Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, mayo 14, 2006

FAMOSOS, FAMOSOS, FAMOSOS

Este país al que tanto amo y desprecio a la vez, idolatra demasiado a sus famosos, y ésa es una de las razones de su irremisible perdición y decadencia. Revistas y programas de televisión se prodigan, en exclusivas, entrevistas y tertulias, en contar historias de estos personajes, en mostrar a la gente un modelo a imitar, una meta a alcanzar o un dios a quien adorar todas las semanas en su punto de venta habitual. Es sorprendente ver cómo las personas normales y corrientes se interesan hasta límites insospechados en conocer la vida y milagros de un centenar de idiotas horteras e iletrados, surgidos de familias polémicas, de actividades de escasa capacidad intelectual o de aberrantes concursos de televisión. España va mal postrada ante gentuza de esa calaña, peor incluso que nuestros políticos, los cuales al menos tienen estudios y carreras en su haber.

Evidentemente, hay dos clases de famosos: los que son famosos y, aparte, son escritores, cineastas, músicos, etcétera; y los que sólo son famosos (aunque parezca que sean otra cosa). A estos últimos dirijo mis iras: primero, por su hipócrita actitud ante las cámaras, ésa que les dicta renegar de ellas pero también beneficiarse de las mismas; segundo, porque parece ser que son mejores ciudadanos que yo o que cualquier otro hijo de vecino. O más que mejores, que tienen ciertos privilegios. Me refiero a Farruquito (vulgar asesino), a Julián Muñoz (vulgar prevaricador), a Jesulín de Ubrique (vulgar fanfarrón). O a la enferma artista Rocío Jurado, quien, a diferencia de cuando trasladaron a mi abuela al hospital por las mismas causas, fue escoltada hasta éste por vehículos de la Guardia Civil, como si la seguridad ciudadana estuviese ya cubierta.

Pero pese a ello, pese a ser obvio que viven de su veneración, el vulgo prefiere olvidarse de su propia vida - que es hueca, aburrida y tonta- y fijarse en la de ellos, en la de nuestros patéticos famosos, la que por inmoral y sucia atrae más, cual heces que hipnotizan a las estúpidas moscas. Y como estos famosos son sujetos que brillan por lo zafio, por lo indecente y por lo ignorante, y como la gente gusta de imitarlos en lo posible, así vamos. Y España va mal, oigan.

No hay comentarios: