Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, julio 29, 2007

COPLAS A LA MUERTE DE POLANCO

A mí me pilló la noticia de la muerte de Polanco en Maastricht, y me la tomé con normalidad, pues ya sabía de su enfermedad y de su estado agonizante. Todos bromeamos, obviamente, con un lloroso y descompuesto Gabilondo que empezaría su informativo de esta forma: "Españoles, Polanco... ha muerto". La realidad, como siempre, acabó superando a la ficción; nadie se imaginaba que la edición de El País del día siguiente fuese a ser el mayor panegírico colectivo nunca visto. Escasas debieron ser las personalidades, tanto del mundo político como del cultural, que no escribiesen un artículo elogiando las virtudes del fallecido editor o hiciesen una declaración glosando su importante papel en nuestra democracia. Vaya corte de aduladores y limpiabotas tenía el insepulto. Vaya Gallardón más pelota.

En estos casos, lo educado es el pésame. Hay que desear lo mejor para el alma de Polanco y lo peor para su empresa. Mas no tenemos por qué pasar por la canonización de semejante mafioso. De todas las que leí, la valoración más ecuánime y ajustada a la verdad fue la de Jesús Cacho, que, tras reconocer que Polanco fue un empresario que tuvo la habilidad de convertirse en millonario, ponía las cosas en su sitio: empresario brillante, sí, pero que medró en y gracias al franquismo, que usó a discreción sus medios de comunicación para defender sus negocios y que siempre buscó la sombra y el beneficio de los diversos inquilinos de La Moncloa. En Polanco no hay nada de defensor de la democracia, de centinela de la pluralidad o de cualquiera de esas milongas con que nos están bombardeando.

El poderoso editor deja a su muerte un imperio que se tambalea, si bien cuenta con las suficientes cabezas y brazos como para dar aún mucha guerra. Nos divertiremos viendo cómo se reparten los generales el pastel. Y habremos de ser inmunes a las hagiografías que, en adictivas dosis, ya circulan sobre Jesús Polanco (en El País, en la Cuatro), ya que corremos el riesgo de que nos den gato por liebre. Nombro de nuevo a Jesús Cacho. Él tiene la vacuna más recomendable: su libro El negocio de la libertad.
NOTA: De vacaciones hasta el 19 de agosto.

4 comentarios:

Samuel dijo...

No es extraño que Prisa lo alabe, porque la creó él y además tiene mucha maña en darle la vuelta a la realidad. Polanco es defensor de la pluralidad, los atentados son accidentes mortales, a los dictadores comunistas se les llama cariñosamente por su nombre propio y un montón de eufemismos y mentiras que edulcoran a cada tipejo que les ha caído en gracia, ya sea progre o un perfecto antidemócrata.

De Polanco, no hay duda. Muere el capitán, pero el barco sigue a flote y dando guerra. Aunque le ha salido un rival en Mediapro, ya sabe, que aunque es igual de progre que Prisa, es un síntoma de rebeldía, y lo que es peor, ¡de competencia! Algún día caerá el imperio. No perdamos las esperanzas.

Un saludo.

Decentes dijo...

Tanta Paz lleve como ha dejado....

Saludos

javier dijo...

no se que pensar, tal vez la única manera de vencer a Polanco halla sido con su muerte, algo esperada la derrota pero de una forma triste. Hay que dejarse de tanto lloro y luchar por que una vez caido el gran dictador de la prensa (tambien se le puede llamar el inquisidor de finales del siglo XX)en españa se pueda opinar libremente en medios de comunicación defendiendo los valores que nos hacen personas. un saludo, tu admmirador the voyager

Ahskar dijo...

"Al final de la partida, el peon y la reina van a la misma caja" - Dicho Italiano.