Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, mayo 21, 2006

MANIFIESTO DERECHISTA

Un fantasma recorre España: el fantasma de la derecha. Todas las fuerzas de la vieja izquierda se han unido en profana cruzada para cazar a este fantasma: el anarquismo y el comunismo, Zapatero e Iñaki Gabilondo, los republicanos radicales y los policías nacionales. ¿Qué partido de oposición no ha sido tildado de derechista por sus adversarios en el poder? ¿Qué partido de oposición, a su vez, no ha lanzado, tanto a los representantes de la oposición más avanzados, como a sus enemigos reaccionarios, el epíteto zahiriente de derechista? De este hecho se desprenden dos cosas: que el derechismo está ya reconocido como una fuerza por todas las potencias de la izquierda; que ya es hora de que los derechistas expongan a la faz del mundo sus conceptos, sus objetivos y sus tendencias.

Ya ven que he parodiado el Manifiesto comunista de Karl Marx y Friedrich Engels para describir, dramatizando un tanto (mero recurso expresionista), la posición actual de la derecha, de lo conservador, en España. Desde el agitado final de la era Aznar (que algunos calificarán de ominosa) se ha venido demonizando la derecha, unas veces mediante datos reales, otras mediante datos ficticios: dinero a mansalva, desastres ecológicos, bodas, franquistas y golpes de Estado nocturnos, han acabado por dejar la derecha, mal representada en la figura de la gaviota del PP, a la altura del mismísimo Lucifer, encarnado éste por Aznar, con Rajoy como demonio posesor y con Acebes y Zaplana de diablillos maléficos y embaucadores. Hubo un momento en aquel marzo del 2004 en que, de haberse alguien manifestado a favor del PP en la calle, habría sido linchado.

Doy por seguro que la izquierda se habrá visto en situaciones parecidas, o incluso peores. Pero entonces se defendió encarnizadamente para salir adelante y hacer frente a los dardos envenenados de sus rivales. Es por ello que no debe resultar extraño que el PP, o los que no somos del PP pero gastamos una ideología más o menos conservadora, nos pongamos cual gato panza arriba y demos certeros zarpazos. Es lo justo, porque no consentiremos acabar como un fantasma débil y acosado que se avergüenza de sí mismo. Nunca.

1 comentario:

Santi Ausente dijo...

Sobre el artículo, tan sólo decir que esos prejuicios sobre la derecha en España se deben a que es la ganadora del sistema aquí y en el mundo. El romanticismo de los perdedores es siempre más popular, pero queda en eso, en perdedores.

Quizá si nos fuéramos al Este de Europa, los prejuicios sean para la izquierda, por razones obvias.

P.D. Gran elección el enlace de don Arcadi