardua tarea para llevarse a cabo mientras el PSOE esté en manos de tipos como Zapatero, Blanco, Rubalcaba y demás.

Un cordial saludo,

Samuel.

El Espantapájaros dijo...

Sí, el problema nacionalista se agrava del todo, como usted dice, con la Ley Electoral, que, digamos, sobrerrepresenta a los partidos nacionalistas, los cuales poseen de esta manera un poder apoyado en nada, no en el pueblo. Es una ley que, básicamente, hace que el voto sea desigual. Una solución sería aumentar hasta un 5%la barrera legal de votos para que se empiecen a repartir escaños (actualmente está en el 3%, a todas luces insuficiente).

A lo que hemos llegado es a descubrir la imposibilidad de mantener la situación actual. El Gobierno no puede mantenerse por más tiempo con la ayuda de partidos que no creen en la Constitución y que rechazan la idea de España. Ha llegado la hora de marginarlos en sus feudos, donde, por cierto, su poder es más relativo de lo que se cree, e impedir que puedan tener arte o parte en los asuntos de Estado, pues se han mostrado irresponsables, interesados sólo en lo suyo y destructivos. Fuera los chantajistas.

A la vez, la reforma del Título VIII de la Constitución es imprescindible, en el sentido de cerrar esa transferencia inagotable de competencias a las regiones y asentar el Estado de una vez por todas. Por supuesto, caben otras muchas reformas, ya lo he dicho, y el Consejo de Estado tiene grandes ideas a ese respecto. Pero lo fundamental está en ese título.

En cuanto al Tribunal Constitucional, no vale la pena confiar en un órgano tan desprestigiado como insolvente. La solución para él es una reforma integral de su composición.

Un saludo

Claudedeu dijo...

En un análisis breve, me atrevería a decir que veo bien a la Carta Magna, aunque necesita algún que otro lifting: la edad le está pasando factura, y los achaques siempre son malos para la salud.

El Cerrajero dijo...

Está claro que el sistema actual necesita una revisión a fondo y una buena puesta a punto.

Lo malo es ver los 'mecánicos' que quieren meterle mano a la maquinaria.

Así está Murcia dijo...

Esta claro que necesitamos reformar la Constitución, pero no nos engañemos, el PP no puede reformar la Constitución solo, necesitamos el apoyo del PSOE, y, evitar que los nacionalistas utilicen la reforma para "colar" aspiraciones ilegítimas, a cambio de apoyo parlamentario

Nicholas Van Orton dijo...

«Envejecimiento prematuro», cierto; será porque le ocurre lo mismo que a los perros: un año en la vida de un can equivale a siete para un humano. Pero ya que hablamos de perros, debo decirte que son muchos y de diferentes razas los que se dedican a morder los corvejones de la Constitución. No hay que olvidar que ella fue la piedra angular que repartía las fuerzas de los diferentes partidos políticos durante la Transición. Sin embargo, ello no impidió que una crisis se incubara en el fondo social español. Si observas lo sucedido en los últimos años, te percatarás de que las reformas autonómicas han avanzado a un ritmo vertiginoso mientras que la Constitución quedaba retrasada. Creo que ello ha provocado la actual degradación política y ciudadana que ahora vivís en España. Ningún gobierno anterior tuvo los bemoles necesarios para acometer las reformas necesarias y que debían ser el necesario metrónomo para que todo avanzase al mismo ritmo. En la actualidad, y gracias al impulso que tienen los nacionalistas, las reformas deben ser profundas y radicales. Soy optimista al respecto, látigo de alondras anoréxicas, ya que los dos grandes partidos saben que el terreno de juego se ha embarrado demasiado, y ellos lo que desean es jugar; incluso me atrevería a decir que temen por su propia supervivencia. ZP perderá las elecciones, y el PP, de acuerdo con un «renovado» PSOE, acometerá las reformas necesarias. Con todo y con eso, también debo decirte que el PP necesita comprender que «el espíritu de la Transición» hace ya tiempo que se esfumó.
Saludos.