Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, diciembre 03, 2006

LA RÉPLICA DE PÍO MOA

Todavía recuerdo cuando, en 2003, estaba leyendo Los mitos de la Guerra Civil, de Pío Moa. En esos días estudiaba por mi cuenta, dentro de mis límites, la Guerra Civil, y por fin daba con un autor diferente que exponía algo nuevo, muy lejos de los previsibles, manidos libros que ya había leído sobre el tema, la mayoría harto semejantes en esencia: los republicanos eran santos y los nacionales, demonios. De nada conocía a aquel historiador de curioso nombre, pero, aunque yo le concedía crédito y me reconfortaba descubrir su historia del conflicto, muchos se aprestaban a desprestigiarle. "Tan sólo es un facha", afirmaban unos. "Esto se lo ha inventado por completo, no tiene fuentes", agregaban otros. "Y encima fue terrorista", remataban todos. Mas, contra viento y marea—no exagero--, Moa salió adelante y ganó la partida.

¿La ganó en verdad? No me refiero a que haya vendido miles y miles de libros, que también, sino que sus obras, con ese revisionismo tan criticado, han abierto brecha en las murallas del gremio de historiadores de izquierdas que custodiaban todo el saber y la razón sobre la II República y la Guerra Civil, sumándose a este empeño, tan saludable como procedente (todo sea por el debate), otros historiadores. Lo cual ha puesto en serio apuro a sujetos como Preston, quienes, recurriendo a sus subalternos de siempre, han querido ahora realizar un ataque definitivo contra Moa en forma de libelo de quinientas páginas: Anti Moa, de Alberto Reig Tapia. No sé, sinceramente, qué me hace más gracia, si que Reig Tapia se crea Engels o que compare a Moa con Dühring. Supongo que lo primero, por penoso, es más divertido.

Pese a lo infame de su envite, agradezco a Reig Tapia y a su cicerone Preston que hayan alumbrado el libro en cuestión. Ha servido, en todo caso, para que Pío Moa contraataque con una memorable serie de artículos en Libertad Digital que recomiendo insistentemente, desde el primero al último. Estos escritos dejan a Reig Tapia y a sus pares en su sitio, porque quienes conozcan la obra de Moa saben que su pluma es acerada, certera, chispeante, pero que sus argumentos (y en sus libros, la nutrida documentación que incluye) lo son aún más.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo Espantapájaros.

A Pío Moa es un placer leerlo y escucharlo --no se calla ni una-- y ante su aplastante superioridad moral, ética, dialéctica y siempre lleno de recursos los otros tipejos como Preston y sus ladillas no dejan de ser motas de polvo que se lleva un huracán.

Nicholas Van Orton dijo...

¡Cuánta razón tienes, Espantapájaros! A la izquierda vividora de los viejos mitos establecidos per sé, la figura de Moa les ha roto todos los esquemas. Ha sido un torpedo centrado y en la línea de flotación. El pasado de Moa, como terrorista, les impide acusarle directamente de facha, derechista, fascista o «pesebrero».Por otro lado, todos se han lanzado a una feroz carga contra él; pero no pueden rebatir sus argumentos con documentación, y entonces utilizan la descalificación gratuita. Además, querido amigo, debemos tener presente que para entender la visceralidad de los ataques contra Moa primero hemos de aceptar que muchos historiadores, o pseudo, han vivido a costa de escribir lo que sabían que era correcto en España y para lo que existía un público rendido de antemano: Preston y su particular visión del Frente Popular o Gibson y su pesadez y agobio sobre Lorca. La izquierda española goza hablando de sus muertos, pero no le gusta que le recuerden sus crímenes; que también los hubo. En cuanto a que alguien publique bazofia en blanco sobre negro con el título de «anti» creo que ya lo dice todo. En fin, ya sabes cuál es la consigna: los nacionales gente muy mala que asesinaron, robaron y violaron a destajo, y los muertos en la zona republicana fallecieron por pulmonía, bronquitis mal curada o de puro asco.
Saludos.

