Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







viernes, mayo 12, 2006

CARTA DE BIENVENIDA

A las señoritas y a los caballeros que lean estas líneas, he de darles la bienvenida. Una bienvenida que les doy con todo mi escaso afecto, pero también me han de dar la bienvenida a mí, que soy nuevo por aquí. Pero no inexperto. Ni mucho menos, pues es costumbre mía manejarme en estos ámbitos y es placer también mío el escribir, ya sean relatos cortos o artículos. Desde hace casi un año tengo un blog en un espacio de Msn, en la dirección que aparece en la esquina superior derecha. Digamos que la cosa no ha ido mal, sino razonablemente bien, y les invito a pasarse por allí a disfrutar de todo lo publicado, si es que es de su gusto, claro. Hoy he decidido trasladarme, por parecerme éste un espacio más decente y puro, lejos de la perniciosa influencia del Msn, un nefasto invento, corruptor de una sociedad de por sí corrupta.

¿Y qué les puedo ofrecer yo entre tantos y tantos blogs interesantes que saturan la llamada "blogosfera"? Yo mismo estoy irremediablemente enganchado a tres o cuatro. No soy más que uno entre mil, y es difícil diferenciarse y hacerse un hueco en sus mentes (lo prefiero a hacerlo en sus corazones), lograr que pierdan cinco minutos leyendo un escrito o, lejos de eso, lograr tan sólo que dejen una mera visita. Ni hablemos de los comentarios. Así que, ¿qué puedo hacer? Pues les voy a ofrecer mis artículos críticos y, como no, cínicos, y, en principio, no debería pasar mucho tiempo hasta que esté en condiciones de empezar a publicar por este medio una suerte de relato de folletín que es bastante gracioso. Cuando menos.

Con todo, quiero invitarles, lisa y llanamente, a que visiten y prueben este espacio, a que lo caten en las próximas semanas y a que lo que degusten con calma. No hay ni grandes pretensiones ni delirios de grandeza. Mi única intención es que disfruten ustedes y que disfrute igualmente yo. Si el asunto no tiene éxito, siempre puedo remitirme al maestro Diógenes y a una de sus conocidas y múltiples anécdota acaecida en unos Juegos Olímpicos, en Atenas, donde un pobre arquero no daba pie con bola, incapaz de poner la flecha en el lugar que ponía el ojo. Diógenes, al cabo, fue a sentarse junto a la diana donde tenía que acertar el desafortunado tirador. Cuando le previnieron del peligro que suponía quedarse allí, éste respondió: "Es el único lugar del estadio donde me siento seguro".

Sí, la anécdota ha sido del todo gratuita y no tenía nada que ver con el tema del que estaba hablando, pero alguna historia de Diógenes el Cínico tenía que meter, más o menos para hacer honor al nombre de este blog.

Un saludo y gracias por su tiempo,

Fdo.: El Espantapájaros.

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