Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, febrero 04, 2007

TRES SERIES (II)

En un comienzo, One Piece, como serie de animación (desde 1999), fue fresca, novedosa, conociendo pronto el éxito de crítica y público. La serie de piratas y aventuras por antonomasia, encabezada por Luffy y su banda, era desbordante en cuanto a imaginación (historia, personajes, ambientes...) y sobresaliente en lo que respecta a espectacularidad visual y musical, con una animación efectista y una banda sonora impresionante. Empero, sea como fuere, la serie ha ido sufriendo a lo largo de los años una penosa degradación. Sus períodos arcaico--interesante, prometedor—y clásico--excelente, insuperable--han dejado paso a lo barroco. One Piece se copia a sí misma y se exagera, enjoya y maquilla, pero ni avanza ni propone nada nuevo, y es claro el agotamiento de sus formas y concepciones.

El simple argumento, bien aderezado, lo tiene todo para cautivar. El viaje de Luffy a través de su vasto y fantástico en busca del tesoro de Gold Roger, que lo convertirá en el rey de los piratas, es una historia, cuando menos, épica. Partiendo de la premisa básica, la tripulación (a cada nuevo miembro, un pasado más lacrimoso), el barco, las batallas a sangre y fuego contra otros ambiciosos piratas o contra la Marina, los enfrentamientos entre camaradas y... el barroquismo, cuyo síntoma se atisba ya en la mejor saga, la de Alabasta (de su villano, Cocodrilo, hablé en un viejo artículo), cuando en ella se sacramenta y se abunda en uno de los defectos de la serie, que consiste en que, pese a las violentas, sangrientas palizas que se dan, no muere ni dios. Aunque uno reviente, le ensarten o le disparen.

Ah, dios con minúscula, porque, fuera de mí el ánimo de tomar el nombre del Señor en vano, aludo al protervo ser que, con su delirante y ciertamente absurdo proyecto, acaba por implantar el exceso en la serie. El dios Enel, soberano del mundo superior de Skypea, pretende, básicamente, cargarse su reino para después viajar a una tierra aún más superior que en realidad es... la luna. Con semejante saga, One Piece ha entrado en una enajenación de la que, vistos subsiguientes arcos argumentales, no saldrá hasta su final, que vaticino lejano.

3 comentarios:

Ahskar dijo...

Es curioso ver como cautiva a tanta gente esta serie que a mi me resulta insoportable. Vi media docena de capitulos seguidos con unos amigos, y lejos de engancharma, tenia ganas de quemarlos a todos los perosnajes de la serie, que me parecian a cual mas ridiculo, exagerado y visualmente desagradable.

Posiblemente que el argumento me pareciera absurdo y la forma de contarlo bastante mala, es debido a que no empecé al serie por el principio sino 6 o 7 seguidos de vete tu a saber que temporada en que momento.
Sin embargo, cuestión de gustos, visualmente no me gusta nada y la estructuración de los capítulos tampoco. En la musica ni me fije, aunque creoq acabé aborreciendo el opening y el ending.

El caso es que ya,d ebido a que ni me atrae su estetica y que me traumatizaron esos capitulos, le tengo bastante mania a la serie ^^U

octopusmagnificens dijo...

Yo la verdad es que no la conozco.

El Cerrajero dijo...

Tampoco he tenido el placer ^_^