VICTRIX dijo...

Espantapájaros, seguramente ya lo conozca usted, pero también es muy interesante el libro “40 preguntas fundamentales sobre la guerra civil” de Stanley G. Payne en el que también se da una visión del conflicto diferente a la versión oficial. Aquí tiene una entrevista recientemente publicada en Libertad Digital. Yo personalmente estoy de acuerdo con lo que comenta Van Orton y ya he manifestado este punto de vista en alguno de sus artículos publicados en Navarra Liberal. Creo que la gente no ha sabido o no ha querido ver que la zona republicana empezó a cambiar cuando se radicalizó, comenzaron las colectivizaciones de tierras, los incendios de iglesias, los asesinatos y los ajustes de cuentas entre diferentes facciones de la izquierda como se pudo ver con las Jornadas de Mayo de 1937. Se llegó incluso a hablar de un guerra civil dentro de la guerra civil.

Cualquier persona conoce las injusticias y los excesos que cometió el bando franquista, y nadie en su sano juicio las justificaría, pero no creo que sucediese nada diferente en el bando republicano. ¿Por qué apenas se habla de las checas y de los asesinatos de Paracuellos del Jarama? ¿Acaso los inocentes de un lado valían más que los inocentes del otro para que sean más recordados? Es como si esa parte de la historia no se quisiese reconocer y como si se pretendiese obviar que el bando republicano acabó desembocando en la anarquía más absoluta. Incluso la izquierda llegó a considerarse la legítima propietaria de la república, como si el republicanismo fuese incompatible con la derecha. El periodo del 31 al 39 ha sido el más complejo de la historia de España y los traumas y tópicos que generó todavía se dejan sentir en la actualidad.

Por cierto, resulta curioso que todos los estudiantes que en épocas escolares sintieron inquietud por temas históricos, políticos o económicos tuviesen que recurrir a estudiar estas materias por su cuenta ante el escaso rigor que mostraban los libros de texto.

Un saludo.

Samuel dijo...

Espantapájaros, me ha recordado usted, hablando de que Pío Moa estuvo en los GRAPO, un pequeño coloquio que hubo en la feria del libro de mi ciudad. Se presentaba un libro de Sánchez Dragó, y cómo no, hubo después un larguísimo turno de preguntas. Curiosamente, un articulista progre del periódico Información presentaba el libro, y cuando un joven le preguntó a Dragó qué opinaba de Pío Moa y su visión de la historia, estuvo un rato largo criticando la memoria histórica del gobierno socialista. Entonces, claro, saltó el otro con que Moa no es un hombre de fiar por haber sido terrorista.

Sánchez Dragó le respondió que "las personas cambian" y el hecho de que un comunista haya acabado siendo Pío Moa dice mucho de la transformación de la persona y que no es el mismo sujeto de antes. La leyenda popular que se cierne ante algunos historiadores es terriblemente vulgar, hasta el punto de que hay quien dice "no, a ese no hay que leerlo, ¿eh?". Qué desagradable es que le digan a uno eso. Pero conviene comparar unos con otros para mantener la buena salud intelectual.

El llamado "revisionismo" es una fórmula muy peyorativa de las típicas que inventa el socialismo. Igual que "las teorías conspirativas". Es como si toda la derecha conspiraran contra la única verdad existente y todos se equivocasen menos ellos. Particularmente, en la visión de la historia, les interesa mucho de tildar de "revisionistas" a los buenos historiadores. Como si fueran simples párvulos que investigan la historia, buscándole los tres pies al gato para que diga lo que ellos quieren. Siempre son otros "conspiradores" los que vienen detrás, nunca la versión oficial está equivocada. Curioso, muy curioso.

Un cordial saludo,

Samuel.

Drácula ye-ye dijo...

Me he quedado con las ganas de leer algo de usted sobre la Constitución ahora que hemos celebrado el día de su referéndum.

No sé si se admiten peticiones del público.

Un saludo, compañero de carrera.