Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, diciembre 17, 2006

DISRAELI

Uno de los mayores atractivos que encuentro en el siglo XIX es la amplia gama de políticos que llevaron a buen término graves asuntos, sentando en algunos casos bases que aún hoy siguen vigentes. Ya he dicho antes aquí que el ejercicio de comparar a los políticos del diecinueve con los del veintiuno es tarea bien penosa, porque la insignificancia de los segundos no puede oponerse a la magnitud de los primeros. En España, por su tragicómica trayectoria decimonónica, muchos grandes políticos se malbarataron, hundidos en la confusión de pronunciamientos, guerras civiles y cambios constitucionales. Cánovas reparó eso. Pero no hablaré esta vez de nuestro más insigne estadista, sino de otro hombre de Estado de igual importancia, uno de esos judíos geniales, eminente británico: Benjamin Disraeli.

Benjamin Disraeli (1804-1881), eximio escritor y extravagante conservador, publicó su primera novela, Vivian Grey, en 1826. Esta obra alcanzó relativa fama y es digna de leerse, siendo todo un volumen de cinismo e ironías exquisitas. Es curioso que, considerando que el protagonista, Vivian Grey, es Disraeli, pueda afirmarse que las desmedidas ambiciones de uno las acabó satisfaciendo el otro. Porque Disraeli llegó a ser la principal espada del Partido Conservador inglés y primer ministro por dos ocasiones (en 1868 y de 1874 a 1880). Además del dominio del canal de Suez y demás brillantes actuaciones encuadradas en el positivismo político del último cuarto del siglo XIX, su triunfo, el de consagrar una "paz con honor", fue limitar las peligrosas aspiraciones de Rusia en el Congreso de Berlín (1878).

Escribió otras novelas, como Sybil (1845), y ensayos políticos (Vindicación de la Constitución británica). Consiguió para su querida reina Victoria el título de emperatriz de la India, pues Disraeli era un orgulloso hombre del Imperio. Calificado como conservador radical, personifica el tipo de político, oportunista, pragmático, que busca el progreso en el orden, privativo de finales del siglo XIX. Y es que, como él mismo sostuvo, "el secreto del éxito en la vida del hombre consiste en estar dispuesto para aprovechar la ocasión que se le depare".

7 comentarios:

El Cerrajero dijo...

Hay que ver lo que se aprende cuando uno no está toda la noche de parranda xD

El Cerrajero dijo...

Por petición popular Etiquetas entradas antiguas, pings y Blogger Beta xD

Samuel dijo...

Me parece curioso que sienta usted esa admiración por los políticos conservadores y es un gesto que ya lo caracteriza como el pequeño Cánovas de la red. Benjamin Disraeli, al que no he tenido tiempo de leer, es de los más sonados políticos ingleses del siglo XIX, aunque si le soy sincero yo siento predilección por Chateaubriand, que fue romántico y político, además de un gran escritor y de ideas monárquicas.

Con respecto a lo que nos escribe del personaje, no cabe duda de que aunque fuera lo que se dice un hombre de mundo y de corte aristocrático, al ser judío necesitaba de audacia para medrar y superar las presiones de sus adversarios políticos. Es una labor que hay que reconocer de estos "judíos geniales".

Un cordial saludo,

Samuel.

Nicholas Van Orton dijo...

Hoy no opino. Simplemente quería desearte Feliz Navidad.
Saludos

HartosdeZPorky dijo...

Feliz Navidad

VICTRIX dijo...

Espantapájaros, disculpe usted el retraso pero en esta última semana, y como consecuencia de la fecha en que nos encontramos, he tenido que atender algunos asuntos académicos y familiares. Al igual que le sucede a Samuel siempre me ha llamado la atención su admiración por Cánovas, y no porque no le considere digno de admiración, sino porque es usted la única persona de cuantas conozco que demuestra tal interés por este personaje.

Lo que está claro es que “comparar a los políticos del diecinueve con los del veintiuno es tarea bien penosa” pero no debe sorprendernos ya que actualmente la vocación política ha desaparecido y la mayoría de las personas que militan en los partidos políticos lo hacen para obtener un buen puesto que les proporcione una generosa cantidad de dinero por no hacer nada.

Un claro ejemplo de esto lo encontramos con las típicas estampas de las Cortes vacías como ya sucedió con la Ley de reproducción asistida, que pudo ser enmendada por el PP en el Senado el mismo día que la votación coincidió con la retransmisión de un partido del Barcelona.

No sé si será usted de la misma opinión, pero yo creo que la diferencia de preparación entre los políticos británicos y españoles no ha hecho sino incrementarse desde el siglo XIX. Eso demuestra que la cultura democrática de ambos países no es comparable. Es la diferencia entre un país serío y uno de trampa y picaresca.

Un saludo.

Anónimo dijo...

Mira si eres imbécil que tienes un en lace que se llama edit-me.