Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, febrero 18, 2007

CASTELAR PROFANADO

Supongo que la glorieta o plaza de Emilio Castelar en Madrid se sigue llamando así por tener un monumento dedicado a ese mismo personaje, lo contrario de lo que pasa con la plaza de Cánovas del Castillo, que es conocida entre el vulgo como plaza de Neptuno, por culpa de la estatua del dios (magnífica por otro lado). Erigido por suscripción pública, este homenaje bien lo merecía Emilio Castelar (1832-1889), y otros muchos más, qué duda cabe. Fue otro monstruo político del siglo XIX: republicano liberal, cuarto presidente de la I República y ocasional rival de Cánovas, aunque dentro de una fiel amistad, durante la Restauración. Y es considerado el mejor orador español, el Cicerón español. Tras una irreprochable actuación en la República, se retiró de la política en 1888, al llegar el sufragio universal (1890).

No soy republicano, bien lo saben, mas admiro a Castelar. Posee el honor de haber protagonizado aquella famosa anécdota en la cual, respondiendo a la pregunta de qué le gustaría haber sido de no haber nacido español, dijo, seguramente convencido y orgulloso: "Pues yo, si no fuera español, me gustaría serlo". Alivia comprobar que no siempre han sido procaces y negadores de su españolidad nuestros republicanos e izquierdistas (téngase en cuenta que, en esa época, el liberalismo político puro estaba más cerca de lo que hoy conocemos como izquierdismo). Y resulta que, para asombro e indignación de mi persona, el otro día me topé con una impresentable incorrección. Se lo pueden imaginar... ¡El monumento a Castelar había sido mancillado con una bandera republicana tricolor!

Era el baldón una ofrenda floral, una corona de flores con los consabidos colores: rojo, amarillo y morado--el falso pendón de Castilla--; reposaba a los pies de la electrizante estatua de Castelar que realizase el escultor Benlliure en 1908 para el impresionante conjunto. Los vándalos que allí depositaron eso deberían saber, si no fueran tan ignorantes, que, además de que Castelar nada tuvo que ver con la II República, la bandera utilizada durante la I República no fue otra que la roja y gualda tradicional. ¡Vil profanación! ¡Viles bárbaros!

2 comentarios:

Samuel dijo...

Es que más atrás de la II República no hay Historia, señor Espantapájaros, debería usted de saberlo. No ha existido nunca, la han borrado de sus mentes por su propia voluntad o la del Gran Hermano, que a menudo se confunden. Horrendo sacrilegio, sin duda.

Es curioso comprobar que antes España tenía políticos, o mejor dicho, que el perfil de los políticos era algo más aproximado al prestigio, la oratoria, la moral, la defensa de la nación, el fomento de las artes y las letras, etc. Pocos de los de hoy podrían compararse con su admirado Cánovas, al que Clarín elogiaba por su amplísimos conocimientos -pese a ser liberal-, aunque de vez en cuando le echaba un rapapolvo. Vea tan sólo la prosa de los discursos de Zapatero, no hablemos ya de las pocas luces del personaje. Qué lejos estamos de aquellos años tan novelescos.

El Cerrajero dijo...

# Samuel, no sólo no hay Historia antes de la II Republicaca sino que es la única Historia oficial y válida en la Expaña de Rodríguez el Traidor.

Eso si, convenientemente reescrita para la ocasión